La gran caza de la esencia: ¿Por qué necesitamos a Hunter S. Thompson?
Foto: Cashman Photo Enterprises Inc| Wikipedia

Cultura

La gran caza de la esencia: ¿Por qué necesitamos a Hunter S. Thompson?

Hunter S. Thompson se convirtió en los años 70 en un verdadero icono de la contracultura norteamericana. Sus anécdotas de carácter valiente, grillado, crítico, en la perpetua búsqueda de los límites, lo convirtieron en un cronista agudo y atinado, capaz de desvestir a la gran potencia americana hasta sus carnes más ridículas

por Galo Abrain

Las faldas de la estatua de la libertad rezan: «Dadme a vuestros rendidos, a vuestros desdichados,/ a vuestras hacinadas muchedumbres que anhelan respirar en libertad./ Enviadme a éstos, los desamparados, los que por la tempestad son azotados./ ¡Yo alzo mi antorcha junto al puerto dorado!». 

Estas bellas palabras son parte del poema The New Colossus de Emma Lazarus, y habrían de ser el faro que guiase el corazón de los Estados Unidos. Un sueño, el americano, que prometía oportunidades, y la justa y glorificada recompensa a todo aquel dispuesto a arrimar el hombro. 

Durante décadas, esa fue una verdad asumida, pero, con el tiempo, hubo quien descubrió el  embrujo de falsedad que sobrevolaba tan esperanzadora promesa. Estas revelaciones tuvieron importantes núcleos representativos en la literatura americana. Novelas como Las aventuras de Huckleberry Finn de Mark Twain, o El gran Gatsby de F. Scott Fitzgerald, rasgaron las vestiduras de este orgulloso estandarte, devolviendo al imaginario colectivo una realidad; no es oro todo lo que reluce y los cuentos, cuanto mejor suenan, más cerca nacen de la mentira. 

Hunter S. Thompson recogió el testigo de estos autores, alumbrando un estilo periodístico que combatía las compulsivas fajas de la corrección política, ataviadas por una sociedad que se asomaba peligrosamente a la barbarie. Hoy, en un sistema que parece desfalcado por la falta de imaginación, la dictadura de la opinión y la democratización de la estupidez tras una pantalla, si se presta la suficiente atención, se puede oír el silencioso aullar de la tierra clamando por una chamánica presencia como la Hunter S. Thompson. Pero ¿por qué?

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Thompson cuando era corresponsal de deportes de ‘Command Courier’ en 1957. Foto vía Wikipedia.

Hunter Stockton Thompson nacido en Louisville en 1937, y suicidado de un disparo en Woody Creek en 2005, fue uno de los más bizarros y kamikazes periodistas del siglo XX. Trabajó para revistas como Rolling Stone, Scanlan’s Monty o Playboy, y azuzó el motor de las aletargadas molleras de millones de lectores durante décadas. 

Muchos creen que su estilo gonzo, mezcla ácida y afilada de verdad y ficción, donde el periodista es el instigador de la propia noticia sin por ello perder su valor social y político, nace con su primer libro Hells Angels: la extraña y terrible saga de las bandas forajidas de motociclistas, publicado en 1966, pero no es hasta 1970 con la redacción de El Derby de Kentucky es decadente y depravado, para la Scanlan’s Monty, que se cataliza esa «drogoalocada» forma de redacción; como si a una Screaming Eagle V-Rod le hinchasen el tanque de ácido lisérgico. Thompson, una vez enviada la pieza, comenzó a ojear en The Colorado Leader ofertas de trabajo como limpiabotas o camorrista, pues estaba seguro de su despido tras semejante vorágine de incoherencias periodísticas… Pero el editor quedó encantado y Thompson, como hacemos todos cuando nos elogian algo que creíamos destinado al fracaso, hizo suyo el estilo. Hasta Truman Capote, conocido por su viperina lengua de cabrón, dijo de él: «Ha escrito tres o cuatro cosas que son tan buenas como las de Tom Wolfe, si no mejores. Aunque esas tres o cuatro cosas magnificas parece que nadie las ha leído, como el relato que hizo en el Kentucky Derby. Es absolutamente fabuloso. Llegó más lejos que Tom Wolfe, pero es un escritor que ya está muerto».

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Ilustración de Ralph Steadman para el artículo del Derby de Kentucky. Imagen vía NPR.

Tom Wolfe, padre del ‘Nuevo Periodismo’, quien compartió diversas anécdotas con Thompson, aunque este le terminase amenazando con convertir su «sucio traje blanco en un sudario en llamas», también supo apreciar su maestría, su alocado talento para encontrar la comedia de la corrupción humana. Sin embargo, el Coronel Kentucky de las letras americanas no escatimó en juicios paternalistas acerca de Thompson: «Sentir la necesidad de ser gonzo todo el tiempo debe haber sido una carga en su pobre mente. Estaba tan identificado con la vida que había descrito que le costaba no estar disfrazado, no ser el actor que se necesitaba. Hunter debe haberse sentido atrapado, atrapado en gonzo.»

Hagamos un alto en el camino, ¿qué es esto de hablar de alguien a sus espaldas? Hunter seguro tendrá algo que decir a este respecto. Dialoguemos con él. 

*

Hunter, ¿qué opinas de ti, de tu personaje? Defiéndete. En Mescalito afirmaste: 

« Yo no soy una puta descerebrada, y aun si lo fuera no podría recordarlo. A quién le importa. […] Hay días en los que no extraño para nada mi memoria… la mayoría de hecho. Es como saber que fuiste un Hijo Puta en tu vida previa y entonces alguien te dice que trates de no aullar tan fuerte cuando duermes. La cosa empieza a asustarte. Pero no a mí». 

Vale, queda claro. Siempre fuiste un toro bravo. Ese candente animal indomable que no teme morir porque se sabe destinado a ello. Pero no sólo fuiste un minotauro encabritado, tuviste también una visión política, la revelación de una tierra de la que fuiste amante, juez y verdugo durante toda tu vida, y de la que no cambiaste mucho tu visión ya desde tu primera obra sobre los Ángeles del Infierno: 

«El llamado sistema de vida norteamericano empieza a parecer un dique hecho con cemento barato, con muchas más fisuras que dedos tiene la ley para taparlos. Norteamérica lleva engendrando descomposición social masiva desde que acabó la Segunda Guerra Mundial». 

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Portada de la primera edición de ‘Hell’s Angels’. Diseño a cargo de Joseph del Gaudio sobre una foto de Hunter S. Thompson. | Imagen vía Wikipedia.

Casi parecías un vidente, Hunter, uno de esos peligrosos tipos que invocan profecías autocumplidas que no tendrían porque haber sucedidos de no haber sido mencionadas. El futuro te dio la razón, y con la elección de Nixon dijiste algo que afirmarías hasta el final:

«Este puede ser el año en que finalmente nos enfrentemos con nosotros mismos, finalmente dar un paso atrás y decir que realmente sólo somos una nación de 220 millones de vendedores de coches usados con todo el dinero que necesitamos para comprar armas, sin el más mínimo problema respecto a matar al resto del mundo que trata de incomodarnos».

Sabías de manera precoz que los Estados Unidos definían el espíritu del mundo, y el mundo se envenenaba de un quebradizo sentido de la ética sometido a la competitividad, a los «grandes blancos con culos donde una flecha se perdería», como tú mismo decías. Y así parece que seguimos, más jóvenes, más guapos, más filtrados y transparentes, pero con la misma perezosa alma agrietada de pasión, y temerosa de locura, de cuando escribiste en Los diarios del ron:

«No provocan la ola porque el ciudadano medio lo que quiere es navegar. Les da igual quien sea el perdedor. Sólo quieren saber quién ganó… quién ganó a los bolos, quién ganó en las carreras y quién ganó el bote de la tragaperras… Mírame Kemp, no duermes, estás despierto, este es el Sueño Americano».

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 Escena de la versión cinematográfica de ‘Miedo y asco en Las Vegas’ protagonizada por Johnny Depp y Benicio del Toro vía Universal Pictures.

Hunter, era verdad que existían un «hedor e ironía retorcida planeando en la idea de un periodista gonzo», lo dejaste bien claro en Miedo y asco en Las Vegas, la obra por la que todos te conocen, sin conocerte. Y eso que dejaste bien claro que «como auténtico periodismo gonzo, no servía en absoluto», pues, «sólo un loco rematado podría escribir una cosa así y luego pretender que sea cierta». Pero es que tú eras un loco rematado, Hunter. Únicamente un periodista loco puede estribar su vida en la idea de William Faulkner de que la mejor ficción es mucho más verdad que cualquier tipo de periodismo. Solo un loco puede ser consciente de que tanto ficción, como periodismo, son categorías artificiales, y que ambas formas son solo dos medios distintos de lograr el mismo propósito. Pero, como tú decías, «¡al diablo!». La clave es que es que el periodismo gonzo; «exige el talento de un gran periodista, el ojo de un artista y el valor suficiente para participar de la acción». 

Cierto que cometiste salvajadas; cuentas kilométricas sin pagar, un abuso de drogas que ensombrecería a Nikki Sixx o a Antonio Flores, misantropía declarada y abandono de tus obligaciones familiares. Pero los errores de un hombre pueden absolverse ante la grandeza de sus creaciones. Al menos claro, para aquellos a quienes esos errores no afectan directamente. 

*

Hunter S. Thompson fue un personaje en el que los extremos de la vida se dieron cita, arremolinándose para recordarnos que ser periodista no es únicamente escribir sobre algo, sino ir a buscarlo, untarse, mojarse las rodillas en los acantilados de la noticia en busca de la más brillante perla. 

El día de mañana, cuando esta pandemia sea una resaca, eclosionaremos como un ardiente fénix de hedonismo, ataviados con cicatrices depresivas y patologías latentes aun por despertar. Cuando ese momento llegue, sería bueno recordar a Thompson. Su ficticia sinceridad, su valor insobornable, son antorchas a las que muchos podrían seguir. 

Hunter S. Thompson fue un chamán de su tiempo que, perfectamente, podría inspirar a los del nuestro. Por eso, y mucho más, lo necesitamos. 

Galo Abrain

Periodista y escritor. Preso del ritmo y las ideas de aliento. Destruido, tal vez, pero jamás derrotado. Con la disciplina necesaria para buscar la verdad, aunque pueda resultar inútil.