La píldora anticonceptiva: ¿la gran enemiga de la libido femenina?
Foto: Wes Hicks| Unsplash

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La píldora anticonceptiva: ¿la gran enemiga de la libido femenina?

Lleva 60 años con nosotros y sigue siendo controvertida: muchas de sus usuarias se quejan de la caída en picado de su apetito sexual a raíz de tomarla, mientras que algunos estudios y expertos aseguran que esta falta de libido no puede atribuirse a su consumo

por María Paredes

«Cuando empecé a tomar la píldora estaba contenta porque me aumentó el pecho, pero a los tres meses noté que se me fue la libido completamente y no me apetecía hacer el amor, me daba muchísima pereza. Tenía ya al que es mi novio de siempre y, cuando lo hacíamos, me costaba muchísimo lubricar. Fui al ginecólogo varias veces a contarle este problema y su única respuesta fue ‘pues usa lubricante’», relata Sandra, doctora en veterinaria, quien también sufrió fuertes cambios de humor y se sentía constantemente «con los nervios a flor de piel» a raíz de su consumo. No es la única. 

Para la elaboración de este reportaje le pedimos a algunas consumidoras de anticonceptivos orales que nos dijeran si habían notado algún efecto adverso con su ingesta, y la retahíla fue larga: retención de líquidos, sentimiento de profunda tristeza, celulitis, hinchazón, aumento de peso, mayor propensión a desarrollar hongos vaginales, sentimiento de estar en una «montaña rusa emocional», irritabilidad, cloasma y, de nuevo, la temida ausencia de libido.

Prácticamente todas las mujeres con las que hemos hablado refieren que la han sufrido y, por ello, le preguntamos al presidente de la Sociedad Española de Contracepción, el ginecólogo José Gutiérrez Alés. Esta fue su respuesta: «Mientras más compleja es una acción en nuestro cerebro más difícil es encontrar la causa cuando hay una disfunción. Y desde luego, una situación tan complejísima como el deseo sexual, no se puede achacar -si desaparece- a un anticonceptivo hormonal combinado», afirma el doctor, que explica que ese, «anticonceptivo hormonal combinado», es el nombre científico de la comúnmente conocida como píldora. Y continúa: «El deseo sexual tiene que ver con el nivel de entrañamiento dentro de la pareja, con los niveles económicos, con la relación que tiene con su entorno, con la relación laboral, con la relación con sus hijos, con sus vecinos, con sus padres, con sus hermanos, con su familia… Es complejísimo definir el deseo sexual por la cantidad de inputs que tiene a nivel cerebral». Por eso, argumenta que «cuando sabes que estás usando un anticonceptivo efectivo para evitar una consecuencia que no te apetece en ese momento, que es la de tener un embarazo, no hay absolutamente ninguna ausencia de deseo. ¿Por qué? Porque la pareja funciona perfectamente». En esta línea apunta también este estudio, llevado a cabo por Kristen Mark, investigadora sexual de la Universidad de Kentucky, quien aseveró lo siguiente: «Nuestros hallazgos son claros: la píldora no mata el deseo, y esta investigación ayuda a reventar esos mitos y, con suerte, a deshacerse de este guion cultural común en nuestra sociedad». 

«El que los anticonceptivos hormonales orales combinados pueden disminuir el deseo sexual se sabe desde hace casi 40 años»

Sin embargo, la cuestión no es, ni mucho menos, unánime. Esta otra investigación, titulada Función sexual femenina y anticoncepción hormonal revisa toda la literatura publicada en inglés en la base de datos Medline (la mayor base de datos de bibliografía médica que existe) sobre la determinación de las hormonas en el funcionamiento sexual, llegando a la siguiente conclusión: «El que los anticonceptivos hormonales orales combinados pueden disminuir el deseo sexual se sabe desde hace casi 40 años. Con los anticonceptivos hormonales orales combinados de dosis alta, se ha observado una proporción de mujeres con bajo deseo sexual (del 5 al 32%). Incluso, se ha señalado que alrededor del 8% de las mujeres que toman anticonceptivos hormonales orales combinados los suspenden por razones relacionadas con los efectos secundarios sexuales». Y añade: «También se ha demostrado que estos pueden reducir la cantidad de relaciones sexuales, la frecuencia del orgasmo durante el coito y reducir los pensamientos y el interés sexual». 

El estudio, a cargo del Instituto Palacios Salud y Medicina de la Mujer, recoge la explicación científica a por qué a algunas mujeres les desaparece la libido en cuanto empiezan a tomar la píldora. Es esta: «En la actualidad se dispone de anticonceptivos hormonales en diferentes dosis de etinil estradiol, o estradiol y progestina, o solo progestina, con distintas vías de utilización. Los hormonales con progestinas antiandrogénicas pueden interferir con las concentraciones de andrógenos, y ello resultar en un efecto negativo en la función sexual femenina». Y concluye: «Si los anticonceptivos hormonales pueden disminuir los andrógenos, ello explica por qué disminuye el deseo sexual».

Por su parte, la psicosexóloga Martina González Veiga aporta también una explicación a por qué algunas mujeres experimentan esta caída de su apetito sexual: «(Con la pastilla) se introduce un compuesto químico hormonal que inhibe la menstruación. No va a haber ovulación, por lo tanto, los cambios fisiológicos propios de esta no se van a producir, y los picos de libido que refieren muchas personas asociados a ella no los van a experimentar». En el caso de Sandra, la doctora en veterinaria, cuando dejó de tomar la píldora, recuperó la libido y volvió a disfrutar del sexo con su pareja. Lo mismo le pasó a María José, psicóloga de 27 años: «Yo empecé a tomarlas muy joven, a los 17 años, y simplemente mi cuerpo se acostumbró a ellas. Pensé que era normal tener ese nivel de libido pero es ahora, al dejarlas, es cuando me he dado cuenta de que tengo mucha mayor apetencia sexual». 

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Foto: Reproductive Health Supplies Coalition | Unsplash.

¿Podría la píldora tener menos efectos adversos… si sus consumidoras no fueran solo mujeres?

Tanto Sandra como María José empezaron a tomar la pastilla anticonceptiva para regular su menstruación. María, periodista de 35 años, lo hizo para mantener a raya la endometriosis que le había sido diagnosticada (y de la que fue operada con tan solo 23 años). Tras ocho años tomándola, tomó la decisión de cortar con ella: «Al principio no tenía muchos efectos secundarios, pero al cabo de un tiempo lo empecé a pasar bastante mal: tenía muchos cambios de humor y estados de ánimo súper bajos, un poco depresivos. Y yo no tenía muy claro a qué se debía, pensé que era una cosa mía. Pero al empezar a leer sobre el tema y comentar con amigas, hice el puzle y caí en eso. Tenía mucho miedo a dejar de tomarla porque el único tratamiento que me ofrecían para la endometriosis era ese. Al final fui al ginecólogo y le comenté que lo estaba pasando mal y pasaron bastante de mi cara, así que al final decidí dejar de tomarla, a riesgo de que los quistes se vuelvan a reproducir. En aquel momento consideré que mi salud mental era más importante». Ahora, María tiene que lidiar con fuertes dolores de regla provocados por la endometriosis. Este último ciclo, cuenta, ha pasado dos días en cama y ha llegado a vomitar. 

La píldora anticonceptiva oral combinada (PAOC), o simplemente píldora, comenzó a usarse en la década de 1960 en Estados Unidos. Desde entonces, muchas mujeres se preguntan por qué no se han mitigado, o directamente subsanado, todos los efectos adversos que trae aparejados. El presidente de la Sociedad Española de Contracepción, el doctor Gutiérrez Alés, considera que «los anticonceptivos combinados sí que han evolucionado muchísimo y sobre todo para ir modulando la aparición de efectos adversos». Y añade la que, a su juicio, es la razón por la cual han experimentado tal progreso: «Lo que más ha hecho evolucionar a la píldora ha sido precisamente el que las mujeres habéis puesto de manifiesto cuáles eran las alteraciones más frecuentes. La diferencia entre los primeros anticonceptivos y los de ahora en materia de calidades y cantidades es absolutamente incomparable», asevera. 

Cuando le preguntamos por la misma cuestión a la psicóloga y sexóloga Martina González, nos responde así: «La ciencia sigue teniendo su sesgo machista. Están saliendo noticias recientemente sobre la vacuna del Covid, sus efectos en las mujeres y en la menstruación que siguen poniendo en evidencia que la ciencia sigue siendo androcéntrica. En mi opinión, lo ideal, además de investigar en pro del bienestar de los cuerpos de las mujeres, sería que se proporcionara información suficiente para que podamos tomar decisiones informadas y tener la mayor agencia posible sobre nuestros cuerpos», algo que, lamenta, no sucede en una buena parte de los casos. 

El estudio del Instituto Palacios de Medicina y Salud de la Mujer pone el foco en otro aspecto: al hablar de sexualidad y deseo sexual femeninos no se puede obviar el carácter multifactorial de estos, ya que «los factores psicosociales, culturales y religiosos pueden influir en el deseo». De hecho, ahonda, «en un estudio se comparó el efecto de los anticonceptivos hormonales orales combinados en dos poblaciones distintas, europea y asiática, y se encontró una clara disminución del interés sexual de las europeas, sin que hubiera cambiado el de las asiáticas. Los autores lo justificaron por el nivel cultural y las experiencias sexuales». Desgraciadamente, no siempre se tienen en cuenta tales distinciones: la mayor parte de los estudios de fármacos y enfermedades se realizan en mayorías abrumadoras de hombres blancos, obteniendo las estadísticas de este grupo de población, tal como revela el artículo de la investigadora de la Universidad de Washington Rebbeca Dresser, titulado Se busca hombre blanco y soltero para estudio médico, en el que afirma lo siguiente: «El sujeto de investigación habitual no solo es un hombre, sino que es un hombre blanco. Los afroamericanos, latinos y otros grupos raciales y étnicos generalmente han sido excluidos de los estudios, a pesar de una directriz formal de los Institutos Nacionales de Salud, que fomenta la inclusión de dichos grupos en las poblaciones de estudio». 

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Foto: Dmitry Schemelev | Unsplash.

¿Por qué no existe ya una píldora masculina? 

Mucho se ha hablado también sobre la posible aparición en el mercado de una píldora anticonceptiva masculina. En 2016 el comité de seguridad de la OMS paró un estudio en fase II con noretisterona y testosterona, que serviría de equivalente masculino a la píldora femenina, por su elevada tasa de efectos secundarios. A pesar de ello, un 75% de los participantes hubiera querido seguir con el estudio.

¿Hay en la actualidad alguna otra iniciativa en marcha para sacar a la luz la píldora masculina? «Sí que hay ahora mismo una iniciativa. Pero yo ya llevo 40 años dedicado a esto y, en mi opinión, que está bastante contrastada y bastante generalizada entre los que nos dedicamos al asesoramiento anticonceptivo, es mucho más fácil para el que está fabricando un anticonceptivo inventar uno femenino que uno masculino. ¿Por qué? Porque lo va a vender más», opina el presidente de la Sociedad Española de Contracepción. «Que sí, que parece muy ruin que esto esté asociado a cuestiones comerciales, pero por qué se va a investigar cosas que se van a vender poco si se puede investigar cosas que se van a vender mucho. Esta es la lógica de los laboratorios. Y te lo digo porque he hablado con miles a lo largo de estos años y ellos efectivamente muestran muy poco interés por investigar métodos masculinos», añade con claridad, y lanza una pregunta: «Si un hombre al que no conoces previamente te dice que utiliza un método anticonceptivo que es absolutamente fiable y que además lo usa de forma consistente y no se le olvida nunca tomarlo, ¿tú te lo vas a creer?». Ya al final de nuestra conversación, le respondo que no me acostaría con un hombre al que no conozco sin usar un preservativo, pero que, si fuera mi pareja, sí reposaría en sus manos la responsabilidad de tomar la píldora anticonceptiva. Como hace ya sesenta años ha reposado en las nuestras. 

María Paredes

María Paredes (Madrid, 1984) es periodista y ha trabajado en Telemadrid, Canal Sur y La Sexta, como reportera de actualidad e investigación. Cuando suelta el micro, escribe de todo (y le pierde el verso).