La Disciplina Positiva o educar bonito: la metodología sin castigos para enseñar desde la libertad
Foto: Kelly Sikkema| Unsplash

Sociedad

La Disciplina Positiva o educar bonito: la metodología sin castigos para enseñar desde la libertad

por María Hernández

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Cuántos de nosotros no hemos pasado largos ratos en el pasillo del colegio, o en una esquina de la clase, por hablar con nuestros compañeros mientras el profesor daba su explicación. O sin móvil por hacer algo mal en casa, sin salir un fin de semana por haber desobedecido a nuestros padres. La mayoría de nosotros hemos sido educados con castigos como respuesta a nuestras malas acciones o decisiones, como forma de enseñarnos lo que está mal. Pero el mundo ha ido avanzando y, con él, los conocimientos del cerebro humano.

Por eso, cada vez son más las corrientes, metodologías o teorías educativas que buscan un cambio en la educación de las nuevas generaciones. Una de ellas es la Disciplina Positiva, que se centra en la educación con firmeza y cariño.

Para adentrarnos en esta metodología, que llegó a España hace pocos años, hablamos con María Soto, fundadora del proyecto Educa bonito, logopeda, especialista en Disciplina Positiva y autora de un libro con el mismo nombre que su proyecto.

¿Qué es la Disciplina Positiva?

«La disciplina positiva es una metodología que tiene una estructura, que tiene una teoría y una práctica y unas herramientas», explica María Soto. «Es como aprender un idioma nuevo, hay unas herramientas que no se utilizaban antes, porque a nosotros nos educaron en el conductismo, las herramientas que tenía la educación que recibimos nosotros era el castigo y premio, el condicionamiento».

Esta disciplina busca la conexión con la persona, con el niño, para «enseñarle habilidades para la vida», cuenta Soto. «Lo que he aprendido y lo que está demostrado científicamente es que una persona no aprende de alguien que le manda aprender algo, sino que una persona aprende de alguien a quien admira y de alguien a quien respeta», afirma, y «para poder admirar y respetar a alguien tiene que haber una conexión».

Por eso, Soto considera de gran importancia reforzar y mantener esta conexión, ya que a través de ella «podemos enseñar a nuestros hijos lo que quieran, desde límites, normas, modales, lo que sea, porque los niños van a querer aprender de nosotros, porque nos admiran y nos respetan, porque hemos priorizado la conexión a la obediencia».

En resumen, la Disciplina Positiva es una forma de educar consciente, basada en la conexión con tus hijos y no en la obediencia, en «aprender las herramientas necesarias para poder extraer de cada situación con tus hijos un aprendizaje». Lo que se busca con ella es que «nuestros hijos aprendan a pensar por sí mismos y a tomar buenas decisiones».

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María Soto. | Foto cedida por la autora

Sin castigos ni premios

Una de las principales características de esta metodología es que se aleja del condicionamiento a la hora de educar y, por tanto, deja fuera los castigos y los premios.

Entonces, ¿cómo enseñamos a los niños lo que está mal? «La alternativa a los castigos para que el niño entienda que lo que ha hecho está mal y que tiene una consecuencia lógica o natural es que el niño se responsabilice de ese fallo y lo solucione», explica María Soto. «Claro que cada acto tiene consecuencias, pero si lo enfocamos hacia la culpa, el niño no siente el error».

Si lo enfocamos de esta manera, «mucho más amable y compasiva», los niños «aprenderán a no vengarse, porque los niños, cuando los castigas, lo que aprenden es a castigar a los demás».

En cuanto a los premios por hacer las cosas bien, la logopeda considera que son incluso peores que los castigos. «El cerebro de los niños está creciendo, y el ser humano intenta buscar el bienestar, la felicidad, entonces, cuando lo que hace bien recibe algo de fuera, una alabanza, un premio, lo que sea, el niño deja de hacer las cosas bien porque se siente bien y porque sabe que están bien, y empieza a hacerlas para recibir ese premio, y eso se vuelve adictivo». «Detrás de los premios están las anorexias, están muchas adicciones, porque el cerebro está creciendo», añade Soto.

¿Cuál es la manera correcta de hacerlo según la Disciplina Positiva? «Cuando un niño hace algo bien, hay que animarle a que siga haciéndolo así preguntándole cómo se siente», explica la autora.

Lo importante es que «el niño diga ‘pues esto lo he hecho bien yo y es para mí, mamá no tiene que estar orgullosa de mí, ni la profe, soy yo el que tengo que estar orgulloso’. Eso hace que en vez de una respuesta rápida, placentera y adictiva, el cerebro empieza a procesar una cosa que se llama motivación intrínseca, que es lo que luego hace que los niños tomen las decisiones para sí mismos, no para agradar a los demás».

«El tema del castigo y el premio se ha estudiado mucho, se sabe mucho las consecuencias, pero no interesa que se sepa, porque interesa mucho amaestrar a la sociedad», afirma Soto. «Por eso la disciplina positiva está teniendo muy buena aceptación en ciertos círculos y en otros no, porque realmente es educar en la libertad, que el niño tenga su criterio propio y que pueda aprender a decidir».

El control de las emociones

Para poder aplicar todas las herramientas que proporciona esta metodología, es muy importante el control de las emociones. Y para enseñar esta habilidad a los niños es importante que la aprendan los padres primero. «Los niños tienen que vivir todas las emociones y ver cómo los demás viven todas las emociones, pero una cosa es estar enfadado y otra cosa es faltarle el respeto a alguien con tu enfado», señala Soto.

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Foto: Brett Jordan | Unsplash

«Lo que nos hacían nosotros era anularnos las emociones: ‘no grites, no llores’… Nosotros tenemos que aprender como adultos a autogestionar y enseñar a los niños a que la emoción no los domine», añade.

«Cuando una emoción nos domina, el cerebro apaga la parte racional». Por eso, es importante que los niños conozcan que la gente se enfada, que ellos se pueden enfadar, «pero que no pueden dañar a los demás con las emociones». Para ello, los padres deben aprender que, si se sienten desbordados, «hay que parar» y abordar la situación en otro momento.

¿Encaja esto en el sistema educativo español?

Todo esto que explica María Soto se puede aplicar en casa con un poco de aprendizaje y muchas ganas. Pero ¿cómo lo combinamos con un sistema educativo que no tiene nada que ver con esta metodología?

La logopeda es consciente de que los colegios en España actualmente están lejos de esta metodología que ella enseña. Sin embargo, asegura que hay muchísimos docentes en el país formados en Disciplina Positiva. «Se han dado cuenta de que este sistema, como está estructurado, no casa con el ser humano, con el crecimiento normal de un ser humano, con la motivación, con la autoestima», dice Soto, que cuenta que la mayoría de las personas que acuden a sus talleres son docentes.

Pero, a pesar de estos avances, el sistema sigue siendo el que es. «Nosotros con la disciplina positiva estamos educándoles para el mundo», dice Soto, que considera que la diferencia de criterios es una oportunidad. «Que vean otras cosas les da oportunidad para practicar lo que yo les estoy enseñando. Y, por ejemplo, si el profe castiga, en casa les decimos ‘bueno, y ¿por qué te castigó el profe?, ¿qué puedes hacer tú para que no te castigue?’».

«Obviamente, no les estamos educando para una burbuja, necesitamos que aprendan y el mundo es un lugar muy bonito y muy duro a la vez, entonces precisamente uno de los pilares de la disciplina positiva es que les enseñamos a sacar de todo aprendizaje».

María Hernández

De Murcia y madrileña de adopción. Escribo a menudo sobre derechos humanos e inmigración. También estudié Publicidad, pero lo mío es el periodismo. Y los viajes.