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El legado de Deckard: Recordando a Blade Runner a través del videojuego

Foto: Imagen de Blade Runner | Warner Bros

Roy Batty nació el 8 de enero de 2016. El replicante que nos dejó un recuerdo imborrable, el que nos legó su inolvidable frase de las “lágrimas en la lluvia”, entre tantas otras. Interpretado por un Rutger Hauer que se marchó de este mundo el pasado verano. 2019 se convierte, así, en un vínculo que une a actor y personaje más allá de los límites de su interpretación; es el año que contempla el final de sus vidas, si bien desde dos prismas muy diferentes. Es también, por tanto, el año en que tiene lugar Blade Runner.

Para muchos una obra imprescindible, para otros una adaptación pobre de la novela corta de Philip K. Dick (tan diferente en su planteamiento), lo cierto es que la efeméride es una muestra más de cómo el futuro nos ha arrollado sin que nos demos cuenta. Lejos queda el momento en que la estética y la iconografía presentes en Blade Runner se advertían como algo innovador o evocador; hoy en día, podemos decir sin género de dudas que se ha convertido en parte constituyente de nuestro presente, de la ciencia ficción y especialmente del cyberpunk. En el mundo del videojuego, por supuesto, encontramos cientos de ejemplos de ello. Desde el propio Cyberpunk 2077 que esperamos como agua de mayo, basado en el RPG de mesa del mismo nombre pero influido notablemente por el legado de la película que nos ocupa, hasta otros como Neo Cab, del que hemos hablado por aquí; la franquicia Deus Ex, el título español The Red Strings Club, clásicos como Flashback o Syndicate, aventuras gráficas recientes como Tales of the Neon Sea, y un largo etcétera.

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Imagen de Cyberpunk 2077 vía Engadget.

 Pero ¿qué hay de la propia Blade Runner? ¿Qué opciones tenemos para sumergirnos en su universo jugable? La primera iteración que encontramos data del año 1985 y fue desarrollada por la compañía británica CRL Group PLC para Amstrad CPC, Commodore 64 y ZX Spectrum. Nuestro papel en la piel de un Deckard reducido a la mínima expresión, como no podía ser de otro modo en la época, era el de perseguir a los replicantes que huían de nosotros y aniquilarlos. Se trataba, por tanto, de un juego de disparos al estilo shoot’em up de planteamiento muy sencillo, cuyo elemento clave se encontraba en su apartado sonoro. Por increíble que parezca, el título no contaba con la licencia oficial de la película… sino de la banda sonora. La web especializada Kotaku realizó una breve investigación al respecto hace algunos años y llegó a contactar con Clem Chambers, uno de los fundadores de la compañía, quien confirmó que, ante la imposibilidad de negociar para conseguir los derechos del largometraje, terminaron por obtener los de la música a través de la discográfica Rocksoft. De hecho, es así como se nos presenta en la pantalla del título: como “una interpretación en forma de videojuego de la banda sonora de Vangelis”.

Pasaron los años, una década entera, toda una generación; el videojuego evolucionó a pasos agigantados, y en 1997 por fin contamos con una versión que supo saciar nuestro deseo de involucrarnos en el mundo desplegado por la película. Al menos en esencia. Blade Runner, el juego de Westwood Studios para PC publicado por Virgin Interactive, se ha convertido ya en todo un clásico del género de la aventura gráfica, aunque haya sabido hacerlo por méritos propios, confiando en el valor de su narrativa no lineal. El protagonista no era ya Deckard sino un investigador con un nombre igual de sonoro, Roy McCoy. Siguiendo la línea de la historia que conocíamos, el videojuego nos proponía indagar en una serie de asesinatos cometidos por replicantes, presuntamente. No de humanos, eso sí, sino de animales. Cualquier persona que haya leído la obra de Dick en la que se basa Blade Runner entenderá por qué en el futuro que se nos narra este crimen es poco menos que una abominación. McCoy verá comprometida su investigación cuando él mismo es acusado de cometer un asesinato, y deberá asociarse con replicantes y descender a los bajos fondos, descubriendo los secretos mejor guardados de la corporación Tyrell. Y, por supuesto, enfrentándose a una realidad que no había imaginado hasta el momento, en la que los conceptos de identidad y ser humano no son tan inamovibles como pensaba.

Además de un aspecto técnico muy cuidado, con un 3D extraordinariamente avanzado para la época, el punto fuerte de este Blade Runner se encontraba en cómo cada una de las decisiones y caminos que eligiéramos iba moldeando nuestro camino. Podíamos alcanzar hasta trece finales distintos, algunos de ellos sustancialmente diferentes entre sí. Hoy en día estamos más acostumbrados a estructuras narrativas ramificadas con tanta amplitud (o mayor), pero hace veintidós años resultaba una novedad bastante atractiva para el jugador. Se escogió, además, un reparto de actores de voz bastante notable, entre los que destacaba Lisa Edelstein (Cuddy en House), en el papel de la blade runner Crystal.

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Imagen del Blade Runner de Westwood Studios vía Adventure Gamers.

Como sucede con tantos otros títulos de PC de hace más de veinte años, no es fácil encontrar hoy el Blade Runner de Westwood a nuestra disposición. El código del juego se perdió durante una mudanza del estudio, pero la comunidad de aficionados de la herramienta ScummVM, que permite jugar a aventuras gráficas clásicas (las generadas con el antiguo motor Scumm), ha conseguido recuperarlo. No sería descabellado, no obstante, que alguna otra página centrada en preservar el legado del videojuego, como la tienda digital GOG, lo trajera de vuelta de forma “oficial” en un futuro próximo.

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Imagen del Blade Runner de Westwood Studios vía The Creativity One.

Estas dos versiones jugables no son la única manera que tenemos de sumergirnos en Blade Runner, no obstante. Si disponemos de un visor de realidad virtual, podemos pasearnos por el apartamento de Rick Deckard a través de la web 9732 Blade Runner (9732 es, en efecto, el número del apartamento). Y si no disponemos de este dispositivo, todavía vetado para muchos bolsillos, esta página nos lleva a visitar el bar de la secuela Blade Runner 2049, un local auténtico situado en Melbourne. Mucho más barato que un vuelo, desde luego.

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