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Los engaños de la industria millonaria de los dolores de espalda

Foto: Nick Webb | Flickr

Cargar las bolsas de la compra, agacharse a coger algo del suelo o hacer cualquier tipo de deporte puede ser prácticamente imposible para quienes sufren dolores de espalda crónicos. Este dolor es un gran sufrimiento físico, pero también supone un gran esfuerzo económico. Visitas al fisioterapeuta, clases de pilates o natación, relajantes musculares… Todo ello conlleva un gran desembolso que, a pesar del gran esfuerzo que supone, anteponemos a otro tipo de necesidades por estar relacionado con la salud pero, sobre todo, porque un dolor de espalda puede impedirte realizar muchas actividades de la vida diaria.

Los tratamientos más tradicionales para curar un problema de espalda suelen pasar por visitar al quiropráctico o al fisioterapeuta, inyectarse relajantes musculares o analgésicos o incluso entrar en un quirófano. La periodista de investigación Cathryn Jakobson Ramin, que también sufre estos dolores de forma crónica, asegura en su nuevo libro, Crooked: Outwitting the Back Pain Industry and Getting on the Road to Recovery, que estas prácticas tradicionales no son efectivas. Además, explica que muchos de los tratamientos que tanto dinero cuestan son un fraude y están llenos de engaños, pero toda la culpa no es de quienes los recomiendan.

¿De quién es la culpa?

En las primeras páginas de su libro, Jakobson explica que tratar los dolores de espalda cuesta a Estados Unidos unos 100.000 millones de dólares al año, “más de lo que se gasta anualmente en el cáncer, las enfermedades coronarias y el Sida, todos juntos”.

Tras seis años investigando el proceso de curación de estas dolencias, Jakobson ha llegado a la conclusión de que “todos los accionistas quieren y necesitan tu negocio”. Sin embargo, no considera que toda la culpa del crecimiento de este gran negocio recaiga sobre los que se benefician de él. En gran parte, la culpa también recae sobre los propios pacientes. Cuando alguien sufre un dolor que le afecta seriamente a su vida diaria, se agarra a un clavo ardiendo. Y este clavo puede ser cualquier terapia que prometa acabar con el sufrimiento.

Asegura que las “personas con dolores toman decisiones pobres”, y por eso tienden a confiar en todos los tratamientos recetados por un médico o incluso por cualquier otra persona a quien una bata blanca le otorgue cierta autoridad sanitaria.

Los analgésicos son recetados habitualmente por los médicos, pero muchos no son efectivos. | Foto: George Frey/Reuters

Los analgésicos son recetados habitualmente por los médicos, pero muchos no son efectivos. | Foto: George Frey/Reuters

Este tipo de decisiones son las que, según Jacokbson, suponen un tremendo gasto a los servicios sanitarios. Inyecciones, medicación innecesaria, cirugías que se podrían evitar y tratamientos quiroprácticos que realmente no ayudan, son la causa de que los dolores de espalda se hayan convertido en un negocio billonario.

Jakobson explica que cuando recibimos un diagnóstico y una sugerencia de tratamiento solemos pensar en los beneficios que este nos aporta, pero no en los posibles efectos secundarios o riesgos de seguir dicho tratamiento.

Esto ocurre, por ejemplo, con las visitas al quiropráctico. Hay ciertas dolencias por las que no deberíamos acudir a este tipo de profesionales, pero a veces la esperanza de curarnos es más fuerte que el realismo y nos lleva a confiar en terapias que pueden no ser del todo efectivas o, incluso, contraproducentes.

Enfermedades inexistentes y terapias innecesarias

“La ambigüedad inherente en los diagnósticos de dolores de espalda hace posible que los cirujanos puedan hacer prácticamente cualquier cosa que quieran”, dice la periodista en el libro.

Este negocio mil millonario no ha crecido solo por las creencias de los pacientes, sino que los quiroprácticos y aquellos que ofrecen otro tipo de tratamientos manuales también son uno de los principales motivos de que el gasto en este sector aumente hasta alcanzar cifras desmesuradas, asegura Jakobson.

Los quiroprácticos suelen recomendar numerosas sesiones de masajes para una buena recuperación. | Foto: Anthony DeFreitas/ Flickr

Los quiroprácticos suelen recomendar numerosas sesiones de masajes para una buena recuperación. | Foto: Anthony DeFreitas/ Flickr

Un ejemplo de estas enfermedades “inexistentes” son las subluxaciones, es decir, el desplazamiento de una articulación de la columna vertebral. Jakobson asegura que las subluxaciones son imposibles de ver en una radiografía porque no existen. Los quiroprácticos a menudo diagnostican este trastorno a sus pacientes, asegurando que puede llevar a dolores agudos de espalda, problemas digestivos e incluso cambios de humor. Sin embargo, la periodista explica que si una articulación de la columna se desplazara, el dolor sería tan insoportable que sería necesario ir al hospital, no a una camilla de masajes.

La manipulación quiropráctica, junto con otros tratamientos, ofrece un alivio a corto o medio plazo, pero los dolores acaban volviendo, explica Jakobson, que insiste en que la Organización Mundial de la Salud dice que este tipo de terapias no es recomendable para algunas enfermedades.

Algunos quiroprácticos no tradicionales han decidido alejarse de estos permanentes “ajustes”, es decir, de las visitas continuas para tratar la misma dolencia una y otra vez, y ahora entrenan a sus pacientes para que realicen ejercicios de estiramiento como haría un fisioterapeuta, para que los dolores remitan poco a poco sin más ayuda que la de su propio cuerpo.

El ejercicio como camino a la recuperación

Pasar la mayor parte del día sentados se ha convertido en algo muy habitual. Ocho horas en el trabajo, otro par de horas en el sofá de casa más las horas que pasamos tumbados en la cama hacen que nuestra espalda se resienta.

Hay gente que decide hacer algo de ejercicio durante el fin de semana para compensar la inactividad del resto de la semana, pero no es suficiente para evitar los dolores de espalda.

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Hacer ejercicio, como el yoga, puede ayudar a solucionar los problemas de espalda. | Foto: Daniel Becerril/ Reuters

La periodista explica que, a pesar de que un gran porcentaje de operaciones no solucionan el problema del paciente, muchos de estos eligen esta opción porque consideran que la recuperación es más rápida que la que ofrece un tratamiento de deporte y estiramientos.

Jakobson lamenta que, aunque cada vez hay más quiroprácticos que se acercan a estas terapias basadas en el ejercicio físico, aún hay médicos y quiroprácticos que siguen recomendando tratamientos basados en la cirugía, las visitas constantes a un profesional y el uso habitual de medicamentos.

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