La educación a distancia deja por el camino a los alumnos con menos recursos

Mundo ethos

La educación a distancia deja por el camino a los alumnos con menos recursos

La educación durante el confinamiento requiere de conocimientos y recursos tecnológicos que no están al alcance de todas las familias

por Carolina Freire Vales

El cierre de las escuelas por el confinamiento ha afectado ya a 1.500 millones de estudiantes en el mundo, los ha lanzado a las aulas virtuales. Sin embargo, no todos los niños van al colegio con la misma mochila, tampoco si se quedan en casa.

Ya lo advirtió la Unesco cuando todo esto empezó: esta situación sin precedentes podría aumentar aún más la brecha social. Una brecha de por sí bastante aguda. Según el Informe PISA de 2018, los alumnos pobres repiten curso cuatro veces más que aquellos con más recursos.

En clase un pupitre, un papel y un lápiz. Todos en igualdad de condiciones. Recibir una educación a distancia, sin embargo, requiere disponer de los medios –ordenadores, tablets o smartphones, además una conexión a Internet–, del conocimiento digital y del tiempo para ayudar a los niños, algo a lo que no todas las familias pueden acceder.

Laura Amigo es profesora de 1º de Educación Primaria en un colegio concertado. Sus alumnos pertenecen al grupo de los que no se quedan atrás. “Tenemos la suerte de que todo el mundo tiene acceso a un ordenador o una tablet, yo no he tenido ninguna queja de nadie que no pudiese seguir el ritmo que estamos marcando”, cuenta a The Objective.

Los alumnos que la educación a distancia por el coronavirus deja atrás

Foto: stemt4 | Unsplash

No todos tienen la misma suerte. Hablamos con una profesora del mismo curso y la misma ciudad (A Coruña), esta vez en un colegio público, y nos descubre el mundo paralelo. Nos cuenta que el colegio en el que trabaja está en una zona “donde vive sobre todo gente de clase obrera” y donde hay un porcentaje bastante grande de alumnos inmigrantes. Gran parte de sus alumnos no tiene ordenador en casa, o conexión WiFi, mucho menos impresora. “Muchos solo tienen los móviles de sus padres”, añade.

Sin embargo, lo que más preocupa a esta maestra no es que se queden atrás en los estudios: “Me preocupa que no puedan comer tres veces al día”. Muchos tienen beca comedor, y más de un padre les ha llamado ya para decirles que, al no contar ya con ella –aún ahora se están tramitando las ayudas económicas para familias que se beneficiaban de esta beca– no pueden dar tres comidas al día a sus hijos.

Los profesores están intentando buscar alternativas. Utilizan recursos que puedan ser accesibles desde un móvil y no solo desde un ordenador, o que se puedan hacer con lápiz y papel y mandar luego una foto. Pero, nos cuenta esta maestra, “muchos padres no están suscritos al servicio de comunicación y por lo tanto no tenemos forma de ayudarles”.

Esta situación ha golpeado especialmente a colectivos desfavorecidos, como la comunidad gitana. Mónica Chamorro, desde la Fundación Secretariado Gitano, nos explica que, en este caso, hay dos problemas distintos: uno es la brecha digital y otro la situación de las familias. Los hogares no están preparados. En la mayoría, solo puede accederse a Internet a través de un móvil.

En su fundación trabajan ahora mismo con unos 3.500 alumnos gitanos. Hacen de puente entre los colegios y las familias. Cada día, entran en las plataformas para ver las tareas que tienen los niños y después se ponen en contacto con ellos, de la forma que puedan, para ayudarles y guiarles. A veces, esto supone tener que imprimir ellos mismos las tareas y meterlas en los buzones de las casas de los alumnos, para que puedan hacerlas con papel y lápiz.

“Detrás de cada alumno hay una familia y en cada familia se están dando situaciones extremas en este momento”, nos explica Mónica. A la falta de aparatos tecnológicos se suma un nivel educativo bajo, falta de tiempo y otras prioridades. Se trata de una crisis sanitaria que ha golpeado la economía familiar con fiereza. “Para muchos padres ahora mismo esto es un tema que se puede dejar de lado”, concluye. Ahí es donde entran ellos. Su trabajo es ocuparse de que, mientras las familias luchan por salir de esta situación, los niños puedan seguir educándose.

Desde la Fundación afirman que es el propio Gobierno quien tendría que coordinar esto, ya que es el encargado de garantizar el Estado de bienestar para todas las personas. Ya se han tomado algunas medidas, como garantizar que todos los alumnos que cursan una FP o el Bachillerato tengan acceso a Internet. Sin embargo, también son conscientes de que al final las decisiones las toma cada Comunidad Autónoma y, en concreto, cada centro educativo.

“Lo bueno de esto, de la autonomía, es que se piensan soluciones muy creativas, adaptadas a la situación y a los recursos de cada lugar”. Hay iniciativas muy interesantes a nivel local y Mónica ve en todas ellas un nexo común: una buena gestión de los recursos que se tienen. Por eso cree que es fundamental que estas iniciativas se conozcan y se compartan para que otros puedan inspirarse.

La educación universitaria no se salva de la brecha

La brecha no acaba en la edad escolar. Se extiende también a las universidades, puente hacia el mundo laboral. De momento es todo muy incierto. Educación dejará que las Universidades acaben el curso online, incluyendo las evaluaciones. Está en manos de cada una decidir si vuelven o no a las clases presenciales. Muchas ya han anunciado que no lo harán. Dejándoles que sigan con el curso contra viento y marea asegura que la rueda continúe girando, pero, ¿hasta qué punto es esto justo para los alumnos que no lo tienen tan fácil?

Los alumnos que la educación a distancia por el coronavirus deja atrás 1

Foto: Charles DeLoye | Unsplash

Hay quien, como Sofía Rodríguez, no tiene acceso a una red Wi-Fi. Ella cursa el último año de Relaciones Internacionales en la Universidad Autónoma y está ahora mismo en su ciudad natal, con su familia, en una casa sin conexión Wi-Fi. De momento, se arregla como puede con los datos móviles, pues los sistemas aún se están poniendo en marcha. En caso de tener que acabar el curso online, ¿sería justo puntuarla bajo los mismos criterios que a sus compañeros? Pongamos que la respuesta es no: ¿en función de qué se decide cómo evaluar a cada caso?

El Sindicato de Estudiantes ha pedido que se cancelen todos los exámenes, incluida la EBAU. Este mismo jueves, la Comisión General de Educación debatirá cómo acabar el curso en las escuelas de todo el país. Es importante, antes de dar cada paso, tener en cuenta que la digitalización, por desgracia, aúnn no está al alcance de todos. “Ojalá esto sirva para tomar conciencia de lo importante que es desarrollar competencias digitales”, concluye Mónica.

Carolina Freire Vales

Del salitre del norte y también del asfalto madrileño. Me metí en esto para saciar curiosidades, empezando por la mía.