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Manuel Antín: el director que nunca llegó a viejo

Foto: Manuel Antín en su visita a Madrid | Casa América

Último exponente de una generación dorada que renovó el cine hispanoamericano, Manuel Antín contactó a un casi desconocido Julio Cortázar para llevar al cine uno de sus cuentos. Ese fue el comienzo de una amistad, de una serie de adaptaciones –podrían haber sido más–, y de una larga correspondencia que se prolongó durante dos décadas. El realizador argentino, quien padeció la censura, fue quien impulsaría luego la abolición de la misma con la llegada de la democracia a su país, así como el creador de una escuela de cine de prestigio.

 

“Era un gigante.” Una larga y delgada sombra se acercó a él. No pudo precisar quién era. Como el personaje del cuento La noche boca arriba, Manuel Antín emulaba esta posición, pero estaba pendiente de su cámara y no del cielo ni de las nubes. Se inclinó ante esa presencia en la plaza de Furstemberg, en pleno Saint-Germain-des-Prés. En ese improvisado plató –no había solicitado autorización al ayuntamiento parisino para filmar en aquella locación– conoció a Julio Cortázar. Entre ellos fluía ya una correspondencia que se extendería durante dos décadas, pero el encuentro físico ocurría aquel día de 1962, en el rodaje de La cifra impar (basado en el cuento Cartas a mamá, de Las armas secretas). “Había un diálogo directo entre las dos cabezas, como si no necesitase pasar aquel trabajo por la instancia de un guion”, describió Alan Pauls, el escritor cuyo padre además produjo La cifra impar, al tándem Cortázar-Antín.

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María Rosa Gallo y Lautaro Murúa en ‘La cifra impar’ | Foto vía Museo del Cine Pablo Ducrós Hicken.

Manuel Antín, director de actores, emblema de la “generación del sesenta” del cine argentino y creador de la prestigiosa Universidad del Cine, en 1991, recibió durante una semana un homenaje en Madrid. Los sitios elegidos para esta fiesta fueron Casa de América y el Museo del Escritor, donde se presentó Manuel Antín /Julio Cortázar, viajes de la literatura al cine, de Mariángeles Fernández y Diego Sabanés (del Centro Editores), expertos en la obra del escritor argentino (Sabanés dirigió Mentiras piadosas, basada en varios cuentos de Cortázar). Estos viajes que investigaron los autores entre los dos “cosmonautas” son La cifra imparCirce e Intimidad de los parques

¿Cómo entabla el primer contacto con Julio Cortázar?

Por carta. Yo quería ser escritor, pero no creía en mí ni en lo que escribía. Un día, en casa de un amigo, encontré un libro de un autor por entonces desconocido. Era un libro de Cortázar. Quería plagiarlo. Entonces, pregunté dónde publicaba y le escribí una carta muy respetuosa donde le pedía poder adaptar uno de sus cuentos.

De este modo comienza a integrar, con La cifra impar, sin proponérselo, el grupo de una generación de directores así como una sociedad artística con Cortázar. ¿Firmaba contratos con él?

No. Nunca. Mucho tiempo después de morir Cortázar temía que alguien me reclamase dinero o algún papel, pero nosotros no trabajábamos así.

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Alberto Argibay y Graciela Borges en una escena de ‘Circe’. | Foto vía Museo del Cine Pablo Ducrós Hicken.

Cortázar adaptó su cuento Circe el resultado fue la película homónima de 1964para el cine, ¿cómo era él como guionista?

Era un enamorado de sus textos.

Padeció la censura con esta película, ¿cuál era el argumento para su prohibición?

Sí, tuve muchos problemas con ella a causa de una escena en particular en la que la protagonista, Graciela Borges, se da un beso a sí misma en el espejo. No tenía ninguna intención perversa. La censura lo interpretó como un acto de onanismo y la película estuvo casi un año prohibida.

¿De qué modo llega a usted Francisco Rabal? ¿Lo convoca para Intimidad de los parques?

Lo conocía porque teníamos bastante relación a partir de personas en común, como Luis Buñuel con quien filmó Viridiana y Nazarín—. Era magnífico. Era una luz en la filmación. Tenía un gran sentido del humor.

¿Cómo era Buñuel? ¿Cuál era su vínculo con él?

Nos encontrábamos en festivales y nos saludábamos porque estábamos en la misma profesión, él tenía mucha tolerancia conmigo. Yo era muy joven que esa época.

 

Recuerda Antín aquel día en el que le mostró La cifra impar a Cortázar en Buenos Aires. El escritor viajaba esporádicamente para visitar a su madre y acudió a los míticos laboratorios Alex a una función privada. En una escena, el protagonista ve a la novia de su hermano y le dice a su madre: “Laura es igual a vos. Laura sos vos”. Cortázar quedó en silencio ante este parlamento y luego miró a Antín.

–Pibe, ahora entendí mi cuento.

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Manuel Antín en su visita a Casa América el 11 de noviembre de 2019 | Foto: Casa América.

Un amigo apasionante

¿Alguna vez quiso llevar al cine Rayuela?

No. Es una novela imposible. Incluso en alguna oportunidad él me dijo que le parecía impracticable hacerlo por la gran extensión y densidad de Rayuela.

Cortázar le ofreció otros textos suyos para que llevara al cine El río, Bruja y Divertimento y usted lo rechazó, ¿por qué?

Me parecía improcedente. Yo filmaba los textos de los cuales yo me enamoraba.

¿Se quedó con ganas de adaptar otro texto de Cortázar?

No. En muchos lados no se habla de mí, sino de él. A medida que avanzó mi filmografía, él se fue haciendo muy famoso. Un día me divorcié de Cortázar porque estaba muy vinculado a él y decidí cambiar de trineo.

Pero en ese divorcio artístico, siguió con la copiosa correspondencia.

Sí, me escribí con él hasta después de separarse de Aurora Bernárdez. Después no porque empezó una vida completamente distinta, con la que yo no estaba de acuerdo, porque estaba dejando la literatura para dedicarse a la política. Eso me parecía un crimen.

Si pudiese definir a Cortázar con algunas palabras, ¿cómo lo definiría?

Un amigo apasionante y enormemente divertido. Una persona muy inteligente, con mucho sentido del humor.

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Paco Rabal y Dora Baret en ‘Intimidad de los parques’. | Foto vía Museo del Cine Pablo Ducrós Hicken.

El fin de la censura

“Me quedaron unas perchas sueltas”, le dijo Cortázar luego de la proyección en el Festival Sestri Levante, cerca de Génova, de Los venerables todos, la primera película de Antín, basada en una novela homónima del director. Al poco tiempo, el realizador le hizo llegar una copia –el único manuscrito– al autor de Bestiario, copia que perdió en un viaje a Viena. Meses después, Cortázar le envío a Antín el original de Rayuela para que se lo hiciese llegar al editor Paco Porrúa, radicado por entonces en Buenos Aires. “Me voy a cobrar con esta novela tu descuido”, bromeaba el director con este texto sobre La Maga.

Luego de su divorcio creativo con Cortázar, Antín adaptó otras obras literarias al cine: Don segundo sombra, de Ricardo Güiraldes, Allá lejos y hace tiempo, de Guillermo Hudson, o La invitación, de Beatriz Guido, entre otras. Incluso logró realizar un guion de Adán Buenoayres junto con su autor, Leopoldo Marechal, pero la censura no autorizó la realización de esta producción. Antín fue el impulsor de la abolición de la censura en el séptimo arte tras el fin de la última dictadura militar argentina. Este fue el primer decreto de su amigo, el presidente Raúl Alfonsín (1983-1989). Maestro de tantos creadores, a través de la Universidad del Cine de Buenos Aires, la institución que fundó y donde se desempeña como rector, Antín considera que las escuelas de cine no deben solo enseñar, sino ayudar a producir: “Me pregunto si debería haber escuelas que producen o productoras que enseñan”.

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Rodaje de ‘Los venerables todos’. | Foto vía Museo del Cine Pablo Ducrós Hicken.

Ha tenido alumnos que lograron luego cosechar un nombre y éxitos. ¿Qué joven realizador le llamó la atención?

Damián Szifron (Relatos salvajes), Pablo Trapero (El clan), Ariel Winograd (Sin hijos)…

¿Cómo era Szifron como alumno?

Muy abierto, simpático, muy inteligente. Otra figura es Andy Muschietti, que ha batido todos los records con su película It, basada en la novela de Stephen King. Estuvo hace poco visitándome.

¿Qué realizador actual le interesa?

Me gustan mucho los clásicos, a pesar de que tengo muchos jóvenes a mí alrededor.

¿Ve series de TV?

No. Las detesto. Me parecen que son el antídoto al cine.

¿Por qué?

El cine es un espectáculo y necesita de la comunión de los espectadores y la televisión es un medio unilateral.

¿Cómo le gustaría que lo recordasen dentro de 50 años?

Como un director de cine que nunca llegó a viejo.

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