Las ‘Naciones Indias’ vuelven a estar en el mapa
Foto: Rick Bowmer| AP Photo

Política y conflictos

Las ‘Naciones Indias’ vuelven a estar en el mapa

La mayoría de los nativos norteamericanos ha votado por Biden. Pero la mayoría no son todos. En esas comunidades también se encuentran simpatizantes de Trump

por Borja Bauzá

Quince días antes de las elecciones presidenciales norteamericanas, la Casa Blanca publicó un documento de tres páginas titulado Putting America’s First Peoples First – Forgotten No More! (traducción: Poniendo a los primeros norteamericanos primero; ¡nunca más olvidados!). Era una promesa. Donald Trump, decía el documento, se compromete a mejorar las condiciones de vida de las reservas indias invirtiendo en cuatro frentes: el sanitario, el educativo, el económico y el de la seguridad. Además –añadía la declaración de intenciones– el presidente siente un profundo respeto por sus tradiciones y quiere que estas comunidades sigan autogestionando sus territorios. La condición venía implícita: para poder llevar todo eso a cabo tengo que salir reelegido, claro.

El documento de tres páginas remitido por la Casa Blanca llegaba doce días después de que el candidato del Partido Demócrata, Joe Biden, hiciese público su plan para mejorar la vida de los nativos norteamericanos si salía elegido presidente. En líneas generales, el documento del rival de Trump prometía lo mismo que unos días después prometería el propio presidente pero con dos añadidos importantes: el compromiso de luchar contra los efectos del cambio climático en las reservas y el compromiso de devolver algunas de las tierras sustraídas, normalmente con fines empresariales, en décadas recientes.

La generosidad de ambas propuestas no sorprendió a quienes siguen el día a día de las llamadas ‘Naciones Indias’ o ‘Primeras Naciones’. Porque prometer, ya se sabe, no cuesta un duro. Y no hablemos ya de prometer el oro y el moro en campaña electoral. Eso es más viejo que la tos. Así que la sorpresa no fue tanto el qué como el quién. Mejor dicho: a quién. Se estaba intentando seducir… ¡a los indios! La minoría más ignorada, y con diferencia, del país. Lo cual, desde un punto de vista meramente pragmático, tiene su lógica: la población nativa anda entre los dos millones y los siete millones de personas, dependiendo de qué base de datos se consulte. Dicho de otro modo: las ‘Naciones Indias’ representan entre el 1% y el 2% de la población estadounidense. Un 1% o 2% que, para más inri, se encuentra desperdigado a lo largo y ancho del país. De modo que no; nunca han importado demasiado porque su impacto electoral siempre ha resultado anecdótico.

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Foto: Carolyn Kaster | AP Photo.

Y sin embargo, qué curioso, a pocas semanas de la cita electoral la campaña de Biden se pone a hacer promesas. ¿El enésimo guiño a las minorías del país? De ser así, ¿por qué entonces y no antes? Porque –¡recordemos!– en los once debates que tuvieron lugar durante las primarias del Partido Demócrata las palabras Native Americans, el término más común para referirse a esta gente, fueron pronunciadas por Biden un total de cero veces. Bernie Sanders las trajo a colación en siete ocasiones, Kamala Harris en dos y Tom Steyer en una. Diez menciones en once debates y ninguna por parte de quien meses más tarde se convertiría en el candidato presidencial.

Con la perspectiva que otorga el paso del tiempo se podría deducir que los sondeos internos de las campañas electorales detectaron lo que las encuestas públicas no supieron ver: que las elecciones iban a estar reñidas y que la cosa podía llegar hasta el extremo de decidirse gracias al puñado de votos de algún condado perdido del país. Entonces –seguimos con la conjetura– alguien se acordó de las comunidades indias et voilà. Documento por aquí, documento por allá. Promesa va, promesa viene.

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Tras constatar que el Partido Demócrata había pasado a la ofensiva, los asesores de Trump se sentaron a redactar la declaración de intenciones del presidente. Pero eso no fue lo único que hicieron. También mandaron a Donald Trump Jr. a un pueblecito del norte de Arizona llamado Williams. Su misión: asistir a un evento organizado por Myron Lizer, vicepresidente de los indios navajo y uno de los nativos trumpistas más conocidos del país. La cita congregó a varios centenares de personas con ganas de mostrar sus simpatías por el presidente.

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Nativos americanos se preparan para un baile en un rally a favor de Donald Trump en Williams, Arizona. | Foto: Felicia Fonseca | AP Photo.

“Es muy estimulante encontrarse con un grupo de gente que piensa como tú”, declaró al periódico Indian Country Today una india hopi de 64 años llamada Robin Briggman. Preguntada por qué Trump, la señora contestó que confiaba en el presidente para mejorar la vida en las reservas mediante la construcción de infraestructuras y las ayudas a los negocios. “Cuando nuestros pequeños terminan el colegio se marchan para no regresar porque en las reservas no hay trabajo”, comentó antes de añadir que tiene miedo a que “nuestras tradiciones terminen perdiéndose” debido al éxodo de los más jóvenes.

En la misma línea se pronunció, frente a la grabadora de Associated Press, la india navajo –con sangre hispana– y activista antiabortista Elisa Martínez. “Siempre me he preguntado qué ha hecho el Partido Demócrata para pedir el apoyo inquebrantable de los nativos, especialmente cuando vemos la clase de políticas que han apoyado, y que son las que en última instancia nos han llevado a este ciclo de pobreza”, dijo.

Shawn Redd, otro indio navajo conocido en su pueblo como ‘el Republicano’, también cargó contra el exceso de regulación que, en su opinión, impide a los territorios indios abrazar el desarrollo. Redd, que ve a los Estados Unidos como un “estado comunista”, explicaba ante los reporteros que el Partido Demócrata debería andarse con ojo. “Los navajo son conservadores por naturaleza; creen en los lazos familiares y en la libertad”, sentenció.

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A pesar del recibimiento que se encontró el hijo de Trump en Arizona, a la hora de la verdad –a la hora de meter la papeleta en el sobre– el estado se decantó por Joe Biden con la inestimable ayuda de los navajo: según el periódico de esta nación india, el Navajo Times, 52.307 de los aproximadamente 67.000 navajo registrados para votar lo hicieron por el candidato del Partido Demócrata. (Teniendo en cuenta que Biden ha ganado ese estado con una ventaja de apenas 12.000 votos hay quien podría pensar que está en deuda con ellos.)

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Karen Scott, miembro de la Lummi Nation deposita su voto. | Foto: Elaine Thompson | AP Photo.

De modo que, si sumamos los resultados obtenidos en las urnas y los testimonios recogidos por la prensa durante el sarao trumpista celebrado en William, se llega a la siguiente conclusión: los navajo no votan como pueblo sino como individuos. Rebajando la escala poética de la frase, y para entendernos: cada uno es de su padre y de su madre. Empezando por la parte alta de la pirámide. Porque mientras Lizer, el vicepresidente de los navajo que organizó el evento de apoyo a Trump, ansiaba la reelección, Jonathan Nez, el líder de los navajo y su jefe directo, no paraba de hacer campaña por Biden. Nez y Biden, por cierto, lograron reunirse en una ocasión durante la campaña.

A la hora de analizar por qué, pese al conservadurismo que señala Redd, la mayoría de los navajo apostó por el candidato del Partido Demócrata hay que tener en cuenta diversos factores. Uno de ellos sería el impacto del coronavirus. La pasada primavera, y durante varias semanas, el virus se cebó con los navajo con tal saña que terminó por convertirlos en la comunidad más afectada de todo el país. (Según los últimos datos disponibles, se han registrado 13.880 casos y 613 muertes en una comunidad compuesta por 173.000 personas.)

Otro factor se encuentra en la promesa de tomarse muy en serio la diversidad racial proyectada desde la campaña de Biden. Los nativos no solo quieren seguir gestionando sus territorios; también quieren ocupar puestos de responsabilidad en Washington. Entre otras cosas –y esto va más allá de los navajo– porque muchas reservas están que da pena verlas. Es el caso de Pine Ridge. Un territorio de 9.000 kilómetros cuadrados ubicado en el suroeste de Dakota del Sur que da cobijo, por decir algo, a decenas de miles de indios lakota (los sioux de las películas) y que ofrece varias de las estadísticas más deprimentes del país. Una tasa de desempleo del 90%, una tasa de alcoholismo del 80% y la esperanza de vida más baja del continente americano con la excepción de Haití. Muchos integrantes de las ‘Naciones Indias’ consideran que este tipo de realidades solo se pueden cambiar pisando moqueta en la capital.

Pine Ridge: el espejo en el que Estados Unidos no quiere mirarse 1

Cartel de bienvenida a Pine Ridge. | Imagen vía The Beautiful Pine Ridge Reservation Facebook.

Un tercer motivo: la animadversión que despierta el propio Trump. Dejando a un lado lo de llamar Pocahontas a la senadora Elizabeth Warren tras ésta decir que tenía sangre indígena o el choteo que se marcó a costa de quienes no reconocen el Día de Colón, en estos cuatro años el presidente ha cancelado la concesión territorial de los indios wampanoag y ha tratado de impulsar un par de gasoductos en Dakota del Norte que bordearían varias reservas y pasarían por encima de terrenos sagrados. Sí, el presidente explicó en su momento que los proyectos crearían muchos puestos de trabajo, pero el trabajo, sostienen muchos nativos, no lo es todo en esta vida.

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El caso de los navajo ha alcanzado fama nacional porque Arizona ha sido uno de los estados más disputados de estas elecciones. No obstante, es paradigmático porque muestra lo que ha ocurrido en otras comunidades indias. Si uno se fija en el color de los condados donde más de la mitad de la población es nativa apreciará que muchos –Big Horn en Montana, McKinley en Nuevo México, Oglala Lakota en Dakota del Sur– aparecen pintados de azul. Es decir: han escogido a Biden. Pero muchos no son todos. El condado de Thurston, en Nebraska, que aloja la reserva de los indios omaha se decantó por Trump. También el condado de Roosevelt, en Montana, quiso repetir presidente. Y el condado de San Juan, donde viven los navajo de Utah, ídem.

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Biden y Harris visitan un monumento a los Veteranos Nativos Americanos en Phoenix, Arizona. | Foto: Carolyn Kaster | AP PHoto.

Es decir: un mapa de estas características encierra una advertencia para Joe Biden. La siguiente: harás mal si crees que la fidelidad de las ‘Primeras Naciones’ es inamovible. En estos comicios los nativos han respondido a su llamada tardía. Cierto. Pero sus líderes dicen que muchos han votado por el mal menor o porque piensan que no había más remedio. En otras palabras: que como Biden no cumpla con alguna de sus promesas igual dentro de cuatro años muchos se quedan en casa al tiempo que la facción trumpista, o afín al Partido Republicano, engorda sus filas. Y las consecuencias de algo así en una sociedad que se ha mostrado partida por la mitad pueden ser fatales para el progresismo gringo.

Aunque bien mirado quizás esta división, quién sabe si irreconciliable, supone una buena noticia para los que llevan allí más tiempo que nadie. Por lo pronto ya se ha saldado con ellos una deuda histórica: vuelven a estar en el mapa. Vuelven, en fin, a pintar algo.

Borja Bauzá

Licenciado en Historia. Ha publicado en The Objective, Jot Down, Letras Libres, Panenka, El Confidencial, El Español y en la revista norteamericana Jacobin.