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'Kubrickmaníacos': Las insólitas teorías de los fans de 'El resplandor'

¿Cuántas veces aparece el número 42 en la película de Stanley Kubrick? ¿Por qué la habitación 217 pasó a ser la 237 y qué tiene que ver los nazis o con platós convertidos en la superficie lunar? Hay más de una razón para volver a ver ‘El Resplandor’ con actitud conspiradora.

Existen películas tan inquietantes y colosales que parecen infinitos rompecabezas y te afectan de una forma que a veces ni siquiera entiendes; te aguijonean la sesera, interpelan directamente a tu inconsciente y se quedan contigo para siempre. Y ‘El resplandor’ de Kubrick es una de ellas. Aunque su estreno en 1980 dejó fría a la crítica y provocó la indignación del propio Stephen King, que creía que la cinta no hacía justicia a su libro, ni tampoco tragaba a Kubrick, con el correr del tiempo se ha convertido en una obra de culto en la que los amantes de la conspiración creen ver toda suerte de mensajes ocultos, desde alusiones al Holocausto judío o al genocidio de los nativos norteamericanos hasta la velada confesión del director de que ayudó al gobierno norteamericano a simular el alunizaje del Apolo 11.

Aprovechando que desde el pasado 23 de Octubre y hasta finales de marzo el CCCB acoge la exposición ‘Stanley Kubrick’, excepcionalmente comisariada por Jordi Costa, repasamos algunas de las teorías más estrambóticas sobre esta obra maestra que el director Rodney Ascher recogió en el documental ‘Habitación 237’ (2012), así como alguna leyenda urbana sobre el mítico hotel en el que se inspiró Stanley Kubrick. ¡Ojo con los paralelismos! Entramos en el laberinto del Minotauro, Jack.

1. El número 42 y el Holocausto

Quien haya leído ‘La guía del autoestopista galáctico’ de Douglas Adams que, por cierto, se publicó tan solo un año antes del estreno de ‘El resplandor’, recuerda sin duda que el superordenador Deep Thought responde a la pregunta sobre ‘el sentido de la vida, el universo y todo lo demás’ con un número de dos dígitos: el 42. Si bien Douglas siempre mantuvo que su elección fue de lo más azarosa, no parece que la obsesión de Kubrick con el 42 lo fuera tanto a juzgar por las muchas ocasiones en que se repite en la película. Y si no, atento: Hay 42 coches aparcados en el Hotel Overlook; Danny -el hijo de Torrance- tiene un 42 en su pijama y repite 42 veces aquello de ‘redrum’, y, para postres, Jack y Wendy ven la película ‘Verano del 42’, de Robert Mulligan.

Para el profesor de historia Geoffrey Cocks, autor de ‘El lobo en la puerta: Stanley Kubrick, historia y holocausto’, este número hace referencia al genocidio judío, ya que los nazis iniciaron su Solución Final en 1942, al igual que otros detalles que asegura están relacionados, como la escena de la sanfre que sale de las puertas del ascensor o la máquina de escribir, que es de la marca alemana Adler y que en alemán significa ‘águila’, el símbolo de la bandera nazi. ¿Y qué me dices de la águila en la camiseta de Jack?

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2. El falso alunizaje del Apolo

Que el hombre pisó por primera vez la Luna en un plató de televisión es una de las historias favoritas de los amantes de las conspiraciones. Y lo cierto es que a lo largo del filme esta idea orbita de una forma bastante curiosa. Según el cineasta y escritor Jay Weider, uno de los entrevistados, la forma hexagonal de la alfombra del hotel donde Danny juega con sus juguete es la misma que la plataforma de lanzamiento del Apolo 11, y él también lleva un jersey con un cohete dibujado donde se puede leer ‘Apolo 11’.
Para rizar el rizo todavía más, la distancia promedio de la Tierra a la Luna es de 237.000 millas (en realidad 238,855, unos 384 km ) lo que podrías responder a una mera casualidad -como todo, en realidad-, pero no deja de ser curioso que Kubrick, enfermizamente meticuloso, decidiera cambiar el número de la habitación maldita de la novela de King -la 217- por la 237. A eso hay que añadirle otras interpretaciones más libres, como el terrorífico hombre disfrazado de oso que aparece en el filme y que hay quien interpreta como la amenaza soviética, o las dos gemelas que aludirían a las misiones Gemini de la NASA.

 

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3. El siniestro (e imposible) Hotel Overlook

¿Recuerdas a Danny recorriendo con su triciclo los pasillos del hotel? De pronto está en la planta baja, gira una esquina y acaba en los pisos superiores. Las formas hexagonales de la alfombra de repente cambian en la escena siguiente… Hay puertas que parecen llevar a otras habitaciones y pasillos que no llevan a ningúna parte. ¿Por dónde se va al salón de baile? Una de las teorías más interesantes de ‘Habitación 237’ es que el cineasta puso en práctica algunas de las técnicas de la publicidad subliminal, tan en boga en el momento, para desorientar al espectador. Puedes consultar la web de Rob Ager, que realizó diversos planos del hotel para concluir que es prácticamente imposible que fuese un edificio real. Por no hablar de los saltos de raccord que se producen continuamente y en los que aparecen o desaparecen objetos de un plano al siguiente, aumentando esta sensación de extrañeza.

Pensándolo bien, cualquier cosa puede ocurrir en un hotel ubicado sobre un cementerio indio. De hecho, el periodista Bill Blakemore recuerda en ‘Habitación 237’ que el Overlook fue construido en 1907, la misma fecha en que se produce la mayor masacre de Apaches en Colorado, y está decorado con pinturas, pipas y retratos apache. ¿Trataba Kubrick de hacer una crítica al genocidio de los nativos norteamericanos?

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Lo esto nos lleva a cierta leyenda sobre el hoy popularísimo hotel en el que se inspiró Kubrick: el Hotel Stanley, en Estes Park (Colorado). Los empleados del mismo aseguran que el fantasma de Flora, esposa de Freelan O. Stanley se pasea por los pasillos y afirman haber escuchado voces y música de un piano en la sala de baile. Es más, en una de las habitaciones los huéspedes dicen haber visto la figura de un hombre al que a menudo se culpa del robo de joyas y otros objetos. A nadie le sorprenderá que sea uno de los hoteles más visitados de Estados Unidos y que en los espacios comunes y pasillos se pase en bucle ‘El Resplandor’.

4. Un laberinto de espejos

‘Redrum’ al revés se lee ‘murder’ (asesinar). Y este no es el único guiño de una película donde el espejo se convierte en un elemento central que remarca la idea de ilusión -en casi todas las escenas en las que Jack habla con un ‘fantasma’ hay espejos-. Pero, además, como se señala en el documental, ‘El resplandor’ podría estar construido de modo que cada escena refleje otra posterior.
Y a propósito de espejos y laberintos, ¿recuerdas la maqueta del jardín que aparece en la película? Según algunos ‘kubrickmaníacos’, el genio del Bronx también introdujo la idea del Minotauro -mitad hombre y mitad bestia- representado en el personaje de Jack Torrance. E incluso afirman que hay repetidas tomas en las que Nicholson tiene una mirada y una actitud tan salvaje que parece un toro apunto de atacar.

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