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Marisa Paredes, la diva resfriada que recibe el Goya de Honor 2018

Foto: Luca Piergiovanni | EFE

Marisa Paredes recibirá el 3 de febrero el Goya de Honor por una trayectoria extensísima y se le sigue adivinando en pantalla una mirada dulce, una sonrisa levemente inclinada, una voz que podría ser la voz. Pero hoy Marisa Paredes está resfriada y sus ojos parecen cansados y su sonrisa luce con esfuerzo y su voz brota sin energía. Habla entre sorbos de agua, que le ayudan a sobreponerse a las preguntas de los periodistas presentes en la sala de proyecciones de la Academia, y está sentada con las piernas cruzadas, con las manos sobre las rodillas.

“Cuando llega el momento en que la gente te reconoce por hacerlo más o menos bien, te das cuenta de que pasa el tiempo”, dice Paredes, con cierta nostalgia, a sus 71 años –72 en abril– y con medio siglo de trabajo sobre el escenario y frente a las cámaras. Tanto tiempo después, uno se pregunta si mantiene el entusiasmo de los primeros años. “Me queda el amor a la profesión: le he entregado mi vida”, continúa. “Me quedan muchas cosas por aprender, muchas cosas por hacer”.

Su última película se llama Petra, que se encuentra en proceso de posproducción, y está dirigida por Jaime Rosales. “Es una de las más complejas que he hecho”, explica. “Rosales tiene un gran talento”. Paredes define a su personaje como una mujer en una circunstancia de soledad y aislamiento, con una actitud pasiva, que deja un poso de rencor en todo lo que hace. Parece una actitud que no concuerda en absoluto con su personalidad, y de eso se trata: los actores son profesionales en crear mundos.

Marisa Paredes, la diva resfriada que recibe el Goya de Honor 2018

Victoria Abril, Marisa Paredes y Miriam Díaz-Aroca en ‘Todo sobre mi madre’. | Fuente: Sony Pictures

Lo descubrió de pequeña, durante su infancia en la madrileña plaza Santa Ana, rodeada de teatros. “Pensé en hacerme bailarina, cantante, cantautora, abogada, espía… las cosas más especiales”, dice. “Por eso me hice actriz, y estar aquí me demuestra que no me equivoqué”. Marisa Paredes tiene ciertos papeles que han marcado su carrera: Carmen en El espinazo del diablo (Guillermo del Toro), la madre de Dora en La vida es bella (Roberto Begnini), Huma Rojo y Becky del Páramo en Todo sobre mi madre y Tacones lejanos (ambas de Pedro Almodóvar). Por esta última –Becky del Páramo– se estrenó incluso un cabaret en París, que imitaba al detalle a su personaje: los guantes, los tacones, la música. “Y cantaban el Piensa en mí“, sonríe Paredes.

Porque a la diva de Almodóvar se le han escapado pocas cosas en la vida y apenas tiene cuentas pendientes. Dice que, tal vez, trabajar con Buñuel –”pero no lo tenemos”– y Berlanga –”que tampoco está”– y no rehuye de valorar los escándalos sexuales que se han destapado en Hollywood: “Todo lo que las actrices han hecho para denunciar la humillación que han sufrido demuestra su valor y su arrojo, ya está bien de tanta explotación”. Sin embargo, cree que hay razones para el optimismo y señala que algo está cambiando: “Ahora veo que cada vez hay personajes femeninos con más presencia, y esto se debe a los pasos enormes que estamos dando. Porque si contamos las historias únicamente desde la perspectiva masculina, estamos dando solo la mitad de las perspectivas”.

¿En cuanto al discurso? Dice que lo hará rápido y simpático: “Esto no es el discurso del rey”.

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