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La tristeza también tiene su lado bueno

Cada vez más vemos cómo las empresas intentan fomentar entre sus empleados la positividad y la felicidad. En algunas agencias de publicidad, por ejemplo, los creativos cuentan con lo que llaman “sala de pensar”, un espacio diferente y divertido para fomentar la creatividad. Y no solo pasa esto en las empresas: anuncios a todas horas nos recuerdan que debemos evitar la tristeza, buscar motivos para ser felices, para estar alegres.
Sin embargo, varios estudios científicos han demostrado que las emociones negativas despiertan mucho más la creatividad. Si no, que se lo digan a cantantes y poetas del mundo entero, que nos ofrecen constantemente sus letras más profundas sobre sus amores, o más bien sus desamores. Vamos, que si necesitas buenas ideas, mejor estar triste.

Todo tiene una explicación

El hecho de que las emociones negativas faciliten la creatividad tiene una explicación bastante sencilla: una de las habilidades necesarias para ser creativo es la de solucionar problemas, y esto es mucho más sencillo si se han tenido problemas reales. La científica Anna Jordanous, de la Universidad de Kent, y el lingüista Bill Keller, de la Universidad de Sussex, han llevado a cabo un estudio en el que han determinado cuáles son los componentes que intervienen en el proceso creativo. Son catorce en total, entre los que se encuentran la capacidad de tratar con lo incierto, la independencia y la libertad, la originalidad o la espontaneidad. Según la actividad que tengamos que llevar a cabo, estos catorce componentes deberán encontrarse en un nivel u otro para ser efectivos, es decir, no existe la fórmula exacta de la creatividad.

Pero no han sido ellos los únicos en estudiar este tema. Numerosos estudios han tratado de establecer la relación entre la creatividad y enfermedades mentales como la depresión. El danés Karol Jan Borowiecki examinó en un estudio el estado emocional de Amadeus Mozart, Ludwig van Beethoven y Franz Liszt, tres de los compositores más influyentes en la cultura occidental.

Partitura identificada como una creación de Mozart durante su infancia (Foto: Kerstin Joensson/AP)

Partitura identificada como una creación de Mozart durante su infancia. (Foto: Kerstin Joensson/AP)

Utilizó un software de análisis del lenguaje para estudiar textos escritos por estos tres artistas en busca de emociones, tanto positivas como negativas, y después los comparó con sus composiciones más importantes en ese periodo de tiempo. Así, el autor de este estudio descubrió que había una unión entre los períodos más tristes de la vida de estos compositores y sus mejores piezas musicales. “La creatividad, medida por el número de composiciones importantes, es atribuible causalmente a estados de ánimo negativos, especialmente a la tristeza”, explica el investigador.
“La tristeza es una emoción importante, muy importante. La tristeza se genera por la constatación y aceptación de una pérdida, pérdida que incide en nuestro mundo afectivo-relacional”, explica Antonio Esquivias, especialista en educación emocional, y añade que “los artistas, que necesitan crear algo nuevo, encuentran con mucha frecuencia inspiración en la tristeza y esta emoción se encuentra en el origen de algunas de las más bellas obras de arte, tanto de la literatura, como de la música o la pintura y el cine”.

” Los artistas, que necesitan crear algo nuevo, encuentran con mucha frecuencia inspiración en la tristeza”

Como todo, esto se ve mucho mejor con ejemplos. Por eso hemos decidido ahondar un poco más en el mundo de la música y la pintura para buscar signos de esta relación en algunos de los artistas más reconocidos, tanto nacional como internacionalmente.

La “nube negra” de Joaquín Sabina

El famoso cantautor andaluz Joaquín Sabina es un perfecto ejemplo de que una depresión puede ser la causa de la creación de verdaderas obras de arte.

En el año 2005, tras superar una depresión causada por una enfermedad y una ruptura, el cantante publicó su disco “Alivio de luto”. Este álbum dio un paso hacia la sencillez, con una instrumentación más básica para centrarse en la sensibilidad de la música.

“Cuando juego mi muerte al verso que no escribo, cuando solo recibo noticias de la muerte”

“Cuando juego mi muerte al verso que no escribo, cuando solo recibo noticias de la muerte, cuando corta la espada de lo que ya no existe, cuando deshojo el triste racimo de la nada”. Estos son algunos de los versos de “Nube negra”, una de las canciones de este disco, que expresa claramente la difícil época por la que pasó el artista.
Sabina, en numerosas entrevistas, declaró que fue adicto a la cocaína y que, durante la época en que consumía, también se bebía a menudo más de una botella de whisky. Explica que fueron sus amigos los que lo sacaron de esta depresión en la que no sabe cómo entró.

Joaquín Sabina ofrece un concierto en el Hammerstein Ballroom de Nueva York, su primero en EEUU  (Foto: Donald Traill/AP)

Joaquín Sabina ofrece un concierto en el Hammerstein Ballroom de Nueva York, su primero en EEUU. (Foto: Donald Traill/AP)

“Me falta una mujer, me sobran seis tequilas, no ver para querer, malditas sean las pilas que me hacen trasnochar echándonos de menos, echándome de más, almíbar y centeno”. Así comienza la canción “Seis tequilas”, otra muestra de que los malos momentos por los que pasó el cantautor le inspiraron la creación de canciones que, como la mayoría de sus letras, son verdaderas obras de arte.

El rock más triste

Saliendo del territorio nacional y acercándonos a otro género musical, nos encontramos con los casos de Axl Rose, el vocalista del grupo Guns n Roses, y Kurt Cobain, el nombre más conocido del grupo Nirvana.

Kurt Cobain en un documental emitido en 1993 (Foto: Mark J.Terrill/AP)

Kurt Cobain en un documental emitido en 1993. (Foto: Mark J.Terrill/AP)

De ambos artistas se ha dicho durante años que fueron diagnosticados como bipolares. Aunque ha habido mucha polémica y mucha especulación alrededor de estos diagnósticos, lo cierto es que, bipolares o no, ambos cantantes pasaron por etapas realmente complicadas durante su vida, tanto que Kurt Cobain se acabó suicidando a los 27 años.
El último albúm del grupo Nirvana, “In Utero”, es considerado por algunos como una nota de suicidio del cantante. Canciones como “Rape me” (Viólame) muestran su rabia: “Rape me, rape me my friend, rape me, rape me again” (viólame, viólame mi amigo, viólame, viólame otra vez). Y otras, como Heart-Shaped Box, son una muestra de su melancolía y su tristeza: “I’ve been locked inside your Heart-Shaped box for weeks” (he estado encerrado en tu caja con forma de corazón durante semanas).
Lo mismo ocurre con “Appetite for destruction”, el primer álbum de Guns n’ Roses, en el que encontramos letras con mucha fuerza y rabia, como las de “Out ta get me”: “They scream and yell, and fight all night, you can’t tell me, I lose my head, I close my eyes, they won’t touch me, cause I got somethin, I been buildin up inside, for so fuckin long” (Chillan y gritan, y pelean toda la noche, no puedes decírmelo, pierdo la cabeza, cierro los ojos, no me tocarán, porque tengo algo, que he estado construyendo dentro de mí, durante un jodido largo tiempo).

 

Axl Rose en un concierto de Guns n' Roses en el O2 Arena de Londres (Foto: Mark Allan/AP)

Axl Rose en un concierto de Guns n’ Roses en el O2 Arena de Londres. (Foto: Mark Allan/AP)

La tristeza también se pinta

Pero la tristeza no solo se manifiesta con palabras. Y una prueba de ello son las numerosas obras de Vincent Van Gogh. El famoso pintor holandés sufrió numerosos problemas de salud durante su vida, entre los que se encontraban ataques de epilepsia y episodios de lo que se cree que podría ser bipolaridad. Además, el artista ingería grandes cantidades de Absenta, cuyos componentes agravaban su epilepsia y depresión.

En Mayo de 1889, Van Gogh ingresó en un hospital psiquiátrico, y durante el año que permaneció allí pintó algunos de sus cuadros más conocidos, como “Lirios” o “La noche estrellada”. Durante ese año pintó alrededor de 140 cuadros.

 

“La noche estrellada” de Van Gogh en una exposición en Beijing. (Foto: Mark Schiefelbein/AP)

Esto es una prueba más de que no es necesario ser feliz o estar contento para tener ideas creativas o para crear obras de arte realmente buenas.

Estos cuatro artistas son solo un ejemplo de todas las teorías que relacionan la tristeza y la creatividad, pero no son los únicos: Woody Allen, Agatha Christie, Charles Dickens, Ernest Hemingway, Joan Miró, Sylvia Plath, Edgar Allan Poe, Paul Gauguin, Franz Kafka y muchos otros, que nos han dejado un increíble legado cultural, también sufrieron depresiones a lo largo de su vida.
Pero, como dice la frase popular “la excepción confirma la regla”, no todas las obras de arte vienen de la tristeza o la depresión. Así que todavía nos quedan opciones de convertirnos en artistas. Y si no, pues al menos seremos felices.

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