Los patios de Córdoba en cuarentena: una ruta por el emblemático barrio de San Basilio
Foto: Lidia Ramirez

Cultura

Los patios de Córdoba en cuarentena: una ruta por el emblemático barrio de San Basilio

Visitamos algunos de los patios más emblemáticos de la ciudad, así como a las cuidadoras que hay detrás de tantas horas de esfuerzo y sacrificio

por Lidia Ramírez

Del 4 al 17 de mayo tenía lugar este año la fiesta emblema de la ciudad de Córdoba, la Fiesta de los Patios. Rincones escondidos entre calles estrellas y paredes encaladas de blanco que contrastan con los colores alegres de las macetas repletas de rosas, gitanillas, jazmines, begoñas, geranios y madreselvas.

Una tradición cordobesa que viene celebrándose desde hace 99 años (1921) y que durante 15 días abre sus puertas a extraños y desconocidos para enseñar orgullosos el alma de sus casas. Preciosos patios perfectamente cuidados que parecen sacados de uno de los cuadros de Claude Monet.

Los barrios del Alcázar Viejo -el más característico de la localidad, entre el alcázar y la parroquia de San Basilio-, el de la Judería -de gran antigüedad-, y el de Santa Marina, donde encontramos el rincón más bello: el Palacio de los Marqueses de Viana, son durante prácticamente dos semanas el epicentro cordobés. 15 días en los que sus estrechas y características calles se abarrotan de turistas de todas partes del mundo para disfrutar de esta explosión floral. 

Es 5 de mayo, sería el segundo día de fiesta. Nos adentramos en la Judería por la puerta de Sevilla, a escasos metros se encuentra la calle de San Basilio, donde se esconden los patios más visitados de la ciudad, por donde el año pasado pasaron unas 50.000 personas, una media de 3.000 diarias, para contagiarse de la alegría de un mayo en Córdoba.

La mascarilla no me impide percibir el olor a jazmín, a azahar y a grosellas negras nada más adentrarme en el barrio que ofrece la cara más hermosa de la fiesta. Sin embargo, al girar la esquina, ni rastro de turistas, ni largas colas, ni abanicos para sofocarse del calor, ni chinos haciéndose selfies, ni música, ni restaurantes abiertos abarrotados de clientes para degustar los platos típicos de la ciudad…

Calles solitarias, puertas atrancadas y silencio es lo que prima este año por estos callejones empedrados.

El coronavirus ha cerrado a cal y canto los patios, pero sus propietarios han seguido empleando su tiempo para que sus flores, sus macetas, sus fuentes y sus pozos luzcan más bellos que nunca.

Visitamos algunos de los más emblemáticos de la ciudad. Las patieras nos abren sus puertas para que conozcamos quién hay detrás de tantas horas de trabajo y sacrificio y que han hecho de esta fiesta Patrimonio Inmaterial de la Humanidad por la UNESCO.

‘El patio de la costurera’

San Basilio, 40

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La patiera Mari regando varias plantas. | Imagen: Lidia Ramírez | The Objective

Su fachada ya llama la atención desde la calle. Blanca como la cal, con puertas y ventanas verde agua. En su interior nos recibe la familia de Araceli López. Una patiera que se encuentra barriendo la hojarasca del patio. «Esto es el pan de cada día, hija. Cuando no hay que barrer, hay que limpiar las flores o encalar algún esconchón», nos dice risueña Araceli, propietaria de esta patio conocido como el ‘Patio de la Costurera’, por la profesión de la misma.

Las gitanillas, los claveles, las buganvilla o los rosales de pitiminí florecen en este espacio que cuenta con 400 macetas. El rosa y el rojo son los colores predominantes aquí donde se dan de la mano tradición, arte, y cultura.  Porque, según nos cuenta Meri, hija de Araceli, y quien junto a su hermana Ara, cuidan el patio diariamente, «en su restauración se han mantenido todos los elementos y espacios originales, con sus pilas y pozo tal y como fueron siempre».

Y es que en esta casa de vecinos que data del siglo XVI y fue casa judía, vivieron de cinco a seis familias, según nos detalla Meri: «La última familia que aquí vivió fue la de Manolo y Conchi. Manolo era el guarnicionero, y Conchi, la del puesto de chucherías del barrio. Eran muy queridos. Cuando fallecieron decidimos comprarla para mantener un patio antiguo y que la tradición no se perdiese», cuenta mientras quita hojas seca y mira qué tallos cortar.

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Imagen: Lidia Ramírez | The Objective

–¿Cuánto cuesta al año mantener un patio como este? –quiero saber–.

–Ahora que lo mantenemos todo el año ronda los 10.000 euros anuales. Pero esto no lo haces por un tema económico, si te paras a pensar en el gasto que te supone no lo pones. Es un tema emocional, de tradición.

–¿Y cómo lleváis que este año no se pueda celebrar la fiesta después de todo un año prerándoos para estos días?

–Nos da mucha pena. Nos pasamos todo el año arreglándolo y poniéndolo bonito para que la gente lo vea. Pero este año estamos aprovechando para disfrutarlo nosotras. Otros años por estas fechas estamos atendiendo a la gente, y fíjate cómo estamos ahora, limpiando unas hojitas, pintando una esquinita porque se nos desconchó el otro día… Lo estamos disfrutando de otra manera.

‘El patio de la muralla’

Martín de Roa, 2

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Imagen: Lidia Ramirez | The Objective

A escasos metros de San Basilio 40, Araceli conserva otro patio. Este es conocido como ‘El patio de la muralla’. Nos adentramos en él. Pero para ello antes debemos limpiarnos los zapatos con un paño empapado en lejía que Araceli tiene en la entrada de la casa. «Es por el coronavirus», apostilla su nieto Nesta, de 16 años.

Nada más entrar al patio, entre sus más de 500 macetas pintadas de azul, encontramos un elemento distintivo que casi te corta la respiración de la hermosura que desprende: parte de la muralla del barrio del Alcázar Viejo y que data del año 1.200, siendo éste el único patio que se encuentra integrado con la antigua muralla.

Fechado en 1963, la vivienda pertenecía a una familia con escasos recursos de la época. Con un suelo de enchinado cordobés con representaciones florales, Araceli se hizo con él apenas hace unos años para restaurarlo y convertirlo en toda una explosión floral y de alegría.

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“La tradición de las plantas en mi casa ha sido algo tan natural como ir a comprar el pan”, comenta la costurera. “Mis hijas han seguido con esta tradición y me gustaría que mis nietos también lo hicieran. Ellos saben cuidar una maceta y encalar una ‘fachá’ como mis hijas sabían con su edad», relata orgullosa.

Entre sus plantas y flores encontramos petunias, alegrías, pensamientos, pendientes de la reina, begonias…; y entre sus muros, un pozo árabe con más de siete metros de profundidad que al asomarnos lo encontramos iluminado para que se pueda visualizar e imaginar su función de antaño.

Además, también nos topamos con una antigua escalera usada para el regadío de las plantas y macetas, una antigua pila que usaban antiguamente para lavar la ropa, una de las primeras fregonas y antiguo dispositivo de regadío casero. Un conjunto de elementos que han hecho a este patio alzarse en varias ocasiones con el Premio de Arquitectura Moderna.

‘El patio de la escalera’

San Basilio, 44

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Imagen: Lidia Ramírez | The Objective

Otro de los rincones más visitados de la ciudad en estas fechas es el famoso ‘Patio de la escalera’, llamado así por la imponente escalera central que lo preside, perfectamente encalada de blanco alrededor de la cual se distribuye el resto de la casa, que consta de 12 habitaciones, seis en la parte de arriba y seis en la de abajo. Una vivienda comprada por siete vecinos en los años 70, cuando el boom inmobiliario, para que no fuese derribada y convertida en un bloque de pisos.

‘El patio de la escalera’ acoge la Asociación de Amigos de los Patios Cordobeses. Nos recibe su presidente, Miguel Ángel Roldán, quien nos cuenta que por él pasan unas 400.000 personas al año. «La cancelación de la Fiesta de los Patios ha supuesto un descalabro muy grande económicamente hablando. Al no haber concursos todas las ayudas que tenemos no las vamos a recibir», nos relata Roldán, que señala que ‘El patio de la escalera’ tiene un gasto anual de unos 12.000 euros solo en macetas, una cantidad a la que habría que sumar luz y agua y el gasto de mano de obra.

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Miguel Ángel Roldán, presidente Asociación Amigos de los Patios de Córdoba. | Imagen: Lidia Ramírez | The Objective

Todos los patios que se presentan a concurso tienen una subvención por parte del Gobierno local. ‘El Patio de la Escalera’ recibe anualmente unos 2.300 euros –la cantidad varía dependiendo de los metros cuadrados del recinto–. Luego, según nos explica Roldán, estarían los premios dotados de diferentes cantidades económicas según la relevancia del mismo: 1º Premio: 3.000 euros; 2º Premio: 2.500 euros; 3º Premio: 2.000 euros; 4º Premio: 1.500 euros; 5º Premio: 1.500 euros; 6º Premio: 1.500 euros; 7º Premio: 1.000 euros y 8º Premio: 1.000 euros.

Ahora, Roldán tiene la mirada fija en los próximos meses ya que, según nos adelanta, el Ayuntamiento está estudiando abrirlos en el próximo otoño, aunque sin concurso. Y es que el presidente de Amigos de los Patios nos relata que al no haber tenido subvención deben dinero a proveedores como a los viveros que les proporcionan las plantas. «Ha sido un palo bastante grande porque al no haber concurso no hay ayuda económica, pero la inversión ya estaba hecha», nos confiesa, apuntado que este 2020 se habían inscrito para concursar 53 patios, aunque sólo son 50 los que pueden entrar a concurso.

San Basilio, 20

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Teresa, cuidadora del patio de San Basilio, 20. | Imagen: Lidia Ramírez | The Objective

Son casi las dos de la tarde. Ya huele a guiso en la estrecha calle de San Basilio. Entramos en el número 20. En él nos recibe Teresa con el desparpajo típico de la tierra de Julio Romero de Torres.

Teresa es la cuidadora de este pequeñito patio al que no le falta detalle. Está impecablemente cuidado, limpio como los chorros del oro. Ella es consuegra de la patiera de la vivienda, quien se muestra especialmente sensible cuándo le preguntamos sobre la cancelación de la fiesta. «Es muy triste levantarme y ver este espacio vacío. Hoy estaría repleto de público de cualquier parte del mundo. Es triste verlo solo»,  nos relata emocionada.

En este patio predominan los geranios, las gitanillas o las sufinias, pero también las plantes verdes, como los helechos. Sin embargo, lo que más llama la atención nada más entrar a la vivienda es el imponente limonero lunero en espaldera brillando sobre la pared encalada a conciencia . «Esta técnica se usa para hacer sombra a las habitaciones y refrescar la casa sin quitarle luz al resto de la vivienda. Se suele hacer  con limoneros o naranjos y también la podemos encontrar en el Palacio de Viana o en el museo taurino», nos explica Teresa, quien nos muestra orgullosa la planta más antigua del patio, una espina de Cristo con más de 20 años de vida. «Esta planta cuanto menos la cuides mejor. Echarle de vez en cuando agua y abonarla para evitar plagas y listo».

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Vistas del limonero lunero en espaldera. | Imagen: Lidia Ramírez | The Objective

Pero, sin duda alguna, el valor de este espacio lo aportan los restos arqueológicos que en él guarecen, como varios ladrillos visigodos del siglo XVI, una columna romana con un capitel renacentista con 15 siglos de diferencia entre la una y el otro, un brocal de pozo del siglo XIII o parte de un sarcófago y un mosaico del siglo II. Está claro que cuanta más identidad cordobesa mucho mejor y en este patio no falta detalle de la Córdoba de antes y de ahora.

Son las 14.00, la hora en la que muchas patieras paran para tomar el vermut. Después, cada una a su patio, al zafarrancho. Porque la fiesta este año ha sido suspendida, pero la primavera continúa.