Julien Temple: «No hay nada mejor que ir a un concierto»
Foto: Gonzalo García Ramírez| Bajo Licencia CC BY 2.0

Cultura

Julien Temple: «No hay nada mejor que ir a un concierto»

Conversamos con el gran 'rockumentalista' acerca de su nuevo film: 'Crock of Gold: bebiendo con Shane MacGowan'

por Begoña Donat

Julien Temple (Kensington, 1952) es un director bregado en mil batallas punk. Este especialista y pionero del género rockumental empezó a filmar a los Sex Pistols antes de que hicieran saltar los plomos del Reino Unido y, por extensión, del mundo. Johnny Rotten y acólitos maltrataban micro e instrumentos frente a su cámara, igualmente bisoña e indómita. En su larga trayectoria figuran emblemáticos documentales musicales como The Great Rock ‘n’ Roll Swindle (1980), La mugre y la furia (2000) y Joe Strummer: Vida y muerte de un cantante (2007), así como videoclips para Neil Young, Tom Petty, Blur, David Bowie, The Rolling Stones, Iggy Pop, The Kinks, Sade y Depeche Mode. 

Entre el público que le acompañaba durante la eclosión del movimiento punk estaba un jovencísimo Shane MacGowan, quien con el tiempo se convirtió en un cruzado de la música irlandesa como vocalista y compositor de The Pogues. A su genialidad de combinar el punk con el folklore de la tierra de sus ancestros se sumaron los desfases y el uso y abuso de las drogas y el alcohol. 

Ni Temple, con todos sus galones, ha conseguido domesticarle para el documental que estrena este viernes, Crock of Gold: bebiendo con Shane MacGowan. De hecho, el primer intercambio que mantuvo con el director fue instarle a que se largara. El curtido realizador, lejos de amilanarse, recurrió a su propio archivo audiovisual, a entrevistas a familia y allegados del autor de Fairytale of New York y a las casetes de los periodistas que en el pasado ya habían lidiado con su mercúrico temperamento. 

La película, ganadora del Premio Especial del Jurado en San Sebastián, ha sido producida por Johnny Depp, y retrata a un artista para el que la música ha sido una cruzada personal, y la insolencia, una imperecedera actitud vital.

Shane MacGowan aparece entre el público en tus grabaciones de los primeros conciertos de Sex Pistols. ¿Fue algo casual o ya le augurabas un papel relevante en el movimiento punk?

Pensé que iba a ser famoso, porque estaba convencido de que todos los punks iban a serlo. Cuando empecé a filmar a los Sex Pistols había personas con carisma, como Billy Idol y Siouxsie, pero el objetivo de tu cámara se movía hacia Shane, porque era especial. Era un fan absoluto, estaba tan metido como Sid Vicious. Era un punk callejero que trataba de ocultar que había ido a la elitista escuela de Westminster.

¿Le augurabas una carrera musical de tal calado?

Cuando oí las canciones que estaba escribiendo, me quedé muy sorprendido, porque no tenían nada que ver con el chico que filmé. Sus letras eran geniales. Mantenía la actitud punk, pero lo insuflaba a la música y la literatura tradicionales irlandesas. Tomó el testigo de James Joyce, que era una suerte de punk por su forma de utilizar el lenguaje y amalgamar palabras que no deberían ir juntas, y de Flann O’Brien, que tenía un sentido del humor negro también bastante punk.

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Shane MacGowan, Victoria MacGowan y Johnny Depp. | Foto: Greg Williams | Cedida por la productora.

¿Con qué ánimo encaraste el documental después de recibir sus improperios?

La relación con MacGowan consistió básicamente en mantener el pico cerrado y aceptar el castigo. Es una mezcla extraña de muchas cosas: puede ser un cabronazo muy desagradable, pero también un tipo muy dulce. 

¿Sabes qué opinión tiene del resultado?

La ha visto. A regañadientes, pero sin entusiasmo, ha reconocido que le parece una buena película, lo cual es una alegría, porque pensaba que la odiaría. Aunque tampoco hubiera pasado nada. Tuvimos problemas, no le gusta que la gente le diga lo que tiene que hacer. Si le pedía que se moviera un poco, para tener un mejor ángulo de cámara, me respondía que te jodan. Y cuando estás rodando la película no quieres que tu protagonista se marche, así que tuve que ser muy prudente. Tuvimos problemas, pero si le ha gustado, ya es bastante para mí. Y si no, ya sabe dónde vivo.

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Shane junto a un grupo de posters de Pogues. Foto: Andrew Caitlin. | Cedida por la productora.

¿Podríamos afirmar que la película se ha rodado a pesar de Shane MacGowan?

En parte, sí. Lo primero que hizo cuando nos encontramos fue gruñirme y decirme que me pirara. Desde luego, ha sido más duro que otras películas que he hecho. A veces era imposible trabajar con él, pero cuando decidí recurrir a extractos de audio, todo cobró sentido. Pasamos mucho tiempo rastreando a periodistas que lo habían entrevistado en el pasado y que todavía guardaran alguna casete. No pudimos entrevistarlo, pero el material que hemos encontrado ha sido mucho mejor que escuchar hablar del pasado a un hombre mayor en una silla de ruedas en Dublín. Shane no es estúpido. Me lo puso difícil por una razón, que me buscara la vida.

El Premio Nobel de Literatura reivindicó a Bob Dylan como poeta, ¿ha estado en tu intención hacer lo mismo por Shane MacGowan?

Las letras de cualquier canción popular son muy importantes: una canción que conecta con su tiempo no es sólo por su música, sino por sus palabras. Shane es un gran poeta, porque era capaz de transmitir sus sentimientos y el contexto social a esas letras mordaces. De joven leyó sin parar los libros de Joyce y O’Brien, de modo que sus escritos están conectado a esa tradición. La primera canción que escribió es Streams of Whisky, y hace referencia a un bello pasaje de un libro de O’Brien muy ligado la mitología irlandesa. MacGowan exterioriza que no le gusta ser visto como una figura literaria, pero su carrera está fuertemente enraízada en esa cultura literaria.

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Shane MacGowan en 1988. | Foto: Andrew Caitlin. | Cedida por la productora.

Has documentado la trayectoria de bandas, de artistas y también de un festival tan emblemático como Glastonbury (película de 2006 disponible en Filmin), ¿cómo te he afectado personalmente no poder disfrutar música en vivo como consecuencia de la pandemia?

Esta película fue difícil de rematar porque todas las bibliotecas estaban cerradas y fue más complicado acceder a ciertos materiales. No sabemos qué va a pasar. No creo que este año pueda celebrarse Glastonbury y es una pena, porque es un evento especial en la cultura inglesa, un rito de paso para mucha gente joven. Si no podemos tener música en vivo es un absoluto desastre, no hay nada mejor que ir a un concierto. 

Begoña Donat

Periodista freelance y especialista en la comunicación integral de organizaciones culturales.