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Menores y redes sociales: cómo resolver el dilema

Foto: Tim Gouw | Unsplash

Las redes sociales forman parte de nuestro día a día e, irremediablemente, también del de los más pequeños. Hace unos días Facebook anunciaba la creación de una versión para niños de su aplicación de mensajes Messenger en Estados Unidos, Messenger Kids. En esta novedosa aplicación, los menores podrán comunicarse tanto por mensaje como por videollamada con familiares y amigos y siempre bajo la atenta mirada de los padres, que podrán acceder a la lista de contactos de sus hijos. Para la compañía de Mark Zuckerberg, esta es una forma segura y divertida para que los niños usen las redes sociales.

No obstante, esta es también una respuesta a una problemática cada vez más extendida: el uso de las redes por parte de los menores, y cómo asegurarnos de que su privacidad y su integridad están a buen recaudo. La iniciativa de Facebook responde también a una estrategia comercial -es, a fin de cuentas, una compañía-, ya que lo que está intentando el gigante tecnológico es atraer al público más joven a la vez que asegura ofrecer a los padres un mayor control sobre el uso de las redes por parte de sus hijos.

Los datos arrojan un poco de luz en este tema: según la Asociación de Usuarios de Internet, en España el 32% de los menores pasa más de 3 horas diarias conectado a la red, casi 50.000 adolescentes padecen adicción a Internet, y más del 60% ha contactado alguna vez por Internet con alguien que no conoce.

 

Más del 60% de los menores españoles ha contactado alguna vez por Internet con alguien que no conoce

 

La Sociedad Española de Pediatría Extrahospitalaria y Atención Primaria asegura que los menores de 14 años no deben tener redes sociales, algo que sin duda dista mucho de la realidad, ya que los niños y preadolescentes están cada vez más conectados a la red. Grooming, sexting, o ciberbullying son sólo tres de los muchos anglicismos que dan nombre a amenazas reales a las que se enfrentan los niños y adolescentes en Internet. La conciencia sobre este conflicto es cada vez mayor entre educadores, padres y los propios menores. No obstante, a menudo es difícil identificar los problemas y el debate sobre la privacidad de los menores, frente al control de los padres, es cada vez más frecuente.

A la recomendación de los pediatras se ha unido la legislación: en España, el Reglamento de Desarrollo de la Ley Orgánica de Protección de Datos (RLOPD) establece que será necesario obtener el consentimiento de los padres o tutores para el tratamiento de los datos de carácter personal de los menores de 14 años. Por ello, y según la Ley, los menores de 14 años no pueden crearse perfiles en las redes sociales sin el consentimiento de sus padres.

En Estados Unidos, la mayoría de redes -como Facebook, por ejemplo- se rige por la legislación de California, cuyo límite de edad para acceder a ellas se establece en los 13 años. Sin embargo, como estas herramientas no exigen ningún tipo de identificación que verifique que la edad real del menor, este límite carece de efectividad.

 

Menores y redes sociales: cómo resolver el dilema

La relación entre niños y tecnología es innegable. | Foto: Maxim Shemetov / Reuters

 

Ley y realidad están, en este caso, muy alejadas. La alarma social es prácticamente nula, ya que esta distancia entre lo legal y lo tangible es algo muy común en el entorno digital.

 

Espiar a los hijos: ¿es legal?

Ya que los menores sí están presentes en la red, una práctica que está cada vez más extendida consiste en espiar a los hijos. Lo hacen muchos progenitores que, preocupados por la seguridad de los más pequeños, e impotentes ante el inevitable uso de las redes sociales por parte de ellos, deciden ejercer un control férreo sobre éste, aunque pueda significar incurrir en delito.

Como recuerdan desde el blog especializado en la materia Menores en Red, según el artículo 4 de la Ley Orgánica 1/1996 el menor “tiene derecho al honor, a la intimidad personal y familiar y a la propia imagen. Y este derecho comprende también la inviolabilidad del domicilio familiar y de la correspondencia, así como del secreto de las comunicaciones”. Por ello, espiar a los hijos no es ningún caso una opción.

Esto deja indefensos a algunos padres, que ven en sus hijos un comportamiento preocupante relacionado con su vida digital y no saben cómo actuar. Los expertos coinciden en que una buena comunicación, con una sólida base de confianza, puede ser el mejor de los mecanismos de control. Por otro lado, con aplicaciones como la que ha lanzado Facebook -que permite a los progenitores acceder a la lista de contactos de los pequeños pero no a los mensajes que reciben- atisban una solución al problema.

La única certeza sobre el uso de las redes sociales por parte de los menores es que éste existe, y que autoridades, compañías tecnológicas, docentes, padres y niños deben establecer de una vez por todas las bases para que sea viable y seguro. A fin de cuentas, Internet es sólo un reflejo virtual de la realidad, y no habría que ponerle más límites que los que ponemos a la vida palpable.

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