Magritte y la falsa inocencia de la imagen en el Thyssen
Foto: 'Los paseos de Euclides' Magritte| Museo Thyssen-Bornemisza

Cultura

Magritte y la falsa inocencia de la imagen en el Thyssen

Los recursos artísticos de Magritte componen un puzle pictórico en el que el mensaje se basa en la capacidad para estimular la imaginación creativa del espectador

por Lucas Méndez Chico-Álvarez

Suele decirse que una imagen vale más que mil palabras y nadie pone en duda que el impacto visual sobrepasa cualquier otro tipo de estímulo sensorial en cuanto a su rapidez y su capacidad para influir en el imaginario individual y colectivo de la sociedad. Necesitamos ver para creer y sostenemos nuestras creencias sobre hechos comprobados a través de nuestros sentidos, siendo el de la vista el que predomina sobre los demás. Pero a veces con eso no basta, el ojo también es capaz de mentir y las imágenes, susceptibles de engañar.

Sobre esta dicotomía entre el lenguaje visual y su paradójica manipulación como forma de crear ideas trata de advertirnos René Magritte (1898-1967). Tras más de treinta años de la primera y última gran exposición dedicada al artista belga en Madrid, vuelve el enigma de su pintura a la capital a través de La máquina Magritte, la retrospectiva que el Museo Thyssen-Bornemisza lleva más de un año preparando y por fin puede presentar. La inauguración de esta muestra representa un significativo síntoma de vuelta a la normalidad para el mundo del arte, después del enorme perjuicio que ha causado la pandemia al circuito museístico mundial.

Más de 90 obras ilustran la magia y la diversidad de Magritte, calificado en una ocasión como «el pintor del pensamiento abstracto», una etiqueta que, aunque no deja de ser un intento más de simplificar la complejidad de un artista inabarcable, resume una de las facetas más ambiciosas del belga, la de provocar la duda y la reflexión a través del arte. Esta exposición realiza un recorrido que engloba una carrera de cuatro décadas, desde la creación de un estilo único en los años 20, hasta sus últimas obras en los 50 y 60.

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Tentativa de lo imposible (1928)

El hilo conductor de la retrospectiva muestra los procesos imaginativos y evolutivos de la extensa producción del artista. Siete secciones temáticas independientes pero complementarias vertebran la exposición: Los poderes del mago, Imagen y palabra, Figura y fondo, Cuadro y ventana, Rostro y máscara, Mimetismo y Megalomanía. A través de este recorrido eminentemente reiterativo en cuanto a temas, el espectador es capaz de hacerse una idea de las obsesiones del artista por confundir, estimular y despistar la mente con imágenes recurrentes.

«Mis cuadros son pensamientos visibles». René Magritte

El viaje que transita la obra de Magritte genera contradicción y duda. La repetición enigmática de motivos como cascabeles, nubes, manzanas, sombras despersonalizadas y paisajes imposibles abundan provocando una especie de sensación de familiaridad. Sin embargo, Magritte es un pintor huidizo que, cuando parece que empiezas a comprenderlo, escapa y se retuerce en busca de ambigüedad, de un nuevo significado o de una nueva paradoja.

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El sueño (1945)

Los cuadros del belga son grandes contenedores de ideas, lugares donde las posibilidades infinitas reflejan un todo amplio y capaz de abarcar la complejidad de la mente, al mismo tiempo que pueden colapsar y encerrarse como un problema sin solución en la soledad insondable del pensamiento. Enigmático, irónico y embaucador, el pintor juega con imágenes, palabras, recuerdos y sueños, recreando un despiste constante, el laberinto sin salida de la cabeza humana.

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Panorama Popular (1926)

La exposición permite también observar la evolución técnica del artista. Un proceso en el que la figuración realista va tomando cada vez más importancia y perfeccionamiento, alcanzando una excelencia equiparable a los grandes maestros clásicos de la pintura. La predominancia de colores pálidos, texturas lisas y un ambiente de misterio claramente influenciado por la pintura metafísica de Giorgio de Chirico provocan una sensación de inquietud relajada. El tratamiento del espacio genera una perturbadora impresión de amplitud encerrada, la tranquilidad de los cielos ligeramente nubosos, los paisajes solitarios y las perspectivas acotadas en ventanas y cuadros recuerdan a un sueño perdido en el abismo del subconsciente.

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El gran siglo (1954)

Los recursos artísticos de Magritte componen un puzle pictórico en el que el mensaje se basa en la capacidad para estimular la imaginación creativa del espectador. Los nombres de los cuadros más que situar desorientan, complementando a esa subjetividad onírica a la que pertenece el extraño universo del artista. El belga, al que muchas veces se ha catalogado como surrealista, trasciende de cualquier etiqueta creando un estilo genuino y marcadamente personal.

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La traición de las imágenes. Esto sigue sin ser una pipa (1952)

La percepción de Magritte como uno de los grandes pintores del siglo XX ha ido en aumento hasta alcanzar un reconocimiento equivalente a genios como Salvador Dalí. Por eso, el hecho de que esta retrospectiva haya sido capaz de reunir una colección tan completa y variada, la convierte en uno de los grandes atractivos culturales de la temporada tanto para Madrid como para Barcelona, pues en febrero la exposición se trasladará al CaixaForum de la ciudad condal.

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La firma en blanco (1965)

Este recorrido por la obra del artista belga produce una extraña mezcla de placer estético y estímulo intelectual con el ambicioso objetivo de crear pensamiento. El arte de Magritte nos alerta de la necesidad de cuestionar nuestra forma de entender la vida para poder comprenderla mejor, de ir más allá de la belleza seductora de los sentidos para generar duda y reflexión. Una advertencia muy a tener en cuenta en la época del audiovisual, donde la imagen ha sobrepasado el valor de las mil palabras y se ha erigido como una de las formas más sofisticadas y anestésicas de manipulación.

Datos de interés:

  • Lugar: Museo Nacional Thyssen-Bornemisza. Sala de exposiciones temporales (planta baja).
  • Comisario: Guillermo Solana
  • Dirección: Paseo del Prado, 8, 28014 Madrid.
  • Fechas: del 14 septiembre de 2021 al 30 de enero de 2022 en Madrid.
  • Horarios de exposición: de martes a viernes y domingos, de 10 a 19 horas; sábados, de 10 a 21 horas.
  • Entrada: general 13€; reducida 9€.
Lucas Méndez Chico-Álvarez

Periodista especializado en cultura.