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“La homosexualidad no se contagia, no se educa”: así son las charlas en peligro por el pin parental en Murcia

Foto: The Objective | The Objective

“Ante el evidente adoctrinamiento en ideología de género que sufren nuestros menores en los centros educativos, en contra de la voluntad y contra los principios morales de los padres (...) hemos diseñado una campaña para promocionar, divulgar y poner en manos de los padres el pin parental”. Así explica Vox en su página web los motivos por los que ha luchado para crear el pin parental, una medida que ya se está aplicando en Murcia y que ha provocado que muchos niños se queden fuera de algunas de las charlas y talleres impartidas en colegios e institutos.

Aunque el principal objetivo de Vox era evitar las charlas de educación sexual, contra la LGTBIfobia y sobre feminismo, esta medida ha afectado a todos aquellos contenidos impartidos por personal de fuera del centro educativo y hay niños que han llegado a quedarse sin recibir un taller sobre reciclaje porque a sus padres se les olvidó firmar la autorización.

Sin embargo, su centro de atención sigue estando en los colectivos feministas y LGTBI. “Lo que no soportamos es que os metáis en nuestra casa y nos digáis cómo tenemos que vivir y cómo tenemos que educar a nuestros hijos. Y menos aún que con el dinero público promováis la pederastia”, dijo el partido en Twitter, un mensaje que les costó que cerraran la cuenta por incumplir la normativa de la red social.

Para poder ver desde dentro cómo son esas charlas que Vox tanto está luchando por eliminar, vamos hasta Murcia para asistir a dos de ellas, impartidas por Eva Illán, de la asociación LGTBI No te prives.

El centro, que ha accedido a dejarnos ver las charlas y a grabarlas sin ningún problema, ha pedido que no se identifique el nombre del instituto por miedo a las críticas que pueda recibir por apoyar la labor de esta asociación.

¿Qué cuenta la educadora social?

Eva, que está acostumbrada desde hace años a impartir charlas sobre la igualdad para el colectivo LGTBI, entra en la clase de 1º de la ESO con calma y la misma dulzura que tiene fuera de ella. Los niños la saludan con un “hola, profe”. Ya la habían visto hacía una semana, en la primera parte de estas charlas que ahora finalizan.

En esta primera sesión, los niños llegan algo agitados del cambio de clase, preguntan por la cámara, pero se van calmando cuando Eva empieza a hablar. Solo cuatro niños de esta clase se han quedado fuera por el pin parental, muchos menos que en la siguiente sesión.

Antes de empezar con la charla, Eva recuerda con los niños los conceptos aprendidos en la sesión anterior. “¿Os acordáis de qué significan las siglas de LGTBI?”. Un buen grupo de niños trata de demostrar su conocimiento. “Lesbiana, gay, transexual…”.

La dificultad llega cuando tienen que explicar qué significa cada sigla. Lesbiana y gay lo tienen claro, bisexual también. La transexualidad, más o menos. “Es un niño que se cree niña”, trata de explicar uno de los chicos. La intersexualidad sí que les parece todo un mundo. Ella, con paciencia, les pone ejemplos y parece que entienden el concepto.

Desde ahí, comienza la nueva charla. La primera diapositiva se centra en explicar lo que es la LGTBIfobia. “¿Por qué creéis que ocurre esto?”, pregunta a los niños, para que se involucren. “Porque lo ven raro”, dice uno de ellos. “Se creen que son diferentes”, dice otro. Esto da lugar a otro debate: ¿por qué se tiene miedo a lo diferente? Esto sí lo tienen claro todos: “Porque nunca lo han sentido”, sentencia uno de los niños de las filas de atrás, que será de los que más participe en la clase. Para solucionarlo, dice, lo que hay que hacer es “ponerse en su lugar”.

Viendo el interés de los chicos, Eva trata de hacerles reflexionar y de ver la discriminación que existe a su alrededor. “Yo conozco a dos, pero tienen miedo de decírselo a la gente”, dice un niño. A la pregunta de si dos chicos podrían pasear de la mano por el instituto en el que se encuentran, la mayoría responde, tajante, que no. “No les dejarían en paz”.

La siguiente parte de esta charla se centra en explicar la situación del colectivo LGTBI en todo el mundo. Con un mapa marcado por colores, Eva va explicando cuáles son los países en los que la homosexualidad es un delito y cuáles son aquellos que protegen a las personas de este colectivo. Cuando habla de la pena de muerte por una orientación sexual, la sorpresa de los niños es muy visible. “¿Pero qué dices?”, dice un niño. “Sí, mi padre me ha dicho que en nuestro país, los matan”, dice otro alumno, cuyo país de origen no especifica, pero hace la mención cuando hablan de Arabia Saudí.

Al llegar a la situación de España, algunos se enorgullecen al verlo en azul, el color que marca que el país cuenta con leyes como el matrimonio homosexual. “Vamos, que somos los mejores”, dice un niño.

“La homosexualidad no se contagia, no se educa”: así son las charlas en peligro por el pin parental en Murcia

Este es el mapa que Eva muestra a los niños. | Foto: ILGA

En la charla de Eva, además de sus explicaciones, los niños ven varios vídeos, algunos con actores, otros con historias reales, que muestran situaciones de discriminación. Uno de los que más interés genera entre los estudiantes muestra cómo un niño tiene problemas en casa por llevar vestidos.

Uno de los alumnos se emociona y, discretamente, pide a su tutora salir de clase. Le da vergüenza que sus compañeros le vean llorar. Por esto precisamente, comenta después Eva con la tutora, es necesario educar en el respeto.

Al acabar el vídeo, muchos preguntan si el protagonista es transexual. Eva, con mucha paciencia, vuelve a explicar en qué consiste la transexualidad. “Las personas transexuales nacen transexuales, no cambian cuando son mayores, no tienen de repente un capricho”, señala. “Su identidad es consciente a partir de los tres años”, añade. Aquí, los niños se arman un pequeño jaleo. Entonces, ¿no se puede cambiar de orientación sexual? Se preguntan. Otra vez, Eva explica las diferencias entre los términos y se centra, sobre todo, en remarcar que “la homosexualidad no se contagia, no se educa, un psicólogo no te puede decir que ya no vas a ser homosexual”.

También tiene que responder a dudas sobre la bisexualidad. “Los que menos sufren entonces son los bisexuales, ¿no?”, pregunta un niño. “También tienen sus problemas, contesta Eva, porque se les dice mucho que están confundidos, o que son unos viciosos, y por eso también sufren”.

Una segunda charla más complicada

Dos horas después, vuelvo con Eva a otra clase de 1º de la ESO. A esta charla, además del grupo de alumnos de este curso, se han sumado tres de otra clase en la que, de 12 alumnos, ocho se han quedado fuera por no contar con la autorización de sus padres.

Después de lo bien que ha ido la primera charla, aquí nos llevamos la sorpresa, pues los niños no tienen intención de ponerle las cosas fáciles a la educadora social. Nada más empezar, seis chicas dicen que no tienen autorización y piden irse de la clase. El profesor, visiblemente molesto con su actitud, las acompaña fuera, pero finalmente vuelve con cuatro de ellas que resultaron sí tener la autorización para estar en la clase, aunque claramente no quieren escuchar la charla. Tan claro lo quieren dejar, que se sientan de espaldas.

Mientras, uno de los niños pregunta: “¿De qué vamos a hablar, de los maricones?”. Eva no deja que se vea su incomodidad y responde con calma. “Maricón es una palabra que sienta mal, es un insulto”, explica.

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La educadora social, en un momento de la charla. | Foto: The Objective

Al mismo tiempo, dos niños y dos niñas sentados al principio de la clase miran con exasperación a sus compañeros, que no les permiten escuchar, y le piden a la educadora social que, por favor, les dé la charla aunque sea solo a ellos. Aun cuando decide centrarse solo en estos cuatro niños, Eva tiene que interrumpir la charla en repetidas ocasiones y saltarse algunas partes, que sustituye por vídeos, que parecen generar algo más de interés en la clase.

Mientras los de las filas de delante preguntan y debaten interesados, una de las niñas que se había sentado de espaldas se levanta y dice que se quiere ir. Tras la negativa del profesor, pone caras de asco a los vídeos e insiste en que le duele la cabeza y le molesta el ruido de la clase. Eva, sin perder la paciencia, le pide que respete a sus compañeros y pone el último vídeo, el mismo que en la clase anterior. Por fin, todos guardan silencio. Hasta que aparece un hombre con un vestido. Aquí, otra vez, las risas y los comentarios despectivos.

Toca el timbre y salen todos corriendo, era la última clase del día. Menos los cuatro niños de delante. Ellos, que han perdido parte de la charla por culpa de sus compañeros, se acercan a darle las gracias a Eva.

Los profesores, hartos del pin parental

Ni un solo profesor de los que me he cruzado en este instituto de un pueblo de Murcia está contento con la medida implantada por Vox. Todos critican que se ponga en duda la profesionalidad del centro educativo a la hora de elegir los contenidos que se imparten a los alumnos.

Además, muchos de los padres dejan en manos de los niños la decisión sobre las charlas a las que quieren asistir, señalan indignados. Y claro, ¿qué niño no quiere saltarse una clase de cualquier tipo?, se preguntan.

“Los centros se deberían plantar”, dice una de las profesoras, que opina que los centros educativos no están siendo lo suficientemente valientes como para criticar abiertamente esta medida. Me cuentan, sin embargo, que algunos centros han decidido, aunque no lo han hecho público, no pedir a sus alumnos la autorización para las charlas que se imparten en el colegio o instituto.

Las charlas de 'No te prives', impartidas solo por profesionales

Resulta paradójico que el mismo Gobierno que está intentando limitar y controlar las charlas del colectivo 'No te prives' sea el que subvenciona a la asociación.

En ella, además de todos los voluntarios, trabajan tres personas, y son ellas las encargadas de dar las charlas porque, como cuenta Eva, es imprescindible tener una formación. Ella es educadora social y sus compañeros son un profesor y una mujer especializada en integración. “Nosotros cuidamos mucho este aspecto”, nos cuenta. Para incorporar alguien nuevo al equipo no solo basta con la formación, explica. Además, tiene que pasar un tiempo acudiendo a sus charlas e impartiéndolas de manera conjunta con ella.

Ahora, 'No te prives' tiene que echar un poco el freno y pensar cómo organizarse porque, a pesar de que el Gobierno lleva otorgándoles subvenciones desde hace años, ahora cada vez reciben menos.

En Murcia no hay más asociaciones con un personal formado que impartan estas charlas. La Cruz Roja da algunas charlas sobre salud, la mayoría de ellas impartidas por voluntarios. En Cartagena hay otra asociación que hace una labor similar, pero no es tan extensa. Por tanto, estas charlas que, a la luz de lo que hemos vivido en la segunda clase, son aún tan necesarias, están en peligro en Murcia, donde la formación de ultraderecha no deja de presionar para que se limiten, o incluso eliminen, las subvenciones a estas asociaciones.

En este vídeo mostramos algunos fragmentos de las charlas impartidas por Eva Illán: 

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