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La 'kamikaze' que ha creado la academia para formar a los jóvenes que liderarán el futuro

Después de ocupar altos cargos en multinacionales, Vera Mandic ha fundado Bspark, una escuela de liderazgo con alumnos de todo el mundo

Foto: Carola Melguizo | The Objective

A los 14 años tuvo que huir de Serbia por la guerra que campaba en los Balcanes. Era 1994 y la familia Mandic cruzó a Hungría para que el hijo mayor, de 16, no fuera llamado a las filas del ejército. De ese antes de todo, ella recuerda las tiendas vaciadas, el sueldo mensual que no daba para una barra de pan y las recetas tramposas para hacer tres litros de zumo con una sola naranja. Recuerda la tele siempre encendida con el Parlamento, los tanques recorriendo las calles, los vecinos que se fueron a la batalla y no volvieron. Recuerda, dice ahora, el miedo constante. Domada por el espíritu salvaje de la adolescencia, no entendía cómo los líderes del país permitían que se destruyeran tantas familias ni que ese éxodo —ese miedo— encontrara lugar.

Han pasado 25 años y Vera Mandic sitúa ahí el momento en que tiró la madeja al suelo y se internó en un laberinto personal y profesional solo acompañada, solo guiada, por un hilo: ¿cómo puede cambiar el mundo si cambian los líderes que lo dirigen? Y, ¿cómo puede ella influir en ese cambio? Esta es, así, la historia de esa niña cabezota convertida en una emprendedora kamikaze, que ha creado una academia de liderazgo basada en valores como la empatía, la integridad o la honestidad. Bspark, que no tiene ánimo de lucro, elige a jóvenes de todo el mundo que están llamados a ser los próximos líderes del futuro.

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Vera Mandic (1980, Vrbas, Serbia) llegó a Hungría sin saber el idioma. Sus padres la mandaron directa a Budapest a un internado donde impartían las clases en serbio y había niños de toda la antigua Yugoslavia. “Era como estar en un ejército. 16 personas en la misma habitación. Las literas. Nos levantaban a las seis de la mañana. Te llamaban por el nombre de tu ciudad. En la comida había hasta cordones de zapatos. Estuve allí un año y pico. En el segundo curso, decidí que me volvía con mis padres”.

En Szeged, muy cerca de la frontera serbia, Vera luchaba por manejarse en un lugar donde no entendía las palabras. Se aprendía los textos escolares de memoria, estudiaba cada día con su madre y una hoja de papel de calco el significado de cada frase. Aprobó el curso, aunque reconoce que tardó seis años en hablar bien el idioma.

En esa etapa de su vida comenzó a estudiar español con un profesor de Granada y se enamoró del país. “Odiaba Hungría y no tenía sentido volver a Serbia. Así que decidí que quería vivir en España sin haber estado nunca”. Sonríe ahora que lleva ya 11 años en Madrid.

Aquí hizo sus primeras prácticas universitarias en el departamento de marketing de una empresa familiar de microchips, y aquí también trabajó en los gigantes de Procter&Gamble (propietario de 80 marcas internacionales como Gillete, Tampax, Max Factor o Ariel) y British American Tobacco.

Cuenta que cuando terminó Económicas en Budapest era todavía una joven idealista que no quería trabajar en multinacionales. Pero ahí volvió a desenredar su madeja y se dio cuenta que era la puerta para influir en las personas con dinero y poder para cambiar las cosas.

Empezó en P&G y, dos años después, el 26 de agosto de 2008 se montó en el avión que la trajo a España. “Al principio fue genial, aprendí un montón, tenían un código ético y todo el mundo era superinteligente. Pero poco a poco, comencé a ver las pequeñas y grandes injusticias. Yo tengo una reacción tóxica con la injusticia, no me puedo quedar callada, siempre tengo que hacer o decir algo. En Hungría se respetaba mucho la cultura americana y se guardaban más las formas, las injusticias estaban más encubiertas. Pero en España… se veía mucho el nepotismo, el sexismo, la brecha en los salarios”.

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Vera Mandic durante un panel en Decelera en Menorca. | Crédito: Decelera

La primera vez que Vera me habló de kamikazes fue mirando al mar. Ella estaba invitada como experience maker en el programa de emprendimiento Decelera, que se celebra en Menorca, para ayudar con su experiencia  a los que ahora están montados en la montaña rusa de sacar adelante una startup.

Participó, además, junto a otras cuatro profesionales en el panel sobre cómo es ser mujer líder en el mundo tecnológico y empresarial actual. Ellas desenredaron con sus historias los sesgos, el trato discriminatorio en las reuniones, el impacto de la falta de confianza. Aportaron algunas soluciones para no dejar al 50% de la población fuera de la futura toma de decisiones.

En la comida posterior, además de empoderamiento femenino, Vera detalló su ilusión por formar a los jóvenes en nuevos valores. “La gente joven cuando empieza a trabajar, da igual la profesión, tiene mucha ganas de hacer las cosas bien, de aprender y avanzar respetando a su jefe y a la organización. Cuando empiezan a ver las injusticias, es donde he observado tres tipos de comportamientos”.

La mayoría silenciosa: son los empleados que señalan lo que no se está haciendo bien, pero terminan callándose tras argumentos como “esto siempre se ha hecho así y porque —piensan— que tampoco están matando a nadie. Se convierten en alguien que no quieren convertirse”, explica Mandic.

Luego están los que deciden aprovecharse de lo que ocurre, se arriman a los jefes y empiezan a subir en su carrera mucho más rápido que los demás: los darksiders, los trepas. “Piensan que todo el mundo les odia porque son más listos y más exitosos. La mayoría de ellos no son mala gente, sino que han perdido la fe en el sistema”.

El tercer tipo de comportamiento es la gente que no se calla y trata de buscar soluciones “creativas”: “normalmente les hacen la vida imposible y, al final, o se van de la organización o toda esta energía se convierte en frustración. Son como un tumor en la empresa. Yo les llamo kamikazes, porque para conseguir algo por una causa mayor que ellos se matan a nivel profesional”.

“A esos busco, a los kamikazes”, me dijo. Lo apunté en notas del teléfono. Era el 31 de mayo de 2019.

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Tras nueve años en altos cargos, exhausta de golpear el muro de hormigón que suponía tratar de influir en jefes de multinacionales, Vera Mandic decidió salir del camino rodado para crear su propia ruta en 2017.

Al rastrear escuelas de liderazgo por todo el globo se dio de cuenta de las ausencias: las academias tradicionales solo se dedicaban a ayudarte a ascender; las éticas no daban herramientas para poner en prácticas las buenas ideas; todas estaban centradas en el mundo empresarial —cuando hacían falta buenos líderes en la política, en los medios, en el arte, en el deporte— y en profesionales adultos, cuando Vera buscaba jóvenes.

“No tenía en mente abrir nada mío, porque mi padre fue emprendedor y siempre vivíamos con esa incertidumbre. Después de la guerra y de vivir con esos altibajos de seguridad, nunca pensé que yo podría emprender”.

Pero hizo cuentas, mandó un documento inspiracional a un centenar de personas en busca de feedback, visitó la escuela THNK de liderazgo creativo en Amsterdam e hizo un estudio de mercado con 30 jóvenes profesionales para ver cómo debía ser la escuela. Limó ideas. El objetivo era encontrar a esos kamikazes “que tienen el talento, la pasión y quieren cambiar las cosas, pero no tienen herramientas, y enseñarles cómo pueden influenciar a la mayoría silenciosa”.

Nacía Bspark (“sé la chispa”, en su traducción al castellano). Un academia de 15 meses online con dos visitas de dos semanas a Madrid (“los jóvenes no se pueden permitir faltar a su trabajo más tiempo”). 20 alumnos por curso procedentes de todo el mundo y de distinta profesión, contexto económico e intereses. Guiados en cada momento por coachs, profesores y hasta compañeros emocionales. Más de 220 sesiones a través de Google Meets.

Tres bloques de asignaturas: de la filosofía al storytelling

El currículum que planeó Vera cuenta con más de 20 asignaturas repartidas en tres grandes bloques. El primero trata de fortalecer el carácter: es el más complicado —según nos dice— y está pensado para conocerte a ti mismo y enfocarte en tus fortalezas. Se estudia filosofía, pensamiento crítico, ética proactiva, diversidad, economía circular y regenerativa, emprendimiento social.

Segundo bloque: influenciar, a base de enseñanzas en storytelling, hablar en público, arte de negociación, liderazgo con valores, mentoring, coaching. “Ya te conoces a ti mismo, a los demás y sus diferencias, y ya sabes pensar de una manera crítica, desde un punto de vista empático, es hora de influir en los demás”.

El último apartado del curso es para maximizar el impacto. Está centrado en reducir el estrés y llegar a un estado sostenible de bienestar físico y mental. Algunas de las clases son nutrición holística, yoga, meditación, mindfulness, psicología positiva, inteligencia emocional. Aprender a enfocar tu energía (“todos tenemos muchas cosas donde somos buenos, pero hay una o dos donde somos especiales”), y organizar tu vida en función de tus prioridades para saber decir no (“tenemos tantas expectativas de nosotros mismos, que vivimos con la sensación de culpabilidad de no ser suficiente”).

Vera Mandic en una presentación de Bspark.

Vera Mandic lanzó un crowdfunding para poner en marcha el proyecto piloto: consiguió 30.000 euros —menos de lo que había fijado— para pagar a los profesores y becar a algunos alumnos. Duró nueve en vez de 15 meses y solo seleccionaron a ocho estudiantes (procedentes de siete países diferentes).

Desde una trabajadora del Gobierno de Hong Kong, una música argentina, un directivo regional de Microsoft en Eslovaquia hasta un abogado y activista por los derechos humanos de Sierra Leona.

“Salió genial. Medimos a los alumnos al principio, en función de sus objetivos, y el cambio que lograron fue brutal”.

Akash Rajkumar, de India, trabajaba en el sector de iniciativas estratégicas de TechMahindra, ahora está haciendo trainings en su empresa de lo que aprendió en la empresa. Estefania Bejarano, ingeniera eléctrica de Colombia, está poniendo en marcha su propia startup para hacer un cambio a modelos de energía más sostenibles.

Para su creadora, este proyecto sirvió para validar el contenido y los profesores. Entre los que se encuentra Maryam Pasha, directora de TEDx en Londres, que imparte las clases de storytelling, o Vanessa King, experta en Psicología Positiva y una de las personas que integra a nivel mundial el consejo de esta disciplina. “Son profesionales que tienen su propia empresa o trabajan para organizaciones y además dan clases en universidades. Buscaba en ellos un acercamiento práctico y pragmático. No me interesa que la gente sepa lo que hay que hacer para cambiar, me interesa que lo haga”, explica.

La nueva edición empezará en abril de 2020 con 20 alumnos y se va autofinanciar, es decir, la matrícula de los alumnos (desde 6.750 euros) servirá para pagar a los profesores y el espacio. La idea de Vera en no tener un solo curso al año, sino dos, uno en abril y otro en septiembre.

“15 meses son suficientes para empezar a construir estos hábitos, pero es un aprendizaje continuo, tienen que seguir avanzando por su cuenta”. Por esa razón, explica, se crea una red de apoyo para después del curso en el que los alumnos cuentan con mentores.

Keke Haïna fue una de esas alumnas. Es fundadora de la ONG IMARA —que se dedica desde 2015 a garantizar el acceso seguro a la educación de niñas y mujeres en Comoras—, embajadora de la organización mundial One Young World y fue elegida como por la Fundación Obama como una de las líderes africanas de 2018. Ella tituló el ensayo sobre su paso por Bspark como Me rompieron las alas.

Lo recuerda Vera Mandic, todavía orgullosa: “Ella explica que iba a muchas conferencias de liderazgo, incluso conoció a Obama, y se nutría de la inspiración de los demás. Esto le duraba dos o tres meses y luego se volvía abajo. Dice que intentó volar demasiado lejos y demasiado alto y se cayó. Cuenta como en Bspark le rompimos esas alas prestadas y le ayudamos a que crecieran las suyas propias. Dice que está muy orgullosa, porque aunque son todavía muy pequeñitas, son las suyas y esas no le van a hacer caer”.

En este vídeo, Vera Mandic recopila las cinco cualidades principales que se necesitan para ser un buen líder:

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