Lina Morgan, la entrañable tonta del bote que resultó ser más lista que nadie
Foto: Lina Morgan en 'La tonta del bote' (1970)

Cultura

Lina Morgan, la entrañable tonta del bote que resultó ser más lista que nadie

Lina Morgan demostró que sin el físico tópico de la vedette escultural se puede llegar a ser la primera figura de una revista musical.

por Álex Ander

Aunque nació en el seno de una familia bastante modesta, Lina Morgan llegó a convertirse en la vedette y actriz española más popular. Pero, además, la madrileña que estos días habría cumplido 84 años no se limitó a ser una excepcional cómica, sino que también se arriesgó a invertir su capital en una época donde las mujeres lo tenían tremendamente difícil para abrirse hueco en el mundo de los negocios. Y demostró que, pese a no tener las condiciones físicas tópicas de la vedette escultural, podía llegar a ser la primera figura del género de la revista musical. Así lo logró, con su enorme esfuerzo, su vis cómica y aquellas famosas caras y patadas al aire tan características. Un conocido crítico teatral escribió una vez de ‘la reina de la carcajada’ (como la apodaron) que se parecía “a los queridos animalitos de las películas de dibujos animados, con la locuacidad, el estiramiento de cuello y los gestos del pato Donald”.

María de los Ángeles López Segovia a.k.a Lina Morgan se crió en la madrileña calle Hortaleza, desde la que acudía cada día a una modesta escuela municipal cercana —a la que los niños debían llevar su propia silla—. Siempre fue mala estudiante y se aburría en el colegio, por lo que celebró bastante el día que su padre la dejó apuntarse a una academia de baile. Tenía trece años cuando el empresario y representante Pepe Cabo la dejó unirse a una compañía infantil llamada Los Chavalillos de España. Y fue precisamente en esa época cuando Lina, que ya mostraba muy buenas aptitudes para el baile, tuvo un romance con el también actor Manolo Zarzo —que estaba en la misma compañía y estuvo saliendo con la actriz hasta que ella se marchó de gira con otra formación de la agrupación y la cosa se enfrió—.

Morgan se convirtió en vedette gracias al actor y director Alfonso del Real, con cuya compañía debutó en el valenciano Teatro Ruzafa. Como era bajita y delgadita, la colocaron la última de las chicas del conjunto, lo que no impedía que se hiciese notar con su gracia y desparpajo en aquella revista llamada ¡Espabíleme usted al chico!. A fin de cuentas, siempre tuvo claro que tendría que suplir con su talento la falta de un físico exuberante que le permitiese competir con todas aquellas señoras despampanantes que encabezaban las carteleras de aquellos espectáculos.

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Cartel promocional de ‘La tonta del bote’ (1970). | Imagen vía IMDB.

Aquello fue un flechazo. La actriz se enamoró enseguida del teatro de revista y, poco después, empezaría a trabajar con las distintas compañías que llevaba el empresario Matías Colsada, con quien debutó en el madrileño teatro La Latina en 1953. Hasta ese momento, la actriz se anunciaba con el nombre de Angelines Segovia, pero optó por cambiarlo por uno más internacional. Su hermano pensó que Lina era cortito y que Morgan sonaba bien y les podía dar suerte, por aquello de la Banca Morgan y el pirata del mismo nombre.

La cómica debutó con su sobrenombre artístico a finales de los cincuenta y, a partir de 1960, empezó a llamar la atención a productores. Hizo alguna aparición en cine y televisión y, en 1969, el director Javier Aguirre la fichó para que protagonizase su primera película, la comedia Soltera y madre en la vida. Pero sería su papel de huérfana poco agraciada y algo torpe en La tonta del bote (1970), de Juan de Orduña, el que la convertiría en una de las actrices más populares del cine español de la época.

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Haydée Balza, Alfredo Landa, y Lina Morgan en ‘Fin de semana al desnudo’ (1974). | Imagen vía IMDB.

Durante los años setenta y ochenta, decidió apartar el cine y la televisión para seguir con el teatro, donde tuvo un gran éxito. No en vano, entre 1963 y 1971 la carrera teatral de la actriz se disparó haciendo pareja con Juanito Navarro, con quien ganaba un pastizal. Por eso, decidió convertirse en empresaria y arrancó su negocio con la revista Pura, metalúrgica, que estrenó en el Teatro Principal de Castellón en octubre de 1975. Después, decidió alquilar el teatro La Latina y, en 1981, su hermano José Luis y ella optaron por comprarlo a plazos. De hecho, la cómica sería gerente, productora y propietaria del teatro hasta el año 2010, cuando se lo vendió a otros dos empresarios teatrales —aunque, por contrato, siguió manteniendo su palco y el que fuera el despacho de su hermano—.

La entrañable actriz —poseedora de la Medalla de Oro del Trabajo— no tuvo nunca un pelo de tonta. Logró que políticos e intelectuales fuesen a verla en más de una ocasión y, sobre todo, que el teatro de revista, que durante mucho tiempo fue para ella “injustamente despreciado”, adquiriera un nuevo estatus y se convirtiese en un tipo de show admirado y rentable. Es más, arrasó durante años con obras como ¡Vaya par de gemelas!, El último tranvía o Celeste…no es un color, con la que se despidió de la escena en 1993 —tras haber sufrido un inoportuno desprendimiento de retina—. Pero aquello no le impidió regresar a los escenarios y, en los años noventa, trabajó también en televisión, con papeles tan recordados como el de la enfermera Valentina en la efímera Compuesta y sin novio (1994), o el de la Reme de la exitosa Hostal Royal Manzanares (1996-1998), que se convirtió en todo un fenómeno y le sirvió para sobrellevar la trágica muerte de su hermano y manager José Luis.

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Lina Morgan en una escena de la serie ‘Compuesta y sin novio’ (1994). | Imagen vía Antena 3.

Después de aquello, Lina intervino en otras series con algún que otro cameo, pero nunca volvió a ser la misma y, poco a poco, fue retirándose de la vida pública. «Se ha ido demasiado pronto, y se ha ido mal, sufriendo, deteriorado. Es difícil aprender a convivir con eso. Llegué a odiar al mundo entero, me odiaba a mí misma por seguir viva. Un rencor espantoso… Él era la mano en la espalda para que yo no me tropezara. Era mi todo”, llegó a confesar la actriz en una entrevista, hablando de lo que supuso para ella la muerte de su hermano.

La vedette fue siempre una mujer tremendamente reservada. Ese hermetismo casi absoluto sobre su vida privada hizo que trascendieran pocos datos sobre su vida cotidiana o sus parejas —nunca se casó ni tuvo hijos—. Aunque en alguna ocasión sí que confesó que fue mujer de pocos hombres, y que el gran amor de su vida no fue famoso, ni quería que ella se dedicara al mundo del espectáculo, razón por la que decidió romper con él.

Bien es cierto que la actriz era amable con la prensa, pero se mostraba desconfiada con casi todo el mundo. También era bastante maniática y supersticiosa. De hecho, siempre contaba que era incapaz de llevar un espejo en el bolso, por temor a que se pudiera romper. Devota de San Ceferino, solía tener el camerino repleto de estampas de santos y fotos de familia, y no era nada aficionada a los jolgorios ni eventos sociales. De hecho, su última aparición pública se produjo en 2012, en la presentación del acto Tesoros Vivos de la Televisión.

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Escena de ‘Academia de baile Gloria’ (2001). | Imagen vía IMDB.

Morgan se quedó con las ganas de que Carlos Saura o Luis García Berlanga la llamasen para ofrecerle un papel y, aunque muchos lo desconocen, estuvo a punto de convertirse en chica Almodóvar  —“es un hombre que me parece encantador e inteligente, y creo que en su tipo de cine podría hacer un buen papel”, confesó en una entrevista—. Eso sí, cuando le preguntaban cuál había sido su director preferido, ella aprovechaba para recordar que nadie le había regalado nada en la vida, y que el mejor director que había tenido era el público: “Ellos han sido mi guía y mis ganas de luchar. Mi familia”, apuntó en una entrevista.

La madrileña enfermó de neumonía y tuvo que permanecer hospitalizada durante nueve meses a finales de 2013. Su secretario y amigo Daniel Pontes —que finalmente se convirtió en el único heredero de todos los bienes de la artista, junto a su chófer de toda la vida, Abelardo González— se mantuvo a su lado en todo momento, y no dejó que prácticamente nadie la visitase en ese tiempo (según decía, por deseo expreso de su ‘jefa’). Morgan murió poco tiempo después de salir del hospital, en su casa del madrileño barrio de Salamanca. Tenía 78 años.

Álex Ander

Madrileño de adopción. Periodisto. Escribo sobre sociedad, cultura y marcianadas. Defensor de causas perdidas. Alérgico a la gilipollez humana. No tengo una opinión para todo. Solo creo en John Waters.