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Juan Tallón: “Hay partes del mundo que solo se pueden conocer bien a través de la ficción”

Foto: Pablo Araba | Espasa

La portada de Salvaje Oeste (Espasa, 2018), de Juan Tallón, ilustra un maletín en el que se encuentra un banco, al lado lo que pudiese ser un martini y en el fondo un rascacielos. Es una postal perfecta para relatar la historia, esa vibración que desprende la novela: una generación de políticos y empresarios que hace un alunizaje, que llega al poder por primera vez y se aprovecha muy bien de ello.

La corrupción y las ansias de poder son el tema central de esta novela, que comienza desde un palco del Real Madrid -aunque podría ser en cualquier otro estadio­‒ con personajes que casi podríamos imaginar que están en la realidad, pero que la novela va desdibujando desde la ficción.

Salvaje Oeste es el auge, crecimiento y caída de una élite política, económica y periodística, una trama de 14 años sobre la adicción al poder, donde el hilo narrativo que los une a todos es quizás la debilidad tanto por la cocaína como por la corrupción; “unos seres muy comunes, que viven su cotidianidad de una forma muy distinta”, según afirma Tallón.

 

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Portada de “Salvaje Oeste” | Imagen vía Editorial Espasa

Es un libro gordo, de 600 páginas…

Sí, ha sido más gordo de lo que hay ahora pero por suerte escribir también es borrar. En el proceso de reescritura el libro ha perdido doscientas páginas, yo creo que cortar siempre es bueno, pero hay un punto en que no puedes cortar sin herir.

 

¿A ti mismo?

No, a la historia o a los personajes, pero la historia lo demanda porque son muchos personajes; es una novela muy coral y que abarca un tiempo narrativo muy amplio, si lo comparamos con el tipo de historias que yo había novelado hasta ahora, que transcurrían en ocasiones en unas pocas horas o en pocas semanas o meses, pero de pronto 14 años para mí eran un gran desafío, porque los personajes deben evolucionar intensamente y propiciar esa evolución era uno de los retos que se me planteaba.

 

Hay un cambio de registro que rompe con las temáticas que venías trabajando en tus anteriores novelas. ¿Por qué elegiste hablar de política y poder en este libro?

Yo solo soy capaz de atribuirlo a la situación en la que he estado viviendo o que ha estado viviendo toda la sociedad española en los últimos años, donde la realidad ha sido tan impactante sobre nuestras vidas, que en mi caso, esa realidad, también llamada actualidad, se ha convertido en un tema de potencialidad literaria. En una entrevista que di hace algunos años, me preguntaron si creía que se escribiría una novela sobre la corrupción, un tema que comenzó hacer ebullición hace algunos años y que continua en la actualidad, y esa reiteración del tema en la naturaleza de esta sociedad ha acabado infiltrándose como tema literario. Al periodista le comenté que esa novela saldría y añadí en broma que quizás la escribiese yo; año medio después empecé a escribirla, lo cual sugiere que hay que tener cuidado con las bromas que haces. Trabajar con un tema de tanta actualidad no me resultaba demasiado tentador pero ya no podría controlar lo que era tentador y planteé la historia poniendo el foco sobre una época, recreando a muchos personajes protagonistas en pie de igualdad, pero que el foco fuera la época en la que esos personajes desarrollaban sus ambiciones y sus vidas personales y profesionales.

 

¿Cuál fue el detonante para escribir sobre la corrupción en España? Viste una noticia, un hecho en concreto, ¿qué detonó escribir sobre este tema?

No fue tanto un hecho como una dinámica del poder en el que, de pronto, sus partes, el poder político, judicial, periodístico se unían para generar un interés común en el que conseguir más poder e influencia y prolongar está en el tiempo; eso era lo que yo quería retratar, cómo se llega a el poder, cómo se conserva el poder y quizás más adelante cómo se pierde el poder. El detonante es cómo el poder empezó a extenderse en este país generando sinergias entre sus distintos elementos, el económico, el político y finalmente, el periodístico.

 

Aunque aclaras que es una novela de ficción, hay muchos personajes que son claramente muy parecidos a personas reales dentro del poder en España. ¿Cómo escribiste la novela sin pensar que esto podría convertirse en un libro censurado?

Cada personaje es una huida de las personas susceptibles de confundirse con ese personaje. Hay momentos en que uno puede, como lector, tener claro quién está detrás de ese personaje, pero como autor, cuando esa sospecha comenzaba a hacerse demasiado evidente, en ese momento se producía una huida, y como autor ibas moldeando un personaje contra su correlato real. Se trata de desfigurar, de enmascarar características de ese personaje que haga pensar en su correspondiente persona fuera de la novela. Yo creo que cualquier hipótesis que un lector pueda hacer sobre uno de los personajes de mi novela, al principio, cuando piensas “uy, creo que es este”, más adelante hay un ejercicio por parte del autor para tumbar esas hipótesis, es una pelea constante en estar en la actualidad y enseguida escapar de la actualidad. Yo quería escribir una novela sobre una época intemporal, no hay referentes temporales en la novela, no hay año, la idea es que se pueda leer dentro mucho tiempo y no se tenga la sensación de que son años pasados, sino que no ha cambiado nada, porque en esencia los países no cambian demasiado.

 

¿El libro fue escrito desde el palco de un estadio o desde afuera del estadio del Real Madrid?

El libro fue escrito desde arriba, desde donde hay una perspectiva privilegiada, desde los ángulos oscuros; es una novela escrita sin techos, que quiere retratar el poder cuando nadie está viendo cómo actúa realmente el poder. El propósito es entrar en la intimidad del poder y ver cómo se desenvuelve en esos espacios en los que el poder es secreto; las élites son por definición inaccesibles y, claro, el ejercicio de la novela es acceder a la vida doméstica de esos poderosos y el modo de hacerlo es inventándolo. Hay partes del mundo que solo se puede conocer bien a través de la ficción.

Juan Tallón: “Hay partes del mundo que solo se puede conocer bien a través de la ficción”

Juan Tallón | Fotografía Pablo Araba / Editorial Espasa

El final del libro plantea el ocaso del poder. ¿Es un final esperanzador en tiempos donde un lector contemporáneo ha perdido la fe en la política y en las instituciones?

Es un final abierto, no contado y sobre los finales no contados podemos estar discutiendo toda la vida. Está claramente premeditado que la novela finalice así, generando las condiciones para que se alberguen esperanzas sobre la regeneración de un país, pero también dejando un margen para que la gente no sea ingenua y no vaya a pensar que al final puede haber esperanza en este país.

 

¿Es un final en el que juegas con el lector para que se involucre con el libro?

Sí, hay elementos que le permiten pensar que esto puede acabar bien, pero leída con detenimiento y viendo la seguridad que tienen en sí mismos algunos de los poderosos que forman parte de ella, hay motivos para ser escépticos. Hay varios momentos en los que el personaje del presidente Alvarellos tiene una gran confianza en que no importa lo deteriorado que esté su gobierno, él conoce perfectamente el comportamiento electoral de su país y sabe que con tiempo para ejercitar la desmemoria y tender cortinas de humo, no habrá penalización electoral, y creo que esa es una experiencia que todos hemos vivido en España durante muchos años. Sí, estamos muy indignados ante las cosas que nos ha tocado ver con nuestros propios ojos, pero esa indignación no ha sido suficiente para penalizar a los gobiernos corruptos y a los partidos corruptos, ni los corruptores de esos partidos que hemos tenido.

¿Es una erótica del poder la que nos engaña a todos siempre?

Los personajes de la novela están fascinados con lo que permite hacer el poder que atesoran, es esa clase de poder que no le pesa la responsabilidad de tener en su mano el destino de un país; creo que no piensan en esa clave, sino en lo seductor que es tener la capacidad de hacer cosas imposibles con un solo dedo, es casi magia, y la sensación de crear esos efectos mágicos, sí, es casi erótica. Puedo hacerlo todo, puedo hacer cualquier cosa, en especial aquello que es imposible de hacer y pasármelo bien, y sin que tenga un precio para mí el cómo voy hacer todo eso. La impunidad ronda toda la novela. Nada arbitrario penaliza a los ejecutores. No tienen la sensación de ser arbitrarios, de ser corruptos.

No hay duda…

No, no tienen demasiado contacto con ese mundo en el que sí se penalizan sus decisiones. Comparten atmósfera con la sociedad a la que gobiernan pero su realidad es distinta. El principio de la novela es muy metafórico de lo que va a venir después; cuando arranca la novela, en un estudio de fútbol, donde comparten espacio las élites con los espectadores, pero por otra parte, son dos mundos que casi no tienen contacto, son dos realidades sumergidas en un mismo hábitat pero no hay comunicación, no se ven la una a la otra.

***

Salvaje Oeste es un ejercicio literario que Juan Tallón escribió a puerta cerrada para que perdurara en el tiempo; una ficción que devela la línea fina donde el deseo de poder puede tentar a cualquiera, hasta los moralmente superiores. Un ejercicio de escritura que solo un aficionado del Atlético de Madrid puede escribir para desnudar a las elites que se reúnen en el estadio del equipo contrario en un palco donde se pactan los desintereses de una nación

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