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Marlango: "Es sorprendente que todavía tengamos cosas que contarnos musicalmente"

Foto: Marlango | Marlango

Llegamos al estudio de Jorge Drexler en Madrid. Hace sol pero llueve. Es un día extraño, diferente, de esos que le gustan a Leonor Watling. Junto a Alejandro Pelayo, la otra mitad de la banda Marlango, llevan horas y horas de entrevistas pero no se amilanan. Presentan su disco Technicolor y se preparan para los conciertos que comienzan en Bilbao el 18 de octubre.

En un cartel en la cocina se lee: “Por favor, dejar el estudio limpio después de usarlo, sobre todo, la cocina”. Sientes que es el mensaje que puedes encontrar en el piso que compartes con algunos roommates. Apenas pisas el espacio te sientes en confianza. Es el rollo que transmite esta pareja que, según Pelayo, ha “pasado por todas las posibilidades que dos personas pueden gastar en una vida”. Tras 20 años de conocerse han sido novios, amigos, pareja creativa y ahora, “como hermanos”. Han hecho juntos ocho discos. Technicolor es el séptimo de estudio.

Alejandro comienza a conversar. “A veces los periodistas sienten que vamos a tener una respuesta a las preguntas que nos hacéis por el simple hecho anecdótico de haber escrito unas canciones, pero nosotros de alguna manera somos los primeros oyentes de eso. No es que tengamos mucha más información por ser los compositores, letristas o productores del disco. La música sucede y pasa, incluso a través de los que participan en el proceso”, confiesa. Leonor le apoya: “Siempre son a posteriori las respuestas”.

Leonor (L): De repente, a mi me dicen, en el disco hay muchas heridas y entonces piensas: “Sí, es verdad”, pero tú no eres muy consciente…

Alejandro (A): Tampoco quieres quitarle la ilusión al que pregunta porque te pasa a ti también. Yo escucho mucha música e interpreto eso que estoy escuchando. Si tuviera la posibilidad de hablar con el autor o el intérprete quizá le diría: “Qué música tan triste”. Debe de llover mucho en la ciudad donde has compuesto esto. Y a lo mejor el tío está en una playa en el Caribe tocando eso por el recuerdo de algo… Eso que tiene la música para nosotros es maravilloso.

Es el misterio… ¿no?

A: Sí. Vamos elaborando un discurso, según nos van preguntando para, muchas veces, no defraudar al que pregunta, pero no es que tengamos muchas respuestas.

Hace poco tuve la oportunidad de entrevistar al poeta Ben Clark y me dijo algo similar cuando le pregunté que, cuando está trabajando, ¿qué viene primero: la imagen o la palabra. Respondió que no está muy claro. “Muchas veces parece que las imágenes están escritas por la imagen pero a veces están escritas para desentrañar lo que hay detrás”, dijo.

L: Es que es así.

Han lanzado el disco en otoño… ¿les gusta especialmente el otoño o es que por suerte el material estuvo listo en esta época?

A: Se va dando así y cuando está, está. Pero si podemos elegir, nos gusta…

L: El entretiempo. Primavera u otoño.

Se conocen mucho. Se nota que, casi siempre, saben lo que el otro está pensando y tienen gustos similares, sobre todo, en la música.

A: El entretiempo es un lugar más creativo. Más amable que el invierno o que el verano que son estaciones más extremas, para bien o para mal. Durante el otoño y la primavera es cuando se siembra y cuando se recoge. Hay algo como más orgánico para nuestro oficio.

L: Y algo más inestable. A él le gusta mucho la lluvia y a mí me gusta mucho la sensación del cielo plomizo. El sol que no sabes si sale. En esa transición e inseguridad, yo estoy más cómoda.

Es el séptimo disco de estudio de Marlango. Se dice fácil pero ¿cuánto ha cambiado la banda desde el principio?

L: Somos más mayores (risas).

A: Sí. Del 2004 al 2018 todas las cosas que nos han pasado han sido una sorpresa. Ha sido una sucesión de acontecimientos muy divertidos. Hemos viajado por 18 países para tocar canciones que habíamos escrito en un contexto muy precario, muy íntimo y muy sin ninguna pretensión. Todo eso ha ido provocando cosas musicales que se han ido dando en los escenarios. Hemos hecho más de 2.000 conciertos juntos.

L: ¡¿2.000!?

A: Sí…y bueno, ojalá hayamos cambiado mucho y que todo eso se vaya filtrando en eso que llamamos experiencia y madurez.

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Foto: Marlango

¿Marlango ha tenido alguna búsqueda musical particular?

L: Para nosotros no ha habido una diana donde queramos dar. Nos acercamos más desde otro sitio. Desde hacer un álbum de fotografías de un momento concreto y, en ese sentido, somos muy honestos. A lo mejor te encantaría tener un álbum de fotos de viajes por el mundo súper exótico y tienes unas polaroid de tu casa.

A: Comparto lo que dice Leonor, pero sí que hay algo, como una sensación de ser coches de choque que cuando tocas con algo vuelves hacia atrás y esos topecitos, que son los escenarios, te van dando un espacio. Y ya en este tercer disco en español, ese espacio se va definiendo más. A mí me gusta mucho esa pequeña conquista donde pueden convivir, dentro de un disco de música española, el piano clásico minimalista centroeuropeo, que me gusta mucho, e instrumentos nobles como el violonchelo, el trombón o la batería. Arreglar las canciones de una manera muy antigua y tratar el sonido de forma muy moderna pero para que suene como si fuera un disco de vinilo de los años 30. Esa búsqueda sí que está. Quizá no sabemos transmitirlo, pero estamos muy orgullosos de cómo suena el disco.

L: (Risas).

A: Es un término un poco denostado, el de música española, porque durante la dictadura se asoció la copla y toda esa música a ese momento. Como si no hubiera pasado nada antes, ni después, pero justo antes tenemos cosas. Queremos reivindicar la música española de (Manuel de) Falla, de (Enrique) Granados, de (Isaac) Albéniz, de (Joaquín) Turina. De compositores clásicos que tienen una música que se toca y se escucha poco, pero que es la raíz de la música española. Esa raíz no tiene nada que ver con la raíz flamenca, pero conviven. No tiene nada que ver con lo que se hacía en ese momento en Francia, pero también conviven y hay algo de (Claude) Debussy y de (Erik) Satie… Está todo muy cerca porque geográficamente está todo muy cerca. Poder tocar el piano y eliminar cosas para acercarte un poco, con mucho respeto, a eso, sí que es otro objetivo.

Alejandro continúa hablando. Afirma que las 10 canciones de Technicolor caminan sin prisa. Parece una descripción de cómo se mueve este pianista de conservatorio que, aunque inquieto, habla con calma. Sin pretensiones. Le escuchamos contar a otro periodista que tiene una condición particular de la vista que hace que solo vea en negro y rojo. Esto le da una manera muy especial de ver las cosas. Leonor lo sabe. “Para mi lo sorprendente es que tengamos todavía qué contarnos musicalmente”.

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Alejandro Pelayo toca piano en el estudio de Jorge Drexler. | Foto: The Objective

Ella recuerda que la banda comenzó cuando el trompetista Óscar Ybarra escuchó unos temas. Entró como árbitro entre las ideas de Alejandro y de la también actriz encumbrada por directores como Pedro Almodóvar. Entonces, surgió la banda, aunque “no hay una foto”, añade Alejandro.

Ambos coinciden en que la producción de Vicent Huma en este nuevo álbum ha sido fundamental. Los guio para que trabajaran juntos, pero por separado.

A: Yo trabajé con él los pianos y arreglos…

L: Y yo las melodías y las letras.

En el disco el grupo plantea “diez estados de ánimo, diez atmósferas que permiten entrar en un universo irreal”. ¿Cómo logran esto?

A: Lo que hay es un intento para que el que escucha las canciones puede ocuparlas como quiera. Puede estar atravesando cualquier estado de ánimo. Nuestra intención con la música es que sea el oyente el que decida de qué va y que le sirva para lo que sea que en ese momento necesite.

L: Nos sentamos y pensamos: “Vamos a hacer la banda sonora de una película que no existe y nos salieron de 10 películas en realidad”. Por eso hablamos de 10 estados de ánimo, porque no es una historia con principio y fin. Son 10 historias de las que, de cada una, pueden salir muchas más.

¿Cómo ha cambiado en su vida musical ser padres?

A: Afecta en todos los niveles. No he encontrado otro acontecimiento que sea tan contundente como el hecho de ser padre. La presencia de tus niños alrededor es clave. Hablando de la parte profesional, hay un antes y un después. También hay un durante los nueve meses de embarazo que los pasé en vela por la incertidumbre de lo que venía, la primera vez; y la segunda, durmiendo porque sabía que después no iba a dormir nunca más. Es un momento creativo sin rival. Cuando (los niños) ya están ahí forman parte de la cotidianidad y te dedicas a algo que puede tener un efecto devastador sobre alguien que está haciendo un lego o jugando.

Leonor lo mira extrañada. Pero escucha. No está claro hacia dónde va, aunque después asiente.

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Entrevista a Marlango. | Foto: The Objective

A: Yo sé lo que puede provocar una música no adecuada. Soy consciente de cuándo están y de cuándo no. Cuando están toco para ellos.

Marlango tendrá presentaciones en Bilbao (18 de octubre en el Kafe Antzokia); en Madrid (23 de octubre en el Teatro Rialto; en Huelva (28 de noviembre en la Sala Barts) y en Valladolid (7 de diciembre en el Teatro Carrión).

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