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Cultura viral

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Màxim, el breve

Foto: Paco Campos | EFE

Fue el último nombre del Gobierno – lleno de mujeres, jueces y leales – anunciado por Pedro Sánchez. Màxim Huerta, ministro de Cultura y Deporte apenas ha durado una semana en el cargo. ¡Todo un récord!.

Su designación fue recibida con incredulidad por muchos y con alegría por otra parte de la sociedad que, en general, acogió como un soplo de aire fresco este gabinete con astronauta incluido. La pregunta que se repitió en muchos lugares fue: “¿Màxim Huerta, el del programa de Ana Rosa?”. “¿Para Cultura?”. Sí, efectivamente, Huerta el periodista de las mañanas en Telecinco, pero también Huerta el escritor. Porque a sus 47 años ha publicado seis libros.

Simpático, dicharachero, cercano, fue en los medios donde se forjó una carrera profesional, convirtiéndose en una cara muy popular. Si bien es cierto que su popularidad le llegó de la mano del programa de Ana Rosa en televisión donde hacía crónica social, Huerta ha trabajado también en prensa y radio.

Nacido en la localidad valenciana de Utiel, Màxim Huerta, al igual que muchos periodistas, se subió enseguida a la ola de Twitter y desde esa ventana al mundo se mostró tal cual es. A través de sus tuits supimos que es un gran defensor de los animales y que es contrario a las corridas de toros; conocimos que comparte su vida con su perra doña Leo, a la que dedicó no hace mucho una columna en 20 minutos, uno de los diarios en los que colaboraba antes de ser ministro. “Yo quisiera decir simplemente esta mañana que me gusta mi perra. Mi perra doña Leo (…) Me mira mientras escribo esta columna que le dedico a ella y a todos los perros como ella. Los sin raza”, escribía Huerta en este artículo en el que defendía la adopción de perros abandonados en las perreras. Y todos conocimos a doña Leo a través de su cuenta de Twitter.

Màxim Huerta hablaba de su perra como podía hablar de deporte, para decir que no le gustaba nada. ¡Cómo iba a saber cuando escribió que odiaba el deporte que un buen día de junio de 2018, Pedro Sánchez le iba a llamar para proponerle ser su ministro de Cultura y de Deporte!. Twitter es lo que tiene, y tras conocerse el nombramiento de Huerta, ardieron las redes y sus tuits se hicieron virales para intentar sacarle los colores, pero lo cierto es que salió airoso.

Con ese aplomo de quien conoce bien los medios, Huerta aprovechó su toma de posesión como ministro para dejar claro que él no practicaba deporte, pero aseguró que admiraba a los deportistas; que a partir de ese momento haría lo que estuviera en su mano para apoyar al deporte español. Y como muestra, un botón: se fue con el rey a despedir a la selección española de fútbol y a los jugadores les deseó suerte en el Mundial de Rusia.

 

Como escritor, Huerta ha publicado seis novelas, un libro de viajes, un cuento infantil y un relato ilustrado. Con La noche soñada ganó en 2014 el Premio Primavera de Novela. Su último libro, La parte escondida del iceberg salió en abril del 2017.

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Màxim Huerta sólo ha celebrado un Consejo de Ministros. | Foto: Sergio Pérez / Reuters

Salvó la cara, pero el pasado es algo de lo que muy pocas personas pueden escapar. Apenas una semana después de tomar posesión estalló otra bomba sobre la cabeza de Huerta, cuando ya España había asumido su nombramiento, cuando ya nos parecía que podría ser un buen ministro de Cultura e incluso de Deporte.

Un problema con Hacienda

El ministro de Cultura y Deporte, Màxim Huerta, defraudó a Hacienda cuando trabajaba como presentador en El programa de Ana Rosa de Telecinco, según una exclusiva del diario El Confidencial.

Huerta, que tiene un currículum impecable – es licenciado en Ciencias de la Información por la Universidad CEU San Pablo de Valencia y tiene un máster en Diseño Gráfico e Ilustración Editorial por el Instituto Europeo de Diseño de Madrid; y es miembro de la Academia de las Ciencias y las Artes de la Televisión – resultó que tropezó con Hacienda.

Huerta, que en un primer momento dijo que no iba a dimitir porque había saldado sus deudas y daba el asuntos por “cerrado”, debía saber que el escándalo acabaría terminando con su breve, brevísima carrera política. En otro momento, igual no. Pero es un hecho objetivo que el Gobierno de Sánchez, y con él Màxim Huerta, llegó a Moncloa porque la corrupción pasó factura al PP y eso permitió a los socialistas ganar la moción de censura contra el Gobierno de Mariano Rajoy.

Salvando las distancias – que las hay, por supuesto, – los ministros de Sánchez estaban obligados a tener un perfil impoluto, un pasado intachable.

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Momento en el que Huerte promete su cargo ante el rey. | Foto: J.J.Guillén / Reuters

Huerta debería haber sabido nada más salir la noticia de su fraude a Hacienda que ese era el final para él. Pedro Sánchez no podía hacer otra cosa que sacrificarlo si quería mantener su credibilidad y seguir siendo el azote de la corrupción.

Màxim se ha convertido, así, en el ministro más breve de la historia reciente de la democracia española, en el protagonista de una historia que jamás querría haber protagonizado. Llegó, como ha dicho en su despedida, ilusionado. Se ha ido pensando en las cosas en las que más cree: “en la cultura y en la transparencia”, convencido de su inocencia.

 

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