Juan Antonio Guerra: «Hemos trabajado para que las pacientes con cáncer de mama no sean las segundas víctimas de la COVID»
Foto: | Hospital Universitario de Fuenlabrada

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Juan Antonio Guerra: «Hemos trabajado para que las pacientes con cáncer de mama no sean las segundas víctimas de la COVID»

"Ninguna paciente con cáncer de mama ha fallecido por coronavirus en nuestro hospital"

por Lidia Ramírez

El cáncer de mama es el tumor más frecuente en las mujeres occidentales. En España, en 2019, se diagnostican 33.307 nuevos cánceres de mama, según datos aportados por la Asociación Española Contra el Cáncer (AECC). Con un diagnóstico precoz, tiene una tasa de supervivencia a cinco años superior al 90%, es decir, que más de 90 de cada 100 personas que padecen cáncer de mama continúan vivas cinco años después de haber sido diagnosticadas.

Los avances y las investigaciones han mejorado la capacidad de atención y las mejoras en los tratamientos han demostrado su eficacia. Esto es, lo que hace poco años podía suponer una sentencia de muerte, hoy puede combatirse poniendo el foco, eso sí, en los programas de detección precoz y en los hábitos de vida; y es que aunque una de cada ocho mujeres tendrá cáncer de mama a lo largo de su vida, solo un 48% asegura hacerse la revisión ginecológica anual recomendada, informa la AECC.

La llegada del coronavirus ha cambiado la forma de ejercer la medicina y de prestar atención durante esta crisis. Los profesionales han tenido que valorar en todo momento qué actuaciones son urgentes y cuáles se pueden demorar, un desconcierto más para estas luchadoras a las que se les suma una nueva batalla.

Hablamos sobre ello con Juan Antonio Guerra Martínez, jefe de Oncología Médica del Hospital Universitario de Fuenlabrada (HUF), centro pionero en el estudio de los efectos secundarios derivados de la inmunoterapia. Además, el HUF también ha puesto en marcha el proyecto InnovaHONCO, una iniciativa que tiene como objetivo buscar el bienestar de estos pacientes facilitándoles protocolos, recomendaciones y otras líneas de actuación para atender de forma eficaz y eficiente los problemas físico-psico-sociales más prevalentes en las personas con este tipo de enfermedades. Puedes leer más acerca de InnovaHONCO aquí.
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Fibras de estrés y microtúbulos en células de cáncer de mama humano. | Imagen: Instituto Nacional Contra el Cáncer

¿Qué riesgo adicional tienen las mujeres con cáncer de mama frente a la COVID-19? ¿Se han recomendado pautas especiales para este tipo de pacientes?

Antes de nada, tenemos que diferenciar entre dos tipos de pacientes. Las pacientes con tratamiento activo y las que ya habían tenido cáncer de mama en el pasado. En las que ya habían pasado el cáncer de mama no hemos visto que por el hecho de haber tenido cáncer su pronóstico e incluso el riesgo de contagio haya sido peor. Por el contrario, lo que sí que hemos visto es que ninguna paciente con cáncer de mama falleció por coronavirus y ninguna tuvo más complicaciones.
En cuanto a las pacientes con tratamiento activo, asumíamos que si estaban en un momento de bajada de defensas la infección podría ser más grave, entonces lo que se intentó por todos los medios y se trabajó además con una convención internacional es hacer pequeñas variaciones en los tratamientos para evitar periodos prolongados en la bajada de defensas, y la sensación con otros servicios de oncología es que el riesgo ha sido mínimo para estas pacientes.

¿Dispone de algún dato o impresión de lo que está siendo el impacto de la pandemia en las mujeres con cáncer de mama? 

Nuestros cálculos fueron que el 1% de los pacientes con coronavirus fueron pacientes con antecedentes con cáncer de mama. Un riesgo bajo. Además, yo también creo que la población con cáncer se protegió mucho en los primeros meses de la pandemia, es gente muy consciente de su salud, hizo bien las medidas de protección y se arriesgaron menos.

En situación de pandemia, ¿cómo se ha gestionado la humanización de los pacientes oncológicos? 

Lo que intentamos, sobre todo, es que los pacientes se sintieran seguros cuando vinieran al hospital, modificamos las salas de espera para evitar aglomeraciones, modificamos los horarios de tratamientos, en algunos casos para evitar la acumulación de pacientes lo que hacíamos es que muchos pacientes se hacían la extracción de sangre el día anterior de forma que ya volvían al día siguiente para la hora en concreto de su tratamiento. En muchos casos, para evitarles esperas en el hospital, nos comunicábamos con ellos a través de SMS, y con los pacientes de revisiones lo que intentábamos es que en la medida que podíamos evitábamos la consulta física en el hospital, hacíamos la consulta por teléfono e incluso por videollamada.
«Ninguna paciente con cáncer de mama ha fallecido por coronavirus en nuestro hospital»

El presidente de la AECC, Ramón Reyes, ha expresado su preocupación por haber sido «relegados» los enfermos de cáncer ante los de la COVID. ¿Cuál es su opinión al respecto? ¿Podría pasar lo mismo en la segunda ola de la pandemia? 

Cuando nos encontramos con este problema lo que se intentó por todos los medios es que los pacientes crónicos no tuvieran ningún problema con su tratamiento. Se trabajó para que no fueran las segundas víctimas de la COVID, y de hecho en los servicios de oncología asumimos pacientes con sospecha de padecer un tumor desde el principio e incluso empezamos tratamientos en fases muy precoces de la enfermedad para que no hubiera ningún menoscabo en la supervivencia. No hemos visto que ningún paciente de los que ya estaban diagnosticados y ya estábamos tratando tuviera problemas. Los tratamientos se han seguido poniendo, hemos hecho muchas PCR previas a los tratamientos para que ningún paciente enfermo de coronavirus tuviera ningún problema. Hemos trabajado muchísimo para que no hubiera ningún inconveniente.

Pero sí que ha habido miedo en muchos pacientes a la hora de acudir a centros hospitalarios…

Sí. Pero son personas que se ha protegido muchísimo. Son muy conscientes de su salud y del riesgo que podía suponer ir al hospital, y lo primero que había que hacer era asegurarles que durante la estancia en el hospital el riesgo era mínimo. Por ello tuvimos las salas de espera más vacías, que los pacientes llegaran con su hora, que cuando llegaran a la consulta hubiera distancia entre pacientes y especialistas, que todos hiciésemos un estricto protocolo de lavado de manos y de uso de mascarilla, que estuvieran solos en los sitios de tratamiento, que acudieran sin su familia, etc. Todo esto para evitar problemas y riesgos de contagios.
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Comisión Cáncer de Mama HUF. | Imagen cedida por el Hospital Universitario de Fuenlabrada

¿No se puede decir, entonces, que el virus esté afectando a la demora del diagnostico?

Es que nosotros hemos trabajado para lo contrario, para que no ocurra eso. Se ha trabajado para que los pacientes, a pesar de todo, sigan teniendo su diagnóstico y sus tratamientos en condiciones.

¿Cómo ha cambiado el escenario del cáncer de mama en los últimos 10 años? ¿Cuáles han sido los avances más significativos? 

La supervivencia del cáncer de mama ha mejorado mucho en los últimos años. Ahora ya estamos próximos a un 90%. Lo que hemos mejorado sobre todo son las técnicas de diagnostico precoz, el conocer cuál es realmente la naturaleza del tumor casi independientemente del tamaño, porque se puede asociar que un tumor pequeño diagnosticado a tiempo va a tener siempre buen pronóstico, y no siempre es cierto. Conseguimos hacer análisis moleculares de los tumores, de forma que aunque un tumor sea pequeño y aparentemente de bajo riesgo, asegurarnos que genéticamente y moleculármente es un tumor de buen pronóstico, es decir, seleccionar bien los tumores para aplicar el tratamiento más correcto. Y eso ha sido un gran avance y supone que si el diagnóstico precoz está bien hecho y encima somos capaces de hacer un buen análisis molecular del tumor podemos administrar el tratamiento que requiere la paciente, que no siempre quiere decir que haya que administrar quimioterapia, que eso también es una ventaja. Cada vez administramos menos tratamientos de quimioterapia en fases precoces y utilizamos tratamientos  de hormonoterapia que son quizá más adecuados para pacientes que realmente tienen menos riesgo. Esto es más cómodo para las pacientes, es más llevadero y tiene muchos menos efectos secundarios, sobre todo, porque la paciente recibe el tratamiento que necesita. Eso ha sido un gran avance y hace que las pacientes tengan menos recaídas.
Juan Antonio Guerra: "Hemos trabajado para que las pacientes con cáncer de mama no sean las segundas víctimas de la COVID"

Paciente en tratamiento contra el cáncer con Cobalt 60. 1951. | Imagen: Instituto Nacional Contra el Cáncer

Luego, en las situaciones en las que se recae, sí que estamos consiguiendo tratamientos mucho menos tóxicos que hacen que la paciente pueda estar un periodo muy largo de tiempo sin recibir quimioterapia, recibiendo tratamientos muy sofisticados, con poca toxicidad, muy cómodos porque normalmente son por vía oral, y consiguen retrasar hasta en dos o tres años la utilización de quimioterapia. Entonces, hoy por hoy, una paciente con recaída puede tener por delante muchos años de supervivencia haciendo las cosas bien.
En cuanto a la utilización de la inmunoterapia, en la que nuestro hospital ha sido pionero en el control de efectos secundarios, es un tratamiento que mejora la respuesta inmunológica del paciente para que su sistema inmune sea el que luche contra el tumor. Y en eso se está consiguiendo también muchos más avances, y esa terapia la hemos empezado a utilizar apenas hace dos años. La ventaja de esos tratamientos la iremos viendo en los próximos años. Siempre estamos encontrando mejoras que suponen mejor supervivencia, mejor diagnóstico, mejor tratamiento y menos toxicidad de los tratamientos.
El 1% de los pacientes con coronavirus fueron pacientes con antecedentes con cáncer de mama, un riesgo bajo

Y actualmente, ¿en qué dirección está yendo la investigación? 

Está precisamente en la inmunoterapia. Una de las dudas que siempre se ha tenido en el cáncer es por qué una situación como el cáncer, que en el fondo es algo ajeno creciendo en el organismo de una persona, el sistema inmune no reaccionaba y luchaba contra él. Ya sabemos cuál es la clave, el sistema inmune no reconoce al tumor, pero con los tratamientos de inmunoterapia se permite que el sistema inmune pueda reaccionar frente al tumor. Y esa es una de las grandes líneas de investigación.
Otras de las líneas es cuál es el origen del cáncer, que en el fondo es algo que hace que las células se reproduzcan de forma desordenada y adquieran la capacidad de emigrar por el cuerpo, y qué alteración se produce en esas células para que ocurra eso. Ya estamos encontrando diferentes mecanismos que se alteran en la célula y hay fármacos que son capaces de hacer que ese mecanismo alterado se vuelva a normalizar. Ahora empezamos a entender un poco mejor cuál es el problema que hace que las células se reproduzcan de forma alterada. Si conseguimos encontrar cuál es el paso celular que está alterado y un fármaco que lo controle podremos cronificar muchos los procesos, y pacientes con enfermedad metastásica podrán sobrevivir muchos años con medicaciones sencillas y poco tóxicas que tomándolas de forma continuada harán que se restablezca ese equilibrio celular.

¿Podremos llegar a eliminarlo en un futuro y que sea curable 100%? 

Eso sería lo que nos gustaría a todos. Lo que pasa que todavía creemos que probablemente no se pueda evitar el desarrollo de un tumor, pero lo que sí podemos conseguir es que desde el principio consigamos que esa alteración molecular pueda ser controlada y al menos el paciente se pueda mantener a lo largo de toda su vida, por ejemplo, como un diabético, que está recibiendo insulina, o un hipertenso, que está recibiendo un fármaco. Es decir, controlar la enfermedad. Y aunque al paciente no le podamos decir que no se ha curado, sí decirle que la enfermedad está controlada y que el cáncer no acabará con su vida.

Además del diagnóstico precoz, ¿podemos «prevenir» el cáncer?

Claro que sí. Pero eso es bastante más sencillo de lo que parece. Hay cuestiones que no podremos cambiar nunca, que son nuestras alteraciones genéticas. Cada uno nace con unos genes que pueden tener unas alteraciones que pueden ser heredadas y esas son las que se van a poner a lo largo de nuestra vida y harán que tengamos diabetes, que seamos obesos, hipertensos o que desarrollemos un determinado tipo de cáncer. Pero sí podemos ayudar a nuestros genes con un estilo de vida adecuado, como no fumar, hacer ejercicio, controlar nuestra dieta, no exponernos al sol de forma inadecuada y llevar una buena alimentación. Sabemos que un mal estilo de vida puede hacer que nuestros genes se alteren. Si tenemos un gen alterado sobre el que encima incidimos con un factor externo, como por ejemplo podría ser el tabaco, tenemos muchas más posibilidades de desarrollar un  tumor de pulmón.
Lidia Ramírez

De la tierra de los cinco Califas. Tras años viviendo en directo en la pequeña pantalla, ahora escribo sobre cambio climático y derechos humanos en The Objective. Siempre a compás.