Los males del deporte base en España con y sin COVID-19
Foto: Mary Altaffer

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Los males del deporte base en España con y sin COVID-19

España es líder europeo en obesidad y sobrepeso infantil, así como en bajas laborales por problemas de salud asociados al sedentarismo

por --na

Tras dos meses de confinamiento por la COVID-19 , el comienzo de la desescalada nos ha traído escenas muy variadas, muchas de ellas de buen comportamiento cívico, otras reprobables. Las calles y parques se han llenado de ciudadanos con sus zapatillas de correr, la bicicleta o los patines, recuperando el hábito del deporte al aire libre después de semanas recluidos en las casas. Ese afán por ocupar los espacios públicos muestra la importancia social del deporte base.

Como ocurre con todas las coyunturas de crisis, se pueden aprovechar para abordar cambios en las políticas tradicionales o bien continuar con las mismas de siempre. En el caso que nos ocupa, la actual coyuntura es una gran oportunidad para trazar un cambio profundo en nuestro modelo deportivo, cambio que, sin abandonar el apoyo al deporte de competición, nos permita consolidar el deporte base y extenderlo a la mayoría de la población.

Es un camino ya emprendido por otros países, como Noruega, Suecia o Dinamarca, que desde hace tiempo han apostado por el deporte base desde el ámbito de las políticas públicas, liderando el ranking mundial de practicantes de deporte. Y es una apuesta muy necesaria en España si queremos que nuestro país deje de ser líder europeo en obesidad y sobrepeso en edad infantil y adolescente, así como en bajas laborales por problemas de salud asociados al sedentarismo.

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Foto: Manuel Bruque | EFE

Sin embargo, algunas de las medidas adoptadas durante el estado de alarma no parece que vayan en esa dirección, sino todo lo contrario. De hecho, si se lee el art. 26 del RD-ley del pasado 21 de abril de medidas urgentes complementarias para apoyar la economía y el empleo, que crea la Fundación España Deporte Global, vemos el protagonismo que le da a la Real Federación Española de Fútbol y a la Liga de Fútbol Profesional.

Asimismo, si observamos la composición del grupo de trabajo de “Impulso al Deporte”, se comprueba la presencia mayoritaria de las grandes federaciones deportivas de alta competición, quedando fuera de análisis y deliberaciones importantes agentes sociales.

Está claro que con ambas medidas se apuesta por el continuismo en nuestro país de un modelo de alta industria del deporte y se apuntala el fútbol como deporte acaparador.

El deporte base sufre los efectos de la pandemia

Se echa en falta, por tanto, mayor sensibilidad del Gobierno de la nación por el deporte base, que sin duda se está viendo afectado gravemente, y lo estará aún más, por la paralización de la actividad ocasionada por la COVID-19.

En este sentido, hubieran sido necesarias medidas fiscales urgentes que animen la reincorporación a la práctica deportiva de la población, especialmente entre grupos de rentas bajas (jóvenes, mayores, mujeres, etc.), asumiendo las cuotas de gimnasios e instalaciones deportivas.

Hubiera sido igualmente el momento de impulsar una verdadera política de mecenazgo para atraer la implicación del sector privado en la financiación del deporte, reduciendo su dependencia de las arcas públicas. Y hubiera sido razonable adoptar también un plan de rescate de las casi 35 000 empresas de servicios y productos deportivos existentes en España, en su mayoría autónomos y PYMES, en lugar de priorizar la industria de las retransmisiones deportivas.

No es la primera vez que el deporte en España está en estado de shock. Y como en otras ocasiones, los poderes públicos se encuentran ante la oportunidad de apostar por el deporte base. Tras la crisis económico-financiera de 2008 desapareció el 23% de los clubes deportivos, y cerca del 30% de los deportistas profesionales tuvieron que abandonar sus carreras por falta de apoyo.

Eso ocurría entonces al mismo tiempo que los grandes clubes de fútbol eran rescatados con avales y subvenciones públicas a fondo perdido, tras una irresponsable gestión especulativa que les generó más de 2 000 millones de euros en deudas. Y en esa coyuntura, además, se impuso la apuesta de España por defender la candidatura olímpica “Madrid 2020”, en el contexto de una imagen internacional de nuestro país dañada por los escándalos de corrupción y crisis urbanística.

Viejas fórmulas para un modelo deportivo caduco

Una vez más nos encontramos ante la misma disyuntiva, y el Gobierno de la nación vuelve a emplear las viejas fórmulas de un modelo deportivo socialmente caduco.

Desde 1980, cada cinco años, el Consejo Superior de Deportes realiza la Encuesta de Hábitos Deportivos en España. De esa encuesta merece ser destacado que, cuando se le pregunta a la ciudadanía su grado de conformidad con la financiación pública en materia deportiva, cerca del 60% de las personas consultadas se opone a que se continúe financiando con sus impuestos el deporte espectáculo. En su lugar, el mayor consenso se sitúa entre quienes se muestran a favor de aumentar la financiación pública del deporte base.

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Foto: NACHO GALLEGO | EFE

Pues bien, en contra de ese sentimiento colectivo, de nuevo se aplica en España la fórmula de más fútbol, más competición, más espectáculo. Se olvida así que el interés general es el que sitúa en sus prioridades a los veinte millones de personas que, ante la adversidad de la COVID-19, regresan a las calles, plazas y jardines a formar parte de la base del deporte, que es justo el lugar donde el deporte de competición tiene su fuente.The Conversation


Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.

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