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Mejorar nuestra memoria es posible y la inteligencia artificial ya sabe cómo hacerlo

Foto: MICHAELA REHLE | Reuters

Intentado memorizar para un examen, tratando de recordar el nombre de una calle o incluso buscando las llaves de casa, desear tener una memoria más efectiva es algo que ocurre a menudo, y la inteligencia artificial está muy cerca de complacerlo. Un grupo de científicos de la Universidad de Pennsylvania, liderados por el psicólogo Michael Kahana, ha demostrado que una serie de algoritmos aprendidos por la inteligencia artificial pueden ser utilizados para decodificar y mejorar la memoria humana.

Esto, por una parte, parece ser la solución al problema de la falta de memoria en todos sus niveles pero, por otra, presenta un gran dilema moral: ¿Debemos dar a la inteligencia artificial el poder de influir en nuestra memoria?

De momento, esto no supone un gran problema, pues la tecnología no está lo suficientemente avanzada como para alterar significativamente el cerebro humano, pero los investigadores avanzan rápido y las cuestiones morales empiezan a cruzarse en su camino cada vez más.

¿En qué consiste este avance?

La técnica utilizada por los investigadores se basa en transmitir vibraciones al cerebro programadas en momentos muy específicos. A través de electrodos implantados en el cerebro, que transmitían estas vibraciones, los científicos pudieron registrar y estudiar la actividad neuronal durante la realización de tareas de memorización.

Puede sonar incluso sencillo, pero encontrar voluntarios que se dejen implantar electrodos en el cerebro no es una tarea fácil. Por eso, los científicos colaboraron con 25 pacientes con epilepsia, a quienes les implantaron entre 100 y 200 electrodos para monitorizar la actividad cerebral relacionada con las convulsiones de las crisis epilépticas y, aprovechando la tecnología, poder analizar la actividad cerebral relacionada con la memoria.

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Los investigadores estimulan el cerebro en momentos específicos para recibir información sobre la actividad neuronal. | Foto: Universidad de Pennsylvania

En las primeras sesiones, los científicos lograron hacerse una idea de cómo memoriza el cerebro ciertas cosas. Para ello, los pacientes leyeron y trataron de memorizar una lista de palabras y el equipo de Kahana reunió toda la información recogida por los electrodos. De esta manera, fueron poco a poco creando una base de datos sobre la actividad del cerebro en el momento en el que recuerda una palabra y en el que la olvida.

Y esto no es todo. Los electrodos, además de registrar la actividad neuronal, pueden estimularla.

A partir de la información obtenida de la actividad cerebral de los pacientes, los científicos desarrollaron un sistema para tratar de registrar el estado del cerebro, analizarlo y decidir cuándo provocar una estimulación, todo ello en unos cuantos milisegundos. Y funcionó. Tanto, que consiguieron mejorar la habilidad de los pacientes para recordar las palabras de la lista en una media del 15%.

“Ahora sabemos con más precisión dónde estimular el cerebro para mejorar la memoria en pacientes con problemas de memoria, así como cuándo estimularlo para maximizar el efecto”, explica Daniel Rizzuto, uno de los investigadores del equipo de Kahana.

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Ahora, los científicos saben dónde y cuándo estimular el cerebro para mejorar la memoria. | Foto: Jesse Orrico/ Unsplash

¿Hacia dónde avanza este descubrimiento?

Este avance es verdaderamente esperanzador, pero todavía no está claro hasta qué punto tendrá implicaciones médicas o tecnológicas, y si realmente podrá afectar a nuestra memoria o mejorarla significativamente. Aunque es un efecto prometedor, todavía queda mucho trabajo por hacer, pero no va a ser fácil, según los investigadores.

Los pacientes con epilepsia, con quienes se realizan estos estudios, solo pueden someterse a este tipo de pruebas durante unas pocas semanas, lo que limita mucho el trabajo de los científicos. Lo ideal sería entrenar al algoritmo durante más de tres sesiones, el máximo alcanzado hasta ahora, pues esto podría ofrecer resultados mucho más avanzados que los obtenidos en este estudio.

Si, finalmente, los científicos logran su objetivo y la inteligencia artificial aprende lo suficiente como para alterar el cerebro, algo que ya no parece para nada imposible, se enfrentarán entonces a cuestiones mucho más profundas, como cuánto poder deben otorgarle a esta tecnología o cuánto se debe controlar para evitar que, aunque parezca ciencia-ficción, acabe controlándonos ella a nosotros.

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