Miranda de Ebro, el último campo de concentración franquista

Cultura

Miranda de Ebro, el último campo de concentración franquista

España también tuvo campos de concentración, concretamente más de 180 repartidos por todo el territorio. Establecidos durante la dictadura franquista, pero con ayuda de los nazis, más de medio millón de prisioneros pasaron por ellos entre 1936 y 1942. 

por Rodrigo Isasi Arce

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España también tuvo campos de concentración, concretamente más de 180 repartidos por todo el territorio. Establecidos durante la dictadura franquista, pero con ayuda de los nazis, más de medio millón de prisioneros pasaron por ellos entre 1936 y 1942. Algunos historiadores, como María de los Ángeles Egido León, sugieren que fueron funcionarios nazis de la Gestapo los organizadores de la red de campos de concentración franquistas, y que en buena medida se inspiraron en los de la propia Alemania nazi para su diseño. Entre aquellos oficiales nazis destacó especialmente Paul Winzer, jefe de la Gestapo en España y jefe durante algún tiempo del Campo de concentración de Miranda de Ebro, Burgos, el último en ser clausurado, en enero de 1947.

Al igual que en Auschwitz o Mauthausen, los prisioneros llegaban al campo de Miranda de Ebro en vagones de ganado o mercancía. Más de 110.000 personas pasaron por este campo en sus 10 años de historia; 164 murieron allí, atendiendo a los datos recogidos por el profesor de la Universidad Autónoma de Barcelona Javier Rodrigo. Sin embargo, por los testimonios orales es probable que extraoficialmente la cifra fuese bastante más elevada.

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Vista aérea del campo. | Foto:Libro Historia del campo de concentración de Miranda de Ebro (1937-1947) de Jose Angel Fernandez Lopez

A pesar de que la mayor parte de la provincia de Burgos, en las elecciones del 16 de febrero de 1936, fueron favorables al bando nacional, Miranda de Ebro se mantuvo fiel al Frente Popular. Este hecho marcó la dura y violenta represión franquista que Miranda sufrió una vez iniciada la Guerra Civil. Tanto es así, que además de construirse un campo de concentración en la ciudad, también se implementó un hospital de heridos de guerra y un centro de alojamiento para las tropas italianas.

El campo de concentración, que fue construido de manera forzosa por los habitantes de la ciudad en un solar de 42.000 metros cuadrados propiedad de la empresa Sulfatos Españoles S.A., se levantó en apenas dos meses, aunque en lamentables condiciones. Su capacidad estaba pensada para unos 1.500 prisioneros, aunque este límite fue prontamente superado.

 

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Izado de la bandera nacional en el campo de Miranda. Todas las mañanas los presos eran obligados a cantar himnos falangistas y monárquicos y a saludar con el brazo a la romana. | Foto: Libro Historia del campo de concentración de Miranda de Ebro (1937-1947) de Jose Angel Fernandez Lopez

A partir de 1938, se edificaron nuevos barracones, mejor construidos que los anteriores, y el campo ya estaba rodeado de alambradas de espino y vigilado por centinelas cada cincuenta metros, utilizándose el modelo alemán, bajo la dirección de Paul Winzer, hombre de la Gestapo y de las SS, encargado de examinar el establecimiento de los campos de concentración en la España franquista.

Cuando llegaban al campo, los presos eran calificados en cuatro categorías distintas: criminales, no hostiles al Movimiento Nacional, desafectos sin responsabilidad y desafectos con responsabilidad. Los criminales comunes eran enviados a prisión y si había saturación de presos, se les daba la libertad. A los desafectos con y sin responsabilidad se les obligaba a realizar trabajos forzados, mientras que los no hostiles al Movimiento Nacional eran reclutados, obligados a cantar y alabar a Franco, siendo ridiculizadas las creencias republicanas.

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Propaganda franquista del campo de Miranda | Foto: Libro Historia del campo de concentración de Miranda de Ebro (1937-1947) de Jose Angel Fernandez Lopez

En la década de historia del campo pasaron por sus instalaciones personas mundialmente conocidas como Félix Gouin, que fue presidente provisional del Gobierno francés; Georges Bidault, que llegó a ser primer ministro y responsable de Exteriores en Francia; Jacques Monod y François Jacob, quienes merecieron el Premio Nobel de Medicina; el pintor germanofrancés Hans Hartung, el psiquiatra polaco Antoni Kepinski, la espía británica Vera Leigh o el anarquista vasco Félix Padín Gallo.

El 11 de septiembre de 1937 el campo de Miranda contaba con 340 prisioneros, pero su número continuó ascendiendo a lo largo de los años, ya que continuamente llegaban convoyes de trenes desde el norte cargados de hombres. Palizas y represión fue lo que sufrieron todos ellos, especialmente en la primera etapa del campo, la misma en la que los prisioneros eran obligados a hacer trincheras y otras obras para el régimen de Franco. En el año 1941, la mayoría de republicanos ya habían sido trasladados a otros campos o liberados, pasando a convertirse entonces en un campo para extranjeros.

A partir de la visita de Himmler a España en octubre de 1940 se establecieron oficialmente agentes de la Gestapo. Su objetivo era doble, por una parte identificar y detener a espías de los países aliados y por otra repatriar a sus propios campos de concentración a los brigadistas austriacos, checos, rusos y, sobre todo, alemanes. Para finales de 1942, Franco, al ver el nuevo curso que tomaba la Segunda Guerra Mundial comenzó a distanciarse de Hitler y Mussolini. Las visitas de la Gestapo al campo de Miranda se hicieron menos frecuentes y ya no dispusieron de la anterior libertad para interrogar y repatriar.

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Barracones y la única fuente del campo. | Foto:Libro Historia del campo de concentración de Miranda de Ebro (1937-1947) de Jose Angel Fernandez Lopez

Tras la invasión por parte del Eje de media Europa y sobre todo de Francia, muchos franceses y otros europeos que huían de la barbarie nazi cruzaron los Pirineos. Una vez detenidos eran internados en los campos de concentración del norte peninsular como Miranda. Cabe destacar la presencia de muchos judíos que huyeron de los nazis, y la curiosa presencia de aviadores ingleses y estadounidenses que eran abatidos en el sur de Francia y pasaban a España.

Entre los años 1944 y 1947 el Campo de Miranda de Ebro cambia radicalmente y se convierte en un campo de desertores nazis. A él llegaban soldados alemanes huyendo del avance del bando aliado en Europa con la intención de huir a Latinoamérica, afirmando que preferían quedarse en el Campo de Miranda de Ebro antes que en los campos alemanes. La mayoría de ellos consiguió huir gracias a ayudas económicas nazis y fugas como la Operación Odessa.

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Propaganda franquista del campo. | Foto:Libro Historia del campo de concentración de Miranda de Ebro (1937-1947) de Jose Angel Fernandez Lopez

Con el traslado en enero de 1947 de los últimos prisioneros al campo de Nanclares de Oca, Álava, el de Miranda de Ebro quedó finalmente clausurado. Más tarde, de 1949 a 1953 se convirtió en un centro de instrucción para reclutas, que en 1954 fue desmantelado y ya en los 60 fue instalada en sus terrenos una fábrica de resinas y poliuretanos: Reposa S.A.

Hoy apenas quedan unos restos en pie del que fue el último campo franquista en ser clausurado. Unos muros de un barracón, un depósito de agua y algunas pilas de los lavaderos, junto con una placa explicativa, recuerdan a las víctimas del período más negro de la historia moderna de España.

Eduardo Martínez Alonso, el «Schindler español»

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Eduardo Martínez Alonso hacia 1938/39.

El doctor Eduardo Martínez Alonso (Vigo, 1903 – Madrid, 1972), conocido popularmente cono Lalo, fue uno de los principales organizadores de las redes clandestinas que, auspiciadas por el Servicio Secreto británico, evacuaron a miles de perseguidos por los nazis desde España hasta Portugal y Gibraltar.

Las misiones de Martínez se orquestaban a través de la Cruz Roja británica, dirigida por el mismo MI6 –el servicio secreto británico– en Vauxhall Cross, que años después se haría célebre tras descifrar el Código Enigma empleado por las SS. Allí obtenía la lista de prisioneros a los que más tarde visitaba en la cárcel de Miranda de Ebro, como médico de la Embajada británica, para comprobar su estado de salud, llevarles ropa, comida y tabaco.

Para liberarlos, Lalo expedía informes médicos falseados con afecciones graves y recomendaba a las autoridades españolas que los evacuaran, bien por razones humanitarias o para evitar contagios.

La historia de Eduardo Martínez permaneció oculta en los ficheros del Archivo Nacional Histórico de Londres hasta que en 2005 la hija de exagente, Patricia Martínez, pudo acceder a ellos y los plasmó posteriormente en su novela La clave de Embassy, que relata la hazaña de su padre.