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Maikel Delacalle: "Mi familia pasó de verme tras unas rejas a verme en televisión. Eso es el éxito"

El canario pasó 183 días en un centro de menores. Fue el primer punto de inflexión. Salió y empezó a hacer música. Ahora tiene un disco de platino y millones de reproducciones

Foto: Carola Melguizo | The Objective

“Maikel Delacalle es un chaval que vivió una vida un tanto diferente. Perdí a mi madre cuando tenía siete años, cogí muchos caminos que no tenía que coger. Entré a un centro de menores y nada más salir empecé a dedicarme a la música. Escribiendo sobre todo eso que había vivido y que le ha pasado también a muchísima más gente. Yo tenía el nombre que me lo había puesto mi abuela. Maikel Delacalle es un chaval del barrio, que poco a poco está triunfando y que ha tenido una vida un poco difícil”.

Mikel Cabello Negrín (San Isidro, Tenerife, 1994) suelta todo de golpe, apenas sin pausas. Sonríe, a veces, sobre todo cuando menciona a su abuela Juana. Estamos en un despacho de las oficinas de Universal Music en Madrid. Ha llegado con las maletas a cuestas y acompañado de Darío C. Rodríguez, su manager y mano derecha.

Su primer trabajo, Calle y Fe, suma y suma millones de reproducciones a su canal de YouTube. A eso se unen las colaboraciones sin cesar (las últimas con Eladio Carrión y con Mahmood, el italiano que triunfó en Eurovisión), los conciertos por toda España (este verano estará en festivales como el Arenal Sound o Madrid Salvaje), la próxima gira por Latinoamérica.

Asegura que de ese chaval del barrio de San Isidro le queda todo, pero que ahora es todavía más fuerte, que sigue luchando, buscando. Cuenta que sabe que por tener un disco de oro no le van a poner las cosas en bandeja. No está —no lo ha estado nunca— acostumbrado a la rutina fácil, a no arañar para sacar todo a los días.

Maikel Delacalle:

Crédito: Universal Music

Lo pagué caro, lo merecía / La vida te cobra lo que tu debías / Yo no estudié, no se me da / La calle fue mi universidad / Salí solito de la oscuridad.

Tenía 17 años y muchísimos problemas en la calle cuando entró en un centro de menores. “No solo de dinero, sino mentalmente. Me pedían un año y algo, por buena conducta salí en seis meses. Te digo: seis meses se cuentan rápido, pero son 180 y algo días, que yo los primeros días los hice tachándolos como en las películas. No se lo deseo a nadie, pero a mí me vino bien. Para pasar tiempo conmigo mismo y aprender”.

Hundirse para salir. Lección uno: “De ahí entras solo y sales solo. Solo puedes confiar en tu familia”. Lección dos: dejaba la calle, all in a la música.

Había empezado a escribir con 13 años, como un catalizador: “A mí me costaba muchísimo comunicarme. Desde que tenía siete años y pasó lo de mi madre, no sabía cómo explicar lo que sentía. Lo hice a través de la música. Hice una canción para ella”. Recuerda el principio con su primo Alver en La Gomera grabando los audios con un mp4.

Tras tres años luchando sin recursos por su música. Maikel Delacalle conoció a Darío, que entonces era el dj que triunfaba en Tenerife, y una conversación le volvió a hacer girar:

—¿Qué tenemos que hacer para que tu música suene en todos los lados? ¿Qué necesitas para sacarla de las islas?

— ¿Sincero? Dinero. Pero no para mí, para comer yo ya tengo mi casa, sino para la música, para un vídeo, porque es que no tengo ni 100 euros para sacar una canción. 

Era la prueba de la calle. “Yo tenía muchos problemas en la calle, muchas deudas. Le di un número de cuenta, que creo que ni la cuenta era mía, así que imagínate por los momentos por los que estaba pasando. Él ingresó una cantidad, que no era poca, a un chaval de un barrio que es de lo más conflictivo de allí. Confío en mí, eso es la prueba de la calle. Saqué el dinero y empecé a trabajar. Saqué: Or nah y Mi nena. Grabé las canciones con vídeo con el dinero que él me dio. Seguimos currando sin contrato hasta que yo le dije: brother, tienes que ser mi manager”.

Tiene guardado, encerrado como si fuera un tesoro solo suyo, un recuerdo de esos primeros años. Era 2016 y fue telonero de Nicky Jam. Recuerda esa gente, esa masa de gente. Era uno de los primeros conciertos de su vida. “Pasé de cantar para 15 personas a hacerlo en una plaza con 10.000”.

Como ves siempre ha ido mal / Por eso quiero que sepas, que yo vengo de la mierda / Y le quiero cantar, a los que aún siguen en ella / Que no sientan soledad / Que no dejen que el sistema les hunda jamás.

– Esto lo canta Cecilio G en Million dollar baby. ¿Tiene la música el poder sacar a la gente de la mierda?

-Sí, él es el claro ejemplo, y yo también. Nada más que haber conseguido salir del barrio y que no te conozcan como aquel que está vendiendo esto o que robó aquello, y que estemos hablando de su música, de una frase, de su canción… Se sentirá orgulloso.

Cuenta Maikel que se acercan niños del barrio a decirle que quieren ser como él. Los anima porque, dice, le gustaría que no tengan que vivir lo que le tocó a él. Ellos son una de las razones por las que cuida tanto sus letras —escritas por él y basadas casi todas en sus propias experiencias— y la imagen que da. “Antes igual subía cosas mías más personales o fumando. Pero a mí me ve todo el mundo en Instagram o Facebook, niños y abuelos, y yo quiero ser todo ejemplo. Que los que vengan detrás quieran hacer música siguiendo mis pasos”.

Maikel Delacalle:

Crédito: Carola Melguizo | The Objective

Maikel habla como quien sabe que va ganando la partida, pero que está muy lejos de terminar el juego. Ahora que recibe consejos de J Balvin y que ha empezado a concederse los primeros caprichos de su vida; ahora que puede —debe—  enorgullecerse de su disco de platino con Replay, ahora que todo está sucediendo, él elige seguir trabajando. Llega a la cama y ahí, loco, es cuando lo piensa.

-¿Qué es para ti el éxito?

-El éxito es cuando yo llego a casa de mi abuela y le veo en los ojos la felicidad. Mi familia pasó de verme detrás de unas rejas a verme en la televisión. Para mí eso es el éxito. También el escenario y la gente cantando. Pero mi abuela es mi fuerte: los ojos de mi abuela cuando me ve cantando.

-¿Cuál ha sido la mayor lección de estos años?

-Si tú no lo haces, nadie lo va a hacer por ti. Yo he tenido muchas subidas y muchas bajadas. La lección que yo vi es que esto no para, tienes que continuar, todos los días, es como el gimnasio. Esto es constancia, del día uno hasta el día que pares de hacer música. Mira a Daddy Yankee, él está todos los días haciendo música y por eso está donde está. Él está en todas las generaciones, en las de hace 10 años y en la de ahora. Pues yo quiero lo mismo, quiero eso.

-¿Dónde te ves en 10 años?

-Trabajando, ayudando a gente, con nuestro propio sello. Haciendo música y feliz, me veo feliz.

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