¿Podemos masturbarnos en el espacio? Cómo manejar los fluidos corporales y encontrar tu ritmo
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¿Podemos masturbarnos en el espacio? Cómo manejar los fluidos corporales y encontrar tu ritmo

Si el futuro de la exploración espacial incluye misiones que podrían durar semanas e incluso meses, cuestiones como si podemos tener sexo en el espacio conviene resolverlas

por Lidia Ramírez

Cuando el turismo espacial está más cerca que nunca de convertirse en una realidad después de que la misión Inspiration4 de SpaceX pusiese en el espacio por primera vez una tripulación civil durante tres días el pasado 15 de septiembre, surgen una serie de cuestiones que es imperativo resolver: ¿podemos tener sexo en el espacio?, ¿cómo mantendremos el bienestar psicológico de una tripulación si las personas deben soportar largos períodos sin estimulación erótica y afecto?, ¿es la abstinencia impuesta una solución razonable?

De momento, parecen viajes reservados a grandes magnates y multimillonarios como Richard Branson y Jeff Bezos, sin embargo, el turismo espacial podría empezar a convertirse en una opción asequible para mucha más gente. Empresas como la española EOS X-Space o Zero 2 Infinity trabajan para que mortales como tú y como yo podamos poner rumbo al infinito durante varios días. La primera, por ejemplo, tiene previsto su primer vuelo comercial durante una semana en 2023, por lo que si el futuro de la exploración espacial incluye misiones que podrían durar semanas e incluso meses, cuestiones como si podemos masturbarnos o tener sexo conviene descifrarlas. Además, ¿de qué sirve gastar un pastón en una luna de miel espacial si no puedes consumar el matrimonio?

Tres científicos canadienses han colaborado en un estudio realizado por Erobotics y We-Vibe –’Sex Tech in Space?’– para explorar en la relevancia del tema de la sexualidad para los viajeros espaciales, las empresas privadas y las agencias públicas. Simon Dubé, uno de los expertos que ha formando parte de la investigación, habla con THE OBJECTIVE para resolver cuestiones tan básicas como cómo controlar los fluidos corporales –debe ser poco erótico ver cómo el semen se aleja flotando– o cómo manejar el roce en caso de que el sexo tenga lugar entre dos personas –o más, según gustos–, teniendo en cuenta que la gravedad hace casi imposible el contacto.

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Condones adaptados para retener fluidos

Para aquellos que no les mole lo del sexo tántrico, los fluidos corporales, liberados en la eyaculación, pueden ser un desafío único. Dubé explica que una solución pueden ser «condones adaptados» o masturbadores especiales que contengan el semen. Sin embargo, asegura que todavía necesitamos más investigación relacionada con este tipo de cuestiones prácticas que permitan a las personas tener sexo en condiciones «higiénicas, viables y agradables», minimizando, además, el desperdicio de recursos escasos como papel o condones.

La NASA dice que ningún humano ha tenido relaciones sexuales más allá de nuestra roca espacial, a pesar de que un matrimonio de astronautas, Mark Lee y Jan Davis, llegó al espacio en una misión eludiendo la prohibición no escrita de la agencia que impide a los astronautas casados volar juntos. Sin embargo, si este matrimonio hubiese querido hacer la hazaña en el espacio exterior lo hubiera tenido verdaderamente complicado. «Necesitamos desarrollar equipos y sistemas que permitan a las personas permanecer cerca unas de otras y tener sexo seguro en pareja», relata a THE OBJECTIVE el científico canadiense. En este sentido, Dubé propone proveer a las aeronaves de prendas como 2Suit de Vanna Bonta, diseñadas para facilitar las relaciones sexuales en ambientes ingrávidos. Con una gran solapa frontal, se puede abrir y unir a otro 2Suit con tiras de velcro. Además, también está forrado con arneses internos que pueden ajustar la proximidad de varios puntos del cuerpo. Eso sí, olvídate del ‘aquí te pillo aquí te mato’, porque la preparación es maratoniana, por no hablar del atractivo sexual de estos trajes. 

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Vanna Bonta probando el traje 2 en microgravedad durante un vuelo parabólico el 13 de septiembre de 2008.

Los juguetes sexuales también pueden abordar problemas relacionados con la falta de fricción, especialmente los juguetes que son manos libres como We-Vibe Moxie y Bond. Así, por difícil que parezca superar algunos obstáculos, Johanna Rief, Directora de Empoderamiento Sexual en We-Vibe, asegura que ya disponen de productos para producir orgasmos espaciales. «Algunos de nuestros juguetes portátiles se pueden llevar fácilmente dentro de los trajes espaciales, proporcionando sensaciones placenteras discretas y privadas. Está claro que el dinero que gasta We-Vibe en I + D para tecnología sexual en la Tierra pueden ayudar a las personas a alcanzar orgasmos más fuertes en el espacio y sentirse más satisfechas sexualmente», cuenta Rief, que hace hincapié en que, desafortunadamente, «las agencias espaciales financiadas con fondos públicos no abordan este tema con la suficiente frecuencia, probablemente debido al temor a una reacción violenta relacionada con el estigma».

El uso de juguetes sexuales remotos en el espacio podría ser otra forma de permitir que los astronautas se sientan cerca de sus parejas en casa y así mantener relaciones saludables. «Creo que definitivamente es una vía a explorar para las parejas separadas, pero también para aquellos que no quieren tener relaciones sexuales con sus compañeros de trabajo o miembros de su equipo», explica Simon Dubé.

¿Tendríamos el mismo apetito sexual en el espacio?

La vida más allá de nuestra roca espacial necesitará gente y, si nos tomamos en serio el turismo espacial a largo plazo, la gente necesitará conocer los efectos del espacio en el sistema reproductivo, algo de lo que sabemos muy poco. En este sentido, el científico canadiense cuenta a este periódico que la vida prolongada bajo microgravedad podría provocar un «desacondicionamiento», como atrofia muscular y densidad ósea reducida. «Por lo tanto, los astronautas y los futuros habitantes del espacio deben participar formaciones y seguir protocolos antes, durante y después de los vuelos espaciales para mitigar, tanto como sea posible, estos efectos», explica.

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Jan Davis y Mark Lee a bordo del transbordador Endeavou.

Por otro lado, Simon Dubé expresa que el estrés, psicológico y físico, puede provocar una reducción del deseo sexual. Sin embargo, desconoce si los orgasmos podrían sentirse diferentes, es decir, más o menos intensos, o más o menos duraderos. «Para avanzar, las agencias espaciales y el público que las apoya deben recordar que abordar las cuestiones de la sexualidad humana desde una perspectiva positiva, científica, empática e inclusiva es fundamental para nuestra salud, bienestar y el éxito de nuestra vida extraterrestre», explica.

De esta forma, teniendo en cuenta que los humanos necesitarán poder masturbarse en el espacio para preservar el bienestar mental, reproducirse o vivir felices fuera de la Tierra, a la carrera espacial se suman algunos de los problemas más difíciles que enfrentará la humanidad en la búsqueda de convertirse en una especie interplanetaria. Y es que si los orgasmos tienen una variedad de beneficios para la salud física y psicológica para todos, entonces, facilitarlos en el espacio es importante.

Lidia Ramírez

De la tierra de los cinco Califas. Tras años viviendo en directo en la pequeña pantalla, ahora escribo sobre derechos humanos y progreso en The Objective. Siempre a compás.