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La Galicia más indómita a través de sus faros

Foto: Camiño dos faros | Camiño dos Faros

Galicia recibió en 2016 una cifra récord de visitantes, según datos del Instituto Nacional de Estadística publicados por la Xunta el pasado enero. El Camino de Santiago se ha convertido en los últimos años en un reclamo para el turismo nacional e internacional y en verano, viajar a esta región del noroeste de España es, sin duda, una forma de pasar las vacaciones aunque el sol no esté garantizado todos los días. Entre las numerosas opciones para conocer un poco mejor esta comunidad autónoma, medio aislada hasta hace no muchos años con el resto de España debido a las precarias comunicaciones por tierra, está la Ruta de los Faros.

Una región como la gallega que mira al mar a través de sus 1.498 km aproximadamente de cabos, no podía dejar de contar con una ruta como esta que, a través de ocho etapas, acerca al caminante a los parajes más extraordinarios de la costa, cruzando largas playas de fina arena blanca, agrestes montes, dunas, bosques, aldeas, villas marineras, y castros que recuerdan el paso de los celtas por estas tierras mágicas.

Mágicas, sí, porque en el camino de los faros el caminante va encontrándose aquí y allá con pisadas verdes de los trasnos, los duendes gallegos y emblema de la Asociación O Camiño dos Faros, que en 2012 decidió unir Malpica con Fisterra a través de la Costa de la Morte, creando esta ruta.

La primera etapa comienza en la localidad de Malpica, donde se encuentra el faro más pequeño de los que recorren la costa gallega, y termina en la playa de Niñóns. A lo largo de sus 22 kilómetros el caminante pasa por seis tranquilas playas como las de Area Maior, al principio del camino, o la de Barizo, una pequeña playa frecuentada por los residentes de la zona que no cuenta con ningún  tipo de servicios. Destacan también las extrañas formas de las piedras en el entorno del faro de Punta NarigaEn esta primera etapa con acantilados espectaculares, las islas Sisargas son un punto de referencia en el mar.

 

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A lo largo de las distintas etapas encontramos tranquilas playas de fina arena blanca como la de Niñóns. | Foto: Luis Álvarez Real

La segunda etapa sale de Niñóns y finaliza en Ponteceso.  El caminante descubre calas solitarias y ensenadas, los imponentes acantilados de Cabo Roncudo, y el faro Roncudo, donde el fuerte sonido de las olas rompiendo contra las rocas da nombre a esta parte de la costa. La Ría de Corme-Laxe, donde el paisaje cambia completamente, el Monte da Facha y las espectaculares dunas de A Barra completan esta segunda etapa.

 

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Las huellas de los trasnos, los duendes gallegos, guían al caminante. | Foto: Luis Álvarez Real

 

La tercera etapa va de Ponteceso a Laxe, comenzando la ruta en el Estuario do Anllóns; desde aquí el sendero sigue hasta el castro de Borneiro y el dolmen de Dombate, lugares donde la historia atrapa al visitante antes de iniciar la subida al Monte Castelo de Lourido. Después comienza la bajada hasta la costa de Cabana, llena de furnas - grutas naturales producidas por la acción del mar - y playas en las que descansar tras la larga caminata.

 

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La ruta tiene muchas subidas y bajadas, siempre con el mar como referente. | Foto: Luis Álvarez Real

 

Después de unas etapas con cierta dificultad, la cuarta es la más corta y la más fácil; va desde Laxe a Arou. En el camino se pasa por el Faro de Laxe y el Peñón de Soesto desde donde se baja a la playa de Traba y su laguna natural. A continuación, el camino lleva por un empedrado hasta Camelle donde está el Museo de Man.  Este original museo al aire libre fue creado por el artista alemán Manfred Gnädinger, más conocido por el nombre de “Man, el alemán de Camelle”, que llegó a esta villa en los años 60 y se estableció para vivir como un ermitaño realizando sus obras de arte. Man murió de pena el 28 de diciembre de 2003, después de que el fuel del Prestige tiñera de negro el mar en el que se zambullía cada día, y su preciado jardín de esculturas creadas por él con piedras y restos de naufragios quedara salpicado de chapapote. Tras el naufragio del petrolero y la desaparición de su particular Edén,  Man renunció a seguir viviendo.

La quinta etapa lleva al viajero por el corazón de la Costa da Morte hasta Camariñas, la localidad de los famosos encajes. Antes se pasa por el Cementerio de los Ingleses, Faro Vilán, que se adentra en el mar sobre un promontorio rocoso de 100 metros de altura, la Ermita de la Virxe do Monte, construida en el XVIII en lo alto del Monte Farelo, y el Castillo de Soberano.

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Una escultura de la Casa Museo de Man, en Camelle. | Foto: Luis Álvarez Real

La sexta etapa, la más larga, es también fácil de hacer pues no hay subidas ni desniveles importantes. Hasta llegar a Muxía, lugar donde confluye el Camino de Santiago, el recorrido pasa por varias playas, la iglesia románica de San Xiao de Moraime del siglo XII y declarada conjunto histórico-artístico, hasta llegar al faro de Muxía y el famoso santuario de Nuestra Señora de la Barca.

A punto de culminar este viaje a través de los faros, en la séptima etapa se deja atrás Muxía para iniciar un recorrido muy agreste y con cierta dificultad que termina en el Faro Touriñán, punto más occidental de la España peninsular, y la Praia de Nemiña.

Para terminar, la octava y última etapa lleva al caminante hasta Fisterra, el fin del mundo, como llamaron los antiguos a esta parte de la costa gallega, llena de acantilados, playas y el castro de Castromiñán. Fisterra es también el final del Camino de Santiago para quienes, tras pasar por la catedral deciden seguir los pasos de los antiguos peregrinos y sentarse junto al faro para disfrutar de una espectacular visión del Atlántico donde las puestas de sol son excepcionales.

 

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Puesta de sol desde el Faro de Fisterra. | Foto: Turismo de Galicia

Los viajeros que se animen a ponerse una mochila a la espalda y un buen calzado para recorrer el Camino dos Faros recibe como recompensa, al final de cada jornada, una puesta de sol diferente y única.

Alternativas

Además de la Ruta dos Faros y sus inseparables trasnos, hay otras rutas más cortas, como la que propone la Xunta de la Galicia, de dos etapas, bajo el epígrafe Faros y Playas en el Fin del Mundo.

También se puede hacer una ruta distinta a los faros de Galicia por tren que acerca al viajero al punto más septentrional de la península ibérica. El programa de Renfe, puesto en marcha en 2013 tras un acuerdo con la Xunta de Galicia,  llega a Cabo Ortegal con sus Aguillóns, espectaculares farallones de roca; el mirador de Vixía Herbeira, sobre unos de los acantilados más altos de Europa; San Andrés de Teixido donde, según el dicho, “va de muerto quien no fue de vivo”; el cabo de Estaca de Bares, a cuyos pies se unen el Atlántico y el Cantábrico o la playa de las Catedrales, informa la compañía.

 

 

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