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El lago milenario que nos muestra cómo sería la vida fuera de la Tierra

Foto: Joshua Ness | Unsplash

Una muestra de oxígeno nos puede ayudar a identificar la vida fuera de la Tierra, el único planeta que conocemos que la alberga. El oxígeno es un elemento fundamental para la existencia de vida: por esta razón tantos científicos lo utilizan para descubrir si en otros lugares de la galaxia hay indicios de que la hay o de que, en cualquier caso, algún día la hubo.

Ahora un depósito de vapor de agua en un lago con 1.400 millones de años de antigüedad en Ontario (Estados Unidos) está siendo objeto de estudio para averiguar cómo eran la atmósfera y biosfera terrestres antes de que llegaran los animales para habitarla. Si bien puede parecer que una investigación no conduce a la otra, la historia nos desvela lo contrario.

Las primeras conclusiones de este proyecto han aparecido en la revista Nature y su importancia es enorme: confirman y amplían teorías anteriores en las que se asumía que el nivel de oxígeno en aquellos tiempos representaba una pequeña fracción respecto a hoy, en una era en la que contamos con una biosfera mucho más rica y productiva.

“Durante décadas se había sugerido que la composición de la atmósfera ha variado significativamente con el paso del tiempo”, ha manifestado Peter Cockford, investigador postdoctoral en la Universidad de Princeton, quien ha dirigido el estudio. “Hemos proporcionado evidencias inequívocas de que, de hecho, la atmósfera era muy diferente hace 1.400 millones de años”.

Ilustración del exoplaneta Ross 128 b, a 11 años luz de la Tierra, el segundo detectado más cercano a nuestro planeta. | Foto: M. Kornmesser | European Southern Observatory | AP

Esta investigación tiene un valor incalculable: nos da pistas sobre una época enormemente anterior a la llegada del hombre. “Nos muestra que la producción de oxígeno era mucho menor hace 1.400 millones de años”, insiste el científico Boswell Wing, profesor asociado de Geología en la Universidad de Colorado, que colaboró con Cockford en este proyecto. “Esto significa que el tamaño de la biosfera global tenía que ser más pequeña y probablemente no fuera capaz de producir sustento suficiente para la vida macroscópica compleja”.

Por otra parte, este proyecto sirve para documentar con mayor lucidez un tramo de la historia que se conoce como el billón aburrido, pues se produjeron cambios pocos sustanciales en el planeta.

Durante el proceso, Cockford contó con la ayuda de numerosos profesionales que habían recogido y analizado muestras de sulfatos, en este caso procedentes de algunas rocas sedimentarias de la región de los Grandes Lagos.

Dicho esto, queda una respuesta pendiente: ¿cómo pueden ayudar estos hallazgos en la búsqueda de vida fuera de nuestro planeta?

Hay una respuesta clara al respecto: llegando a conocer el origen de nuestra propia existencia, nos acercamos irremediablemente a una explicación sobre los secretos del cosmos. “Durante la mayor parte de la historia de la Tierra, el mundo ha estado poblado por microbios, y seguirán existiendo cuando nosotros ya no estemos”, expone Crockford. “Comprender el contexto en el que se desarrollan no solo nos da información sobre nuestro propio pasado, sobre cómo llegamos hasta aquí, sino que nos ilustra sobre lo que podemos aspirar a encontrarnos en un exoplaneta [un planeta situado fuera del Sistema Solar] habitado”.

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