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María Hesse: "Controlar el placer sexual de las mujeres es una forma de dominación"

Como si lo hubiera hecho para resarcirnos a todas, la sevillana ha escrito e ilustrado el libro que nos hubiera enloquecido leer mientras todo el mundo callaba

Foto: Erea Azurmendi | Lumen

María Hesse (Huelva, sevillana de adopción, 1982) no recuerda la primera vez que se masturbó. Sí recuerda cómo era la luz que llenaba el baño el día que le vino la regla por primera vez. Y como ella, todas nosotras. Ahora cree que esta brecha en nuestra memoria tiene mucho que ver con cómo nos han vendido la sexualidad a las mujeres. Nadie nos habló del clítoris, del disfrute de tocarnos, del placer, de nuestro placer.

Como si lo hubiera hecho para resarcirnos a todas, María Hesse ha escrito e ilustrado el libro que nos hubiera enloquecido leer mientras todo el mundo callaba. Llega ahora todo eso que deberían habernos contado rodeado de flores, trazos bellos y rosa flúor.

El placer (Lumen, 2019) recorre la historia de esas mujeres de la historia que reivindicaron sin complejos su sexualidad; salta del sexo oral a un manual ilustrado de la anatomía de la vagina; repasa el papel —obstaculizador— de la religión en la liberación sexual. En El placer hay recetas de tortilla, hay poemas de Piedad Bonnett, hay canciones galácticas de Maria Arnal y Marcel Bagés. Todo esto lo adereza María con su visión mundana, sincera, sentía. Es el libro que le hubiera flipado a su padre, es el que le ha encantado a su madre —cuya opinión es tesoro—.

¿Este libro es una reconciliación con la niña con dudas que fuiste, con la adolescente que estuvo años teniendo relaciones sin alcanzar el orgasmo?

Yo ya me había reconciliado con esa niña, porque tuve la suerte de tener unas amigas maravillosas con las que empecé a hablar y me descubrí. Aunque con mi primera pareja no tuviera esos orgasmos, era bonito, era un chico afectuoso, que me trataba muy bien y se preocupaba por mi placer. Era yo la que me censuraba, nunca fue él. Me ha servido el libro para analizar la conducta que yo he tenido a lo largo de estos años después de mi propia censura.

¿Qué es lo que te motiva para escribir sobre el placer?

Mi liberación sexual fue hace muchos años. En la universidad ya hablaba con mucha naturalidad de sexo con mis amigas y amigos. Desde hace muchos años me apetecía hacer un libro erótico, pero no me sentía capaz de ponerle palabras. Lo que sí empecé a hacer fue subir en redes sociales ilustraciones que hablaban de la masturbación femenina o de nuestra sexualidad. Esas imágenes fueron censuradas. Eran dibujos explícitos pero no agresivos como para ser censurados.

Ahí me di cuenta de que esa liberación que mis amigos y yo teníamos era de nuestro círculo y no era tan generalizada; y que todavía seguía existiendo un tabú con respecto a nuestra sexualidad y a nuestro placer. A partir de ese momento de censura, y de que yo ya me había colocado mis gafas moradas de feminista y me había puesto de activista en redes sociales, ese libro que iba a ser erótico fue tomando otra forma más de reivindicación de la sexualidad y nuestro placer más allá del erotismo o la fantasía.

¿Por qué se ha intentado limitar o controlar el placer de las mujeres?

Creo que hay dos motivos. El primero es que para la reproducción nuestro orgasmo no es necesario. En cambio los hombres si no tienen orgasmo, no hay esperma y no te puedes quedar embarazada. Por ejemplo, cuando estudiamos en el colegio nuestro órgano reproductor salen los ovarios, el útero, pero nunca ha salido nuestro clítoris, porque desde esa perspectiva, como que da igual. Pero sobre todo nuestro placer se ha controlado porque es una forma de dominación. Antes se consideraba que las mujeres no se podían masturbar. Eso era de guarras. El placer si alguien nos lo daba era nuestra pareja, nuestro marido. Entonces, depender de ellos para disfrutar sexualmente —casi ni siquiera disfrutar porque consistía en la penetración— es una herramienta de dominación más.

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Ilustración María Hesse en ‘El placer’. | Crédito: Lumen

En El placer describes cómo la educación sexual que recibiste en el instituto consistía básicamente en cómo poner un preservativo a un plátano. ¿Crees que ha mejorado con los años?

Creo que no hemos avanzado mucho. Muchos padres no quieren que en los colegios se hable de educación sexual, que me parece terrible. En cualquier caso se educa para prevenir de enfermedades y embarazos, pero la educación afectivo sexual todavía sigue teniendo mucha carencia. Incluso con la masturbación, a los niños se les decía, no os hagáis pajas que os va a salir granos, pelos u os vais a quedar ciegos y yo creo que eso ya se ha superado. Pero a nosotras ni siquiera se nos decía, porque se daba por hecho que eso nosotras no lo hacíamos. Entonces no corríamos ese riesgo. Si lo hacíamos, si nos masturbábamos, entonces pasábamos al estatus de guarra.

¿Es Internet la fuente de educación sexual ahora?

Nosotros no teníamos el recurso del porno y ellos sí lo tienen. Y el porno gratuito sigue siendo un porno falocéntrico, heteropatriarcal, en el que las mujeres sufren muchas humillaciones. Y hay otro tipo de porno, que ya es de pago, que desgraciadamente tiene la etiqueta de porno para mujeres. Llámalo porno feminista si quieres —que porno feminista es un porno igualitario en el placer de los dos—, pero si le pones lo de mujeres, vas a hacer que el hombre no entre a consumirlo. Además ese porno hay que pagarlo, que es normal porque hay que pagar por el trabajo de los demás. Pero el gratuito es terrible, y si eres joven y es la única educación que has recibido —porque paralelamente no te han enseñado nada— pues se corre el riesgo de que esa sea la base de la educación sexual. Que no debería de ser porque deberían distinguir que es ficción, igual que si vemos Juego de Tronos sabemos que es ficción.

Esto además está provocando problemas a la hora de mantener relaciones reales porque, claro, el porno es falso: nadie tiene esas erecciones tan largas ni las mujeres tienen 40 orgasmos seguidos. Luego llega el momento de la verdad y se llevan una decepción.

Sobre los cánones de belleza, ¿es tal y como dices en el libro: no solo los sufrimos sobre el cuerpo, sino que también hay un “canon de belleza del coño”?

¡Qué fuerte, eh! Yo no sé cómo tiene el resto de mujeres el coño, pero yo desde luego no lo tengo ni como lo tenía de pequeña ni como lo veo en las películas porno. Es verdad que me sorprenden las operaciones estéticas genitales, porque nosotras ni siquiera estamos acostumbradas a mirarnos porque nunca nos dijeron ‘mira, coge un espejito para verte’. Y a pesar de eso esas operaciones estéticas son de las más demandadas. Es una operación estética ridícula porque tú prácticamente no te lo ves, es para agradar a la otra persona. ¡Que puedes hasta perder sensibilidad!

 

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Tres afirmaciones del libro. La primera: “Cuando desaparecieron la culpa y la presión de satisfacer el orgullo de otra persona, llegó el orgasmo”.

Esto es así totalmente. La culpa es un problema que tenemos aun a día de hoy, por muy liberadas que estemos. Muchas veces entramos en una presión de querer buscar el orgasmo y nos olvidamos de todo lo que hay entre medio, que es más interesante. Si estás buscando el final no estás disfrutando de lo que pasa antes. Entonces ocurren problemas de erección, de no llegar al orgasmo… Nuestra preocupación tiene que ser sobre el placer de la otra persona en ese momento, el pararse a mirar, a tocar, a morder.

“Lo que no decimos se convierte en un secreto y los secretos provocan a menudo vergüenza, miedo y mitos”. Esta es de Eve Ensler. 

Claro, tú no cuentas lo que te da vergüenza, lo que piensas que has hecho mal. Si hay algo que no te han contado, si no te han hablado del clítoris, de un millón de cosas con respecto a nuestro cuerpo, directamente asocias que es porque tiene que ser algo malo. Porque de pequeña has aprendido a no contar las cosas que haces mal. Entonces, hay que nombrar las cosas, hay que nombrar el cuerpo. Saber que existe y que disfrutar de nuestro cuerpo no es un pecado.

Para terminar, la pregunta que tú le haces a Anne Sexton: ¿es el placer algo más complicado de lo que creíamos?

Se ha convertido en algo complicado porque lo hemos cargado de millones de connotaciones, de culpa y preocupaciones. Debería ser más sencillo. Yo creo que se arreglaría mucho con la comunicación, que es la base para romper con las dudas. Toda la comunicación debe llevar a un proceso de comprender que nuestro cuerpo es maravilloso.

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Ilustración María Hesse en ‘El placer’. | Crédito: Lumen

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