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La música también hay que verla

Foto: Foto cedida por Susana Monteagudo y Marta Colomer-Tutticonfetti

“La música expresa aquello que no puede decirse con palabras pero no puede permanecer en silencio”. Así definía este arte Víctor Hugo, uno de los mejores novelistas franceses. La música define generaciones, crea afinidades, contribuye al desarrollo cultural y social y cuando uno la escucha pasa de estar solo a estar en compañía. Existen cantidad de libros, ensayos, novelas y poesía en torno a ella y quienes viven de ella aseguran que es complicado abandonarla. Pero, como decía Igor Stravinsky, “no basta con oír la música, además hay que verla”. Y esto es lo que han hecho Susana Monteagudo y Marta Colomer-Tutticonfetti en It’s only rock and roll. Una historia del rock ilustrada que edita Lunwerg: crear un volumen de 180 páginas en las que las palabras de Susana se entremezclan con las ilustraciones de Marta.

Así empieza este libro: “La historia del rock es la historia del triunfo de la rebeldía, del deseo de los jóvenes de romper con todo aquello que no les pertenece y crear su propia cultura”. Elvis Presley, Janis Martin, Wanda Jackson, Chuck Berry, The Beatles, The Rolling Stones, Janis Joplin, The Kinks, el punk, el rock, el movimiento mod hasta Amy Winehouse y Michael Kiwanuka. Todos ellos pueblan estas páginas que han sido creadas con “la intención de realizar un contenido didáctico, sencillo y ameno que pudiera acercar este movimiento cultural al mayor público posible”, dicen sus autoras. Como una guía práctica para los principiantes o como un objeto de coleccionista para los más expertos, It’s only rock and roll. Una historia ilustrado del rock reúne a unos artistas imprescindibles que, sin duda, acometieron una revolución.

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Portada del libro. Imagen vía Lunwerg.

En ese sentido, las diferentes etapas del rock se van sucediendo y, a pesar de la complejidad de algunas de ellas, la escritura de Susana Monteagudo es sencilla y directa. Fue complicada, también, “la selección inicial de contenidos”, porque ambas buscaban que “dentro de su sencillez fuera riguroso y completo”. En términos de artísticos Marta ejerce una ilustración muy cercana al diseño gráfico. Casi siempre lo hace de manera digital, “alguna vez boceto algo en papel, pero son las menos veces y cuando estoy poco inspirada”, asegura. En este caso en concreto a medida de Susana le iba dando los capítulos del libro que tenían entre manos “leer sus textos era lo que me daba la inspiración, aunque previamente supiera cómo era Janis Joplin solo después de leer el texto la podía visualizar mejor”.

Pues bien, texto e imagen se dan la mano en esta edición y, para que su lectura y la de esta entrevista tenga un ritmo propio, podéis darle al play al reproductor que recoge las once canciones imprescindibles para sus autoras. No dejéis de mover los pies (y cantar si queréis).

 

 

Los jóvenes de los años 50 sentían suya esa música que estaba surgiendo y la escuchaba en la radio. ¿Hasta qué punto es la música una manera de entender una época?

– Como el resto de manifestaciones artísticas, la música es también una esponja que recoge pulsiones sociales presentes en diferentes comunidades y/o épocas. Si el blues se convirtió en seña de identidad y medio de expresión de la situación de los afroamericanos a principios de siglo XX, el rock recogió y expandió el deseo de emancipación y rebeldía de una juventud que reivindicaba su sitio a mediados del mismo siglo. Entonces no existía una cultura juvenil en el sentido en que se presenta en la actualidad ni éstos eran tomados como potenciales consumidores. Pero su reivindicación surtió un efecto tan poderoso que revertió el orden establecido, encontrándonos con una juventud idealizada hasta el extremo en el presente.

Y, ¿cuál es su papel en el desarrollo social?

La música, en general, es un elemento de cohesión social que brinda experiencias compartidas y fomenta el sentimiento de pertenencia a un grupo. Es, por supuesto, un factor de desarrollo artístico y cultural así como un potente medio de expresión. El rock, como elemento contracultural, ha vertebrado también movimientos socialmente comprometidos y ha servido para transmitir ideas como el pacifismo durante el revival folk, el anarquismo en el punk, el anticonsumismo en el grunge o el feminismo con las Riots Grrrl.

Los jóvenes de hoy en día sienten suyas las redes sociales. El panorama ha cambiado increíblemente. Qué similitudes y qué diferencias advertís?

Cambian los medios y las formas, pero en esencia creo que es lo mismo. Buscan diferenciarse de las generaciones anteriores, un espacio que les pertenezca, una cultura propia. Lo que hicieron con la radio, el rock and roll o los coches en los cincuenta, ese deseo de autonomía y reafirmación lo hacen ahora en las redes sociales, youtube u otras manifestaciones culturales y espacios. A los adultos nos parece que viven aislados de la realidad, pero esa es su realidad y la censuramos de manera reaccionaria. Todo ello nos asombra e incluso nos escandaliza de la misma manera que sucedió con la liberación sexual o el rock and roll en el pasado.

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Janis Joplin forever. | Illustración de Marta Colomer-Tutticonfetti.

¿Es alguno de los géneros musicales actuales equiparable al rock and roll?

El rap o el más actual trap podrían encarnar aquella rebeldía del rock and roll primigenio. Tenemos ejemplos en la actualidad de cómo algunas de estas expresiones culturales han resultado molestas para el sistema, se han censurado e incluso han sido condenadas con penas de cárcel como en el caso del rapero Valtonyc.

¿Qué circunstancias o ingredientes tendrían que darse para que se diera un fenómeno semejante?

Creo difícil que vuelva a vivirse una situación como la de entonces, al menos en las sociedades desarrolladas. Principalmente porque entonces no existía una cultura juvenil como la actual. No eran tenidos en cuenta. No, al menos, como en la actualidad. Aquellas primeras revueltas juveniles alimentadas por la Generación Beat literaria o la cultura rock les colocó en el mapa como una nueva fuerza social. Tendría que vivirse una situación límite en la que pierdan su poder como grupo para que se reprodujeran aquellas circunstancias que se manifestaron a través de la música. De todas maneras, aquellos movimientos de inconformismo y rebeldía siguen presentes, en menor escala quizá, pues son inherentes a la juventud y siempre existen motivos para expresar malestar hacia el sistema. Pensemos, por ejemplo, en el 15M.

En el libro no sólo hay música sino su contexto histórico. ¿Cuáles fueron los factores esenciales de aquella época?

Hay que tener en cuenta que tras medio siglo de guerras, llegó la paz a Occidente. Era una época de prosperidad económica pero de gran conservadurismo y con marcadas desigualdades sociales. La explosión demográfica propició una extensa generación de jóvenes que vivían con ciertas comodidades, tenían dinero y empezaban a acceder al consumo. Podían comprar coches y discos, lo que les colocaba en nuevo objetivo del mercado. Al mismo tiempo, las traumáticas experiencias bélicas habían extendido corrientes filosóficas y literarias como el existencialismo o la Generación Beat. Estas ideas libertarias (tanto en cuestión sexual, de género y raza), pacifistas y antiautoritarias fueron adoptadas por la juventud de manera mucho más activa durante los años sesenta.

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Patty Smith. Ilustración de Marta Colomer-Tutticonfetti.

¿Y el papel de la mujer rockera?

El papel de la mujer en el mundo del rock no puede ni debe menospreciarse. Es incuestionable, por ejemplo, la influencia que ejerció la cantante y guitarrista de góspel, Sister Rosetta Tharpe en el nacimiento del rock and roll. Sí es cierto que a la mujer se le han puesto trabas desde el patriarcado para el acceso a ámbitos más allá de los cuidados y el hogar, pero fueron muchas las mujeres (también en el masculino mundo del rock) que desafiaron el modelo impuesto. No tenían, en su mayoría, una conciencia feminista como la entendemos ahora. Entonces peleaban por su libertad de elección y poder hacer aquello que les gustaba. Las primeras rockeras tuvieron que lidiar con discográficas que aseguraban que “las mujeres no venden discos” como el caso de Wanda Jackson, o con maridos que demandaban su vuelta al “sitio que les corresponde” como sucedió con Janis Martin. Aquellas mujeres y las que siguieron se convirtieron en heroínas del feminismo. Por eso mismo, y más en el caso de un libro hecho por mujeres, hemos tenido especial cuidado en reivindicar su sitio en la historia.

También se dio un fenómeno en el que música y arte se unieron para concebir las portadas de los vinilos. ¿Qué perseguían con ello?

La música es un arte. Las distintas expresiones del arte (como la música, pintura, fotografía o cine) forman parte de una misma realidad cultural y han interactuado desde siempre. Antes me refería a la vertiente contracultural del rock, pero aquellas ideas no eran terreno exclusivamente musical. Por ello se materializaron colaboraciones extraordinarias como la de Andy Warhol junto a The Velvet Underground o The Rolling Stones. Además, a partir de los setenta, fueron muchas las bandas surgidas en los entornos de las escuelas de arte que apostaron especialmente por una concepción visual y estética en sus propuestas. Algunos ejemplos fueron Roxy Music o Talking Heads.

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