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Por qué tu mal uso de las lentillas está alterando la vida de los océanos

Foto: Gerry Broome | AP

Hasta este momento sabíamos que el mal uso de las lentillas tiene consecuencias adversas para nuestros ojos, sobre todo si alargamos su vida útil más de lo recomendado. Podemos padecer infecciones, úlceras y, en algunos casos sorprendentes, ataques de amebas que se comen –literalmente– nuestros globos oculares. Esto le ocurrió a un estudiante vietnamita en Toronto, quien, tras seis meses con las lentillas puestas, perdió la vista por culpa de estos insectos microscópicos.

Lo que desconocíamos es hasta qué punto los malos hábitos de quienes utilizan estos sustitutivos de las gafas pueden alterar el medioambiente. Porque desechando las lentillas de cualquier manera estamos poniendo en riesgo los ecosistemas marinos.

Una nueva investigación presentada en Boston, a propósito de un encuentro de la America Chemical Society, ha alarmado sobre el daño que provocan las lentillas cuando las tiramos por el retrete o por conductos similares. Si estás acostumbrado a realizar esto, como tantas personas, debes saber que tiene muchas posibilidades de terminar en el fondo del océano, primero, y en el estómago de algún animal después.

Los investigadores que lideraron el estudio hicieron el seguimiento de hasta 11 tipos distintos de lentillas –distinguidos por su composición– dentro de unas instalaciones de tratamiento de aguas residuales. Lo que descubrieron es que se deshacen con suma facilidad, y que una vez transformadas en incontables fragmentos de plástico terminan sumándose a la infame cantidad de micropartículas contaminantes que se acumulan en nuestros ríos y mares. Y por si no era poco, durante el camino absorbe otras sustancias contaminantes por las vías de alcantarillado, un camino que continúa en los estómagos de los peces más pequeños.

Por qué tu mal uso de las lentillas está alterando la vida de los océanos

Desperdicios de plásticos encontrados en las costas de Nueva Jersey, Estados Unidos. | Foto: Julio Cortez | AP

Luego prosigue el ascenso en la pirámide: los peces más grandes se alimentan de los pequeños y, de manera sucesiva, terminan finalmente en nuestros organismos. No solo a través del lenguado que compramos en la pescadería, sino está presente en la cerveza que bebemos y en el agua de grifo con la que nos duchamos. Incluso en la sal con la que cocinamos, tal y como describe la revista Quartz.

Por otra parte, los animales no son las únicas víctimas de los malos hábitos con nuestras lentillas. El estudio sugiere que el impacto se produce del mismo modo sobre los arrecifes de coral, que son esenciales para el mantenimiento de vida en los océanos y sirven como aliados en la captura de dióxido de carbono –uno de los gases causantes del efecto invernadero–.

El trabajo de campo de los investigadores norteamericanos reveló que, al menos en el país en cuestión, uno de cada cinco usuarios tira las lentillas por el desagüe, dejándolas ir con el agua. El daño parece insignificante si nos centramos en lo diminutas que son, pero la realidad es más amplia: los expertos estimaron que suponen entre seis y diez toneladas cada año solo en Estados Unidos.

Dicho esto, la solución no pasa por dejar de usar definitivamente las lentillas, pero sí por ser más conscientes de que una vez utilizadas, su mejor lugar no es el retrete, sino la bolsa de basura.

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