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Julio Ramón Ribeyro y la tentación fragmentada

La editorial Seix Barral conmemora el aniversario del nacimiento del escritor peruano con ediciones especiales de su obra más fragmentaria.

Foto: Julio Ramón Ribeyro | Editorial Seix Barral

Julio Ramón Ribeyro (Lima, 1929 – 1994) es el exponente de ficción corta más notable de Perú en el siglo XX. Aunque es conocido sobre todo como cuentista, también ha publicado varias novelas, obras de teatro y un famoso libro de escritos marginales titulado Prosas apátridas. Amigo íntimo de Alfredo Bryce Echenique, y no tan cercano a Vargas Llosa, se le recuerda como un escritor muy flaco, disciplinado fumador, limeño o parisino, desolado y solitario ser híbrido.

Durante la mayor parte de su vida, Ribeyro fue percibido como una figura atormentada, perseguida por una forma que le negaba la gratificación personal y mucho más el éxito. En muchas ocasiones señaló que la novela era el género que lo diferenciaba de muchos de sus contemporáneos, especialmente de aquellos que conformaron el auge literario latinoamericano de éxito internacional, ese boom con sillas inamovibles. Sin embargo, antes de renunciar por completo a esta forma narrativa, Ribeyro escribió tres novelas que no le satisficieron ni a él ni a sus seguidores o críticos: Crónica de San GabrielLos geniecillos dominicales Cambio de guardia.

Juio Ramón Ribeyro: tentación e hibridez marginada 3

En 1992 comenzaron a aparecer sus diarios, La tentación del fracaso, justo en el mismo momento en que otros dos importantes escritores peruanos publicaban sus memorias: Mario Vargas Llosa con Un pez en el agua y Alfredo Bryce Echenique con Antimemorias. La mala racha le seguía, no solo publicaba algo extraordinario, sino que lo publicaba con otros dos que lo opacaban.

Si en los años 90 Alfaguara había publicado una serie de títulos con recopilaciones de cuentos, de Ribeyro y otros cuentistas latinoamericanos, 25 años después, la directora editorial de Seix Barral, Elena Ramírez festeja el 90 aniversario del nacimiento del autor peruano, así como los 25 de su muerte, editando tres de sus libros: las entretenidas y acompasadas memorias, La tentación del fracaso; 93 cuentos reunidos en La palabra del mudo; y los híbridos y marginales fragmentos, como el autor, de Prosas apátridas. Una edición acompañada por un concepto gráfico en las portadas de los libros que se agrega como valor visual a la obra del escritor peruano.

Juio Ramón Ribeyro: tentación e hibridez marginada 2

Ribeyro, obra y vida

Los cuentos de Ribeyro habitan el tenue universo de fábulas en las que la ficción y la realidad, así como la apariencia y la esencia, deben mantener una tensión equilibrada por un lenguaje rápido y preciso. No hay recursos en exceso ni ambigüedades o metáforas rebuscadas. Es la de verdad de los personajes, el tiempo preciso y la sinceridad imperante del escritor.

Dentro de la obra de Ribeyro sus personajes son pequeños héroes y se encuentran siempre marcados por la exclusión y el desengaño; parecieran ser protagonistas que no pudieran ser exitosos, antihéroes dentro del estatus de héroes, como si el éxito social los dejara fuera, siéndoles siempre negado. Ribeyro decidió centrarse en vidas minúsculas de “personajes invisibles y mudos”, como afirmaría la escritora Sara Mesa en el prólogo de La palabra del mudo. En las 1000 páginas de la compilación que ha hecho Seix Barral de cuentos de Ribeyro se observa cómo la suerte se mezcla con la marginalidad y la pobreza para marcar un hilo narrativo. En Alienación habla de ese doblez por la segregación y la no pertenencia, el clasismo limeño y la pobreza. En Gallinazos sin plumas nos desvela la pérdida de la inocencia por la explotación familiar en medio de, literalmente, basura. En Interior L, el padre de una niña violada rentabiliza la violación de su hija, o en El tonel de aceite, una huida termina en desgracia.

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Esa mudez y exclusión de sus personajes también la demuestra el autor en sus diarios. La tentación del fracaso manifiesta esa reprobación, ese desengaño ante lo que pasa, ante sus amigos, ante los escritores famosos del boom, ante los géneros literarios, ante su país, ante París: “Todos o casi todos los escritores de mi generación han escrito su gran libro narrativo, que condensa su saber, su experiencia, su técnica, su concepción del mundo y la literatura. Vargas Llosa, La casa verde; Roa Bastos, Yo el supremo; Carlos Fuentes, Terra nostra; Goytisolo, Recuento; García Márquez, Cien años de soledad; Donoso, El obsceno pájaro de la noche, etc. Solo yo no he producido un libro equivalente y a los 48 años no creo que lo pueda producir”.

Quizás la obra de Ribeyro y su malestar provenía de ser pionero, no pertenecer a una época o a un culto, no etiquetarse dentro de ningún género. Solo el cuento fue su descanso, pero obras como Prosas apátridas, ese libro que no tiene género en concreto, fue su sumun, un volumen de fragmentos que desde la Barcelona de Beatriz de Moura en Tusquets hasta varias editoriales latinoamericanas terminaron por sentenciar como obra de cabecera por su hibridez y ruptura de esquemas.

Juio Ramón Ribeyro: tentación e hibridez marginada

Homenaje a Julio Ramón Ribeyro por Marco Sueño. | Imagen vía Municipalidad de Miraflores, Lima.

Julio Ramón Ribeyro marcaba una diferencia entre escribir y publicar. “Escribir para mí es un asunto personal, una tarea que me impongo porque me agrada o me distrae o me ayuda a seguir viviendo. Publicar, en cambio, es un fenómeno diferente, una gestión que encomiendo a otra parte de mi ser, al administrador, bueno o malo, que todos tenemos dentro”. Ribeyro se percibe como atormentado, “como un consuelo para los desdichados”, como afirma Vila Matas en el prólogo de La tentación del fracaso, pero revisitar sus nuevas tres reediciones a día de hoy nos descubre a un Ribeyro que trasciende como un autor actual, con una narrativa corta adaptada al ruido de la contemporaneidad, autocrítico y sin poses, lúcido y apegado a sí mismo, aunque esto haya sido la carga de su tormento: “Somos un instrumento dotado de muchas cuerdas, pero generalmente nos morimos sin que hayan sido pulsadas todas”. Aunque Ribeyro no la haya visto en vida, esta nueva edición reivindica el valor de su obra y le otorga reconocimiento, pulsando así todas sus cuerdas.

 

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