Maltrato y confinamiento: el infierno y la "nueva normalidad" de las víctimas
Foto: Melanie Wasser

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Maltrato y confinamiento: el infierno y la "nueva normalidad" de las víctimas

Hablamos con una psicóloga para entender cómo ha afectado este tiempo de confinamiento a las víctimas de maltrato

por María Hernández

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Desde que comenzó el confinamiento en España por la pandemia de coronavirus hemos visto cómo aumentaban las llamadas al 016, el teléfono de atención a las víctimas de maltrato. Las semanas de encierro en casa han sido una época difícil para todos, pero para aquellas mujeres que lo han pasado encerradas con su maltratador ha sido un infierno. Tanto si lo que sufren es un maltrato físico como si no han llegado a ese punto y las agresiones son psicológicas.

Para entender cómo ha afectado este tiempo de confinamiento a las víctimas de maltrato, tanto si conviven con su pareja como si no, y cómo va a ser su vuelta a la normalidad, mucho más complicada que la del resto de personas, hablamos con la psicóloga Marta Cabezas, de Intro Psicólogos.

Cómo se llega a la violencia

Para entender cómo ha afectado esta época a las víctimas de maltrato, es importante saber cuál es el proceso de instauración de la violencia, afirma Cabezas. “Se empieza por una primera fase de engaño”, explica, «cuando el chico tiene conductas de seducción muy espectaculares, con múltiples detalles que casi recuerdan a una película romántica americana»

Después viene “una fase en la que ya empieza a haber mecanismos de anulación de la mujer y, sobre todo, de intentar su aislamiento social”. Los celos, el control, alejar a la mujer de su círculo de amigos, de su familia, son típicos de esta segunda fase de una relación con violencia de género.

Por eso, cuando la violencia ya está instalada, la víctima no suele tener una red de apoyo a la que acudir y es mucho más difícil que deje a su maltratador.

El ciclo de la violencia

Una vez que se ha llegado a una situación de violencia, también es importante entender cómo se desarrolla. “Normalmente la violencia gira como en una pescadilla que se muerde la cola, con tres fases principales: la luna de miel, la fase de acumulación de tensión y la liberación de tensión”, nos cuenta Cabezas.

La primera fase, la luna de miel, es aquella en la que “todo es maravilloso” y puede ser tanto el inicio como la fase que sigue al estallido de violencia. La segunda fase es aquella en que el maltratador acumula tensión durante un tiempo, cuando se disipa la luna de miel y comienza la vida normal. Por último, está la liberación de la tensión, el episodio de violencia, tras lo que se suele volver a la fase de luna de miel para convencer a la víctima de que todo está bien, explica la psicóloga.

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Foto: Progressive Insurance | Unsplash

En situaciones normales, cuando llega la última fase suele haber una amenaza de dejar la relación por parte de la víctima, por lo que el maltratador empieza la fase de luna de miel de nuevo. De normal, “estas tres fases van dando la vuelta” y en el confinamiento, lo que ocurre es que estas fases duran menos y “la rueda va mucho más rápida, gira más porque hay más roce”, dice la psicóloga.

“Aparte, porque la luna de miel ya no tiene tanto sentido, porque la mujer no se puede ir. Entonces, cómo no te puedes ir y además es muy fácil amenazarte, estamos todo el rato en las fases malas de acumulación y liberación de tensión”, añade.

El confinamiento con el maltratador

Si la víctima vive con el maltratador, el confinamiento solo puede agravar esta situación, ya se encuentre en la fase inicial del aislamiento y la anulación o en la fase más grave de la violencia.

En el caso del aislamiento social, estar encerrados juega un papel muy importante porque el contacto con los seres queridos, que ya es complicado en la vida normal por las reacciones que genera en el maltratador, se reduce a las redes sociales y WhatsApp en la mayoría de ocasiones y estando en casa es más difícil de ocultar. Además, “hay veces que incluso ellos tienen el control” de esos medios, señala Cabezas.

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Foto: Kelly Sikkema | Unsplash

Esto influye también en las terapias psicológicas, pues muchas de las mujeres que acudían a ellas están dejando de hacerlo por no tener la posibilidad de hablar sin que los oiga su pareja.

En cuanto a la anulación de la víctima, es cierto que los celos y las discusiones por salidas con amigos o familiares se pueden reducir durante estas semanas de cuarentena, pero no depende solo de eso. “Al final la anulación se va a haciendo con cosas muy pequeñas y muy sutiles todo el rato que a una le van minando la autoestima”, explica la psicóloga, “y el confinamiento ahí también va en contra de ella, porque no tienes otro referente”, puesto que pierdes el contacto con las personas que habitualmente te dan mensajes positivos, añade.

A todo esto, se suma el factor del estrés. “Los maltratadores son personas con una muy mala gestión emocional”, afirma Cabezas. Por tanto, en esta situación en la que todos hemos tenido que ceder un poco con las personas con las que vivimos, “este tipo de personas tienen poca capacidad de autorregulación, en ocasiones pueden ni querer intentarlo, por lo que todo el estrés que acumulen recaerá sobre ella»

Por tanto, “el confinamiento lógicamente es a favor del agresor y en contra de la víctima”.

El confinamiento sin el maltratador

Otro caso distinto es cuando la víctima no convive con su maltratador, pues en estos casos el confinamiento le da un pequeño respiro.

«Cuando estamos en las fases de anulación, de culpabilización y de aislamiento, el confinamiento sin convivencia puede beneficiar a la víctima, porque convive con otras personas que le darán otra perspectiva de las cosas», explica la psicóloga. “El hecho de que la mujer tenga otras personas con las que convive le beneficia, porque aunque ellos están muy presentes a través del teléfono o internet, ella podrá encontrar momentos libres de la influencia de él”, añade.

Además, Cabezas considera que en los casos de chicas jóvenes y de adolescentes, el encierro puede haber ayudado a detectar el maltrato psicológico por parte de sus parejas. En estos casos, “en la fase de engaño, el confinamiento perjudica, porque es una fase en la que la mujer hace una idealización de la pareja a raíz de las conductas y promesas de él, prevalece la fantasía de todo lo que harán juntos cuando el confinamiento pase y esto la irá atrapando».

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Foto: Steinar Engeland | Unsplash

Por tanto, es importante que las familias estén alerta “a ver si está enganchada al móvil, si cambia de habitación con él en la mano y, sobre todo, si la ven angustiada, si a veces suelta el móvil está como tensa”, porque “no son conversaciones solo bonitas, también hay momentos de ‘¿dónde estabas, que no me has escrito?”.

Volver a la normalidad

Empezar esta “nueva normalidad”, como la ha denominado el Gobierno, es algo que muchos esperamos con ganas. Para estas mujeres puede resultar un alivio, pero también puede ser mucho más complicado.

Tras pasar dos meses con su maltratador, una víctima puede haber entrado en una fase de aislamiento social mucho más profunda de la que se encontraba antes y de una manera más acelerada de lo habitual. Por eso, es muy importante “retomar el contacto” y, sobre todo, si conocemos a alguien que sospechamos que está sufriendo este tipo de violencia, “no dejar de escribirle, aunque no te conteste hasta tres días después, no perder el contacto con ella” porque lo que haces es “ayudar al maltratador con su aislamiento”.

Además de más aisladas, estas mujeres volverán a su vida anterior habiendo vivido una tensión en casa que las va “debilitando”. “Si el ciclo de la violencia gira más rápido esto ayudará a la mujer a tomar conciencia de la dificultad de él para cambiar, es más difícil mantener la esperanza de cambio si en dos meses ha habido, por ejemplo, seis episodios de violencia verbal, física o sexual».

“Si te das cuenta de eso, es mucho más fácil que quieras salir de la relación. Pero eso es contando con una persona que tiene todos los recursos, pero una mujer después de todo este maltrato tiene una confusión mental que es muy difícil de explicar si no lo has visto, porque dudan de cosas que son obvias”, dice Cabezas.

Ahora, a esa situación de maltrato se suman “los factores asociados sociales y económicos” derivados de la crisis, “la incertidumbre que tenemos a nivel de trabajo y de todo perjudica al hecho de que estas mujeres puedan salir de estas relaciones”.

“Luego está también que, a nivel social, la gente no tiene tanta paciencia, a veces se quedan solas porque la gente a su alrededor se cansa de que les escriban y no les contesten, de que otra vez hayan vuelto con él, de que lo prioricen a él antes que a los amigos”, añade la psicóloga.

Por eso, “cuando termine el confinamiento puede haber gente que tenga más conciencia de que la pareja no va a cambiar, pero va a tener más dificultad de salir”.

En este aspecto, Marta Cabezas incide en que sería muy importante “que hubiera más recursos públicos, una mayor asistencia”.

 

El 016 atiende a todas las víctimas de violencia machista las 24 horas del día y en 51 idiomas diferentes, también durante el estado de alarma.

María Hernández

De Murcia y madrileña de adopción. Escribo a menudo sobre derechos humanos e inmigración. También estudié Publicidad, pero lo mío es el periodismo. Y los viajes.