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¿Qué pasa si los hombres se suman al debate del aborto?

Hay mujeres que llaman "cobardes" a los hombres que no cuentan sus experiencias; otras creen que no les corresponde a ellos tocar el tema

Foto: Butch Dill | AP

Primero fue Georgia. Al día siguiente, Alabama siguió sus pasos. Y, un día después, fue el turno de Misuri. Los ciudadanos estos tres estados estadounidenses vieron cómo el aborto quedaba fuertemente restringido en cuestión de días. Esto supone, entre otros efectos, que las mujeres no puedan abortar ni en casos de violación o incesto o que un médico se enfrente a hasta 99 años de cárcel por practicar un aborto.

Inevitablemente, miles de mujeres han acudido a las redes sociales para canalizar su enfado y reclamar cambios urgentes en la legislación de los tres estados. Muchas han compartido sus historias personales y se han atrevido a contar cómo un aborto les ha permitido ser dueñas de sus vidas, lograr sus objetivos y evitar una vida insatisfactoria. Y muchas otras dieron un paso más y pidieron a los hombres que también implicaran en la lucha y compartieran sus historias.

“Detrás de millones de hombres con éxito hay un aborto que no se arrepienten de haber hecho con su pareja”, valoró recientemente en un tuit la periodista estadounidense Liz Plank, que a continuación lanzó un órdago a los hombres de su país. “Urjo a los hombres a ir más allá de la solidaridad y hablar sobre cómo también se han beneficiado personalmente del derecho al aborto. No porque sea lo correcto: ¡porque es verdad!”.

En la misma línea se expresó también la presentadora de la versión estadounidense de Top Chef, Padma Lakshmi. “Si te identificas como hombre y alguien a quien quieres se ha hecho un aborto o simplemente apoyas el derecho de las mujeres a decidir, AHORA es el momento de hacerlo saber. Utiliza #himtoo (#éltambién) y comparte tu historia”, dijo en Twitter.

Muchos hombres decidieron contar sus historias. Uno de ellos fue Evan Sutton, que compartió su experiencia en un largo hilo de Twitter: “Mi vida sería muy diferente sin el acceso al aborto. Cuando tenía 22 años, una mujer a la que estaba viendo se quedó embarazada. Ella tenía casi 20 años. Yo aún estaba en la universidad. Trabajábamos juntos en un bar y llevábamos acostándonos a lo mejor cinco o seis semanas. Empecé a preocuparme por el sexo seguro durante la cúspide de los años del sida y la protección es algo que me tomo muy en serio. Ella no podía tomar la píldora por motivos de salud, pero usamos condones todas las veces y nunca se nos rompió. La mayoría del tiempo usamos condones con espermicida. Después de cinco o seis semanas, las cosas se volvieron raras y rompí con ella. Unos 10 días después, me preguntó si podíamos hablar al terminar nuestro turno. Supe antes de que me lo dijera que estaba embarazada. Ella ya había tomado la decisión de abortar cuando me lo contó. La noche antes del procedimiento pasé con ella la noche (¡sin sexo!) a petición suya e intenté estar ahí para ella. Sentí un montón de emociones, un montón de tristeza, pero también la claridad de que era lo correcto para todos. Su familia era de una ciudad pequeña y muy evangélica. Creció yendo a protestas antiabortistas. Tomó su decisión (y sí, es su decisión y de nadie más) sabiendo que, si sus padres se enteraran, probablemente la repudiaría. Ella y yo intentamos ser amigos. Intenté apoyarla. Las cosas se volvieron muy raras y muy tóxicas de formas que nosotros no teníamos las herramientas para afrontar. Solo puedo imaginar lo malo que habría sido con el estrés de un bebé. Más allá de practicar sexo fuera del matrimonio, hicimos lo que se supone que hay que hacer. Usamos protección, tuvimos cuidado, pero aún así se quedó embarazada. Tener un niño habría sido terrible para todos. Afortunadamente, no nos vimos obligados a vivir esa situación. Ahora los dos somos padres, con hijos que se benefician de tener padres con la capacidad emocional (y la estabilidad financiera) para cuidar de ellos. A los 22, yo no tenía ninguna de las herramientas y, desde luego, los dos no íbamos a ser una pareja que funcionara. Me alegro de que tomara esa decisión. Me alegro de que esa opción estuviera disponible y de que fuera segura, barata y de fácil acceso. Me horroriza que haya republicanos (principalmente, hombres blancos) que intenten negarle esa opción a millones de mujeres. El aborto es un tema sanitario. El aborto es elección económica y social. Más que nada, el aborto es el derecho a la autodeterminación. El embarazo y la paternidad no deberían serle impuestos a nadie, ya estén practicando sexo “responsablemente” o sin precauciones”.

Evan Sutton no fue el único que compartió su historia. Muchos personajes públicos dieron el paso de compartir sus historias en redes.

Pero las mujeres no tienen claro que el sexo opuesto deba compartir esas historias. Mientras que algunas tachan directamente de “cobardes o hipócritas” a los hombres que mantienen en secreto sus vivencias sobre el aborto y no se solidarizan con sus parejas a la vez que se benefician de las ventajas del aborto; otras consideran que hablar de ese tema “no es asunto” de los hombres.

“Por cada una de estas historias hay un hombre que también ha hecho un aborto. ¿Dónde están vuestras voces? ¿Cobardes o hipócritas?”, considera esta usuaria de Twitter.

“No me importa cuánto se hayan beneficiado los hombres. No es asunto suyo”, valora otra.

Y, efectivamente, el tema puede resultar confuso para algunos hombres, que no saben si deben o no contar sus historias. “Vi a alguien en Facebook sugerir que los hombres cuenten sus historias con el aborto en solidaridad”, tuiteó el profesor David Dennis. “Lo encontré interesante porque siempre había pensado que eran historias que debían contar las mujeres porque les ocurrían a sus cuerpos y que lo mejor sería retwitearlas o ampliar. ¿Qué hay que hacer?“. La duda queda en el aire.

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