Emoción, emergencia climática y digitalización: foto fija de las galerías de arte en Madrid
Foto: Cedida por Arte Madrid | Pere Llobera

Cultura

Emoción, emergencia climática y digitalización: foto fija de las galerías de arte en Madrid

por Juanma del Olmo Piera

El fin de semana del 11 al 13 de septiembre se celebró Apertura Madrid Gallery, el evento que da comienzo al curso artístico en la capital. Apertura supuso una explosión de creatividad, luz y color (a pesar de que algunas obras expuestas hayan sido críticamente oscuras, «el color es la tecla», Kandinsky dixit) tras un parón que podría haber sido mortal para la economía de muchos artistas. Este año atípico, marcado por la pandemia, han participado 48 galerías para volver a poner en marcha el motor del coleccionismo de arte contemporáneo. Han concurrido nuevos protagonistas: códigos QR y catálogos online, gel desinfectante y restricciones de aforo. Con todo, tras el confinamiento y sus consecuencias, el mero hecho de que se pudiera celebrar el evento es motivo de celebración. Madrid no era exactamente una fiesta, pero aun con las mascarillas se han podido intuir gestos de asombro, de reflexión. Emocionar, generar inquietudes, hacer brotar preguntas. Además, la programación se ha extendido y las muestras de muchas salas permanecerán abiertas un mes y medio. Hablamos con Manuel Fernández-Braso, el director de Arte Madrid, la asociación de galerías que organiza Apertura, sobre los retos de la digitalización, sobre las galerías y su mercado y sobre el papel del arte en el contexto actual.

En primer lugar, tiempo y espacio: Apertura se celebró del día 10 al 13, aunque las muestras de muchas galerías permanecerán hasta bien entrado el otoño. En cuanto al espacio, como novedad, este año el portal Artland permite al visitante sumergirse en 3D en todas las exposiciones. Y decimos ‘sumergir’ porque el nivel de detalle es asombroso. Con una conexión Wi-Fi decente, cualquiera puede ver en alta resolución las propuestas de los creadores en el casi medio centenar de salas participantes. No es lo mismo que llevar una capa de invisibilidad, pero de momento es lo más parecido. La apuesta por lo digital es firme, como prueba asimismo Artsy, donde también se pueden visualizar las obras, hasta el día 26, junto a una breve nota sobre el autor. Si Artland es para recrearse, para pasear con el cursor por las galerías y casi palpar las obras, en Artsy la ventaja es conocer los precios (y ahorrarse así la ceja arqueada y la pregunta).

Manuel Fernández-Braso, director de Arte Madrid, cuenta a The Objective que la digitalización es «un arma de doble filo. Puede ser nuestra salvación. Pero también nuestra pérdida», declara. De este modo, Fernández-Braso se distancia del optimismo general que celebra acríticamente la virtualización.

Indudablemente, para aquellos que no se puedan desplazar a Madrid, recorrer las galerías de forma virtual es un sustituto más que decente, pero la experiencia queda, de algún modo, atenuada, descafeinada. Como tantas otras cosas durante estos meses. Igualmente, si las galerías ya eran espacios cubiertos por un halo de exclusividad, al que sólo se acercaban determinados perfiles, ahondar en la experiencia digital puede suponer más distanciamiento. No se trata de apelar al aura de Benjamin, sino de preguntarse por el papel de las galerías en el contexto actual. Además, el propio campo del arte parece ir cargándose de conciencia, si no en un sentido directamente social sí ético, y los presupuestos simplemente esteticistas pueden resultar insípidos. 

Manuel Fernández-Braso, director de Arte Madrid: «Alcanzar el equilibrio no es fácil en una situación de debilidad» 2

Imagen de la serie ‘Madame Cezanne’s Hairdos’, de John Baldessari, en la galería Caja Negra. | Imagen: cedida por Arte Madrid

El director de Arte Madrid también apunta que la digitalización «para unos es el fin, para otros un medio, para otros, nada». En su monumental ensayo La furia de las imágenes, Joan Foncuberta lo explica citando a Andrés Hispano y Félix Pérez-Hitita: «Internet y la creación de experiencias virtuales están haciendo del mundo representado un lugar finito e indoloro en el que pronto tendremos la opción de vivir, satisfaciendo nuestras expectativas. Quizá no podamos llamar a esa experiencia vivir».

Dejando a un lado el espacio nebuloso de la red, la mayoría de galerías están ubicadas físicamente en los distritos de Centro, Chamberí o Salamanca. Evidentemente, el tema se inscribe en unas coordenadas socioeconómicas. Fernández-Braso opina que las galerías tienden a buscar la cercanía de otras «por un sentido práctico: porque las zonas ya están posicionadas en lo que respecta a los hábitos del público, profesionales, clientes, medios… El salirse de ese pensamiento práctico tiene un gran mérito y genera mucha riqueza en otras comunidades o barrios». Con este análisis, Fernández-Braso resalta la parte más positiva, pero la ubicación de las galerías, vinculadas esencialmente a procesos comerciales, también puede generar fricciones entre los habitantes de un determinado barrio.

En este sentido, la primera galería que destacamos es Sabrina Amrani, que tiene dos sedes: una en la calle de la Madera (en el barrio de Universidad, en Centro) y otra en la calle Sallaberry, en el distrito de Carabanchel. En la primera se puede visitar estos días una muestra de Gabriela Bettini, una artista que conjuga la preocupación ecosocial con un imaginario que bebe del colonialismo. El soporte de los óleos de Bettini, un material parecido a la tela de lino, aporta una sensación orgánica y a la vez se inmiscuye en los cuadros, generando una perspectiva que interroga al espectador, quizá sobre su propia responsabilidad en la destrucción de los ecosistemas.

Manuel Fernández-Braso, director de Arte Madrid: «Alcanzar el equilibrio no es fácil en una situación de debilidad»

‘Mule deer’, de Gabriela Bettini, en la galeria Sabrina Amrani. | Imagen: cedida por Arte Madrid

Apertura ha hecho esfuerzos tanto para programar recorridos para orientar al visitante como para adaptarse a la actual situación. El objetivo, según Fernández-Braso,  es «que los visitantes, a pesar de las limitaciones e inconvenientes, entren en las galerías y se dejen llevar física, intelectual y emocionalmente por las exposiciones»

Cerca de Sabrina Amrani se pueden visitar las galerías Travesía Cuatro, Espacio Valverde, Juana de Aizpuru o Max Estrella. En esta última, una muestra de Eugenio Ampudia comparte la preocupación por la emergencia climática. Su proyecto,La razón es una planta’, es una propuesta prácticamente inmersiva, puesto que en la sala del fondo de la galería se proyecta un vídeo del concierto que tuvo lugar el 22 de junio en el teatro del Liceo de Barcelona, con motivo de la reapertura de su programación tras el fin del estado de alarma, cuya música llena todo el espacio. La novedad estaba en los asistentes al recital: fue un concierto para plantas. La formidable instalación de vegetales y objetos cuestiona, con un background teórico entre Rosseau y Rosi Braidotti, el papel del ser humano en un mundo plural en el que debe encontrar una nueva forma de estar

Tal como recoge Francine Pose en su biografía El escándalo de la modernidad, la célebre coleccionista Peggy Guggenheim (1898-1979) reconocía que su conocimiento del arte acababa en el impresionismo, y que fue el trato con artistas y su capacidad de escuchar (una proactividad y efervescencia que marcaban su carácter) los elementos que fraguaron su fascinación por el arte contemporáneo. Con una idea similar de fondo, Fernández-Braso explica que las galerías tratan de transmitir normalidad. «Que sea normal que te interese la cultura, el arte, conocer artistas y galerías. Que sea normal que te cuesta entender una exposición pero no por ello dejar de disfrutar o emocionarte. Y que sea normal que, si tienes posibilidades, compres arte y quieras vivir en compañía de esas obras. Eso es lo que intentamos transmitir. Convenciendo, de forma natural, con normalidad».

Continuando con la oferta expositiva, en Espacio Valverde se puede visitar ‘Chasis’, de Alfredo Rodríguez, un mix entre la tecnología y el interés por el volumen de los cuerpos que resulta en esculturas con una acentuada sensación de dinamismo. En Travesía Cuatro la artista brasileña Ana Prata presenta ‘Ritual de lo habitual’ , donde aparecen bodegones y cestas de la compra;  y en Juana de Aizpuru el artista portugués CABRITA presenta ‘Suite Madrid y otros paisages’, una serie  de lienzos pasionales que suponen una celebración de la abstracción.  Lo abstracto también se ensalza en la galería Albarrán Bourdais, donde se puede visitar una muestra de Cristina Lucas. La propuesta de la  artista, ‘Subjects in mirror are closer than they appear’ también funciona como llamada de atención sobre la emergencia climática, en este caso más directamente política, al incluir una video instalación sobre el deshielo de los polos. 

Por su parte, la galería Caja Negra presenta ‘Madame Cezanne’s Hairdos’, de John Baldessari, una serie irónica y desenfadada en la que los rostros aparecen sin atributos. El artista crea imágenes fuertemente geométricas presentando sólo los peinados, con una serie conceptual que tiene algo de pop.

Entrando el terreno de la fotografía, en la galería Blanca Berlín se puede visitar ‘Coup de coeur‘, donde se pude contemplar la elegante sobriedad de las imágenes de la prestigiosa fotógrafa Isabel Muñoz.

En otro de los epicentros artísticos de la capital, la calle Doctor Fourquet, Helga de Alvear acoge un compendio de fotografías de Isaac Julien sobre los edificios más representativos de la arquitecta Lina Bo Bardi. También se puede visitar un interior exquisito que destierra la supuesta neutralidad del cubo blanco en Nogueras Blanchard, donde están presentes Hans-Peter Feldman, Perejaume y Antoni Tàpies; o Pere Llobera en la galería F2. En los cuadros de Llobera también hay un reproche al modelo productivo actual, como ejemplifica La basura entrando en la ciudad, un lienzo en el que aparece una cantidad ingente de residuos derramándose sobre una calle, como una catarata que surge tras romperse una presa que ha sido sometida a demasiada presión.

Manuel Fernández-Braso, director de Arte Madrid: «Alcanzar el equilibrio no es fácil en una situación de debilidad» 1

‘One strike, everything is scattered’, en Galería Nogueras Blanchard. | Imagen: cedida por Arte Madrid

El exceso es palpable. La pandemia de coronavirus ha puesto en jaque la movilidad internacional y ha llevado a algunas industrias, como la de la moda, a replantear sus dinámicas. En el terreno del arte, algunas ferias también están en el aire y se ha hablado de la necesidad de desacelerar, de no viajar constantemente para reducir las emisiones y de poner el foco en lo local. A propósito, Fernández-Braso apuesta por encontrar un punto medio: «Escuchaba hace unos días a unos colegas en uno de los “Talking Galleries” que somos un sector dado al exceso. Exceso cuando todo era presencial:  exposiciones, ferias, celebraciones, viajes… y exceso, actualmente, en lo digital. Está claro que el objetivo tiene que ser alcanzar el equilibrio. Pero en situación de debilidad o necesidades eso no es tan fácil».

Imágenes como la de Pere Llobera rechazan la evasión y conducen al replanteamiento de lo normalizado. Además, el contexto es propicio: la pandemia ha llevado a hacerse preguntas. Durante los días más duros del confinamiento, la música, la literatura, el cine y el arte en general supusieron un refugio. También hubo quien hizo pan. Ahora, tras meses muy dolorosos, cabe preguntarse qué puede aportar el arte, como productor de sentidos, en esta situación. Según Fernández-Braso, el arte tiene «doble capacidad de entrar, diseccionar, alterar, analizar o manipular la realidad y todo lo contrario: evadirse de ella y trasladarnos al mundo de las ideas, percepciones, sensaciones y emociones más abstractas, espirituales o imaginarias. En cualquiera de estas dos formas de manifestarse, el arte tiene mucho que aportar al ser humano, en esta situación y en cualquiera». Además de «trasladarnos al mundo de las ideas», eventos como Apertura suponen una fuente de financiación fundamental para muchos artistas, que, además de profesar el consabido amor al arte, tienen que pagar el alquiler. Fernández-Braso explica que los ingresos «han caído con fuerza y la mayoría de los gastos se han mantenido. La consecuencia es que la precariedad del sector, ya de por sí aguda, se ha acentuado. Por eso, una de las razones por las que queríamos que Apertura 2020 se celebrase y no se cancelara es por la enorme capacidad que tiene este evento en la reactivación de todo el sector».  

A esta reactivación pueden contribuir nuevos actores: «El perfil del comprador está ampliándose, o quizá transformándose», señala el director del consorcio de galerías. «Todavía no hay suficientes evidencias de cómo se comporta y actúa el nuevo comprador. Ni del papel que va a jugar lo digital en esos compradores. Las tensiones entre lo presencial y lo digital; entre lo global y lo local, son evidentes. El resultado de esas tensiones, todavía incierto».