Mono de trapo, el «cómic para los adultos que todavía recuerdan lo que es ser un niño»
Foto: Cedida por Tony Millionaire

Cultura

Mono de trapo, el «cómic para los adultos que todavía recuerdan lo que es ser un niño»

Barrett publica por primera vez en España la antología completa de 'Mono de trapo', una colección de relatos gráficos donde su autor, el premiado Tony Millionaire, revisita la magia, los juguetes y los lugares de su infancia para hablar de la vida y la muerte, las impredecibles consecuencias de nuestras acciones y su propia “mente perturbada” desde su particular y negrísimo humor

por Fátima Elidrissi

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Un mono de trapo llamado Tío Gabby y su compañero de peluche y ojos de botón, Don Cuervo, viven en una encantadora casa victoriana junto a su adorable dueña, la niña Ann-Louise. A pesar de ser muñecos, pueden hablar, pensar, moverse y sentir las mismas emociones que los humanos. Empezando por la curiosidad que les empuja a vivir las aventuras más perturbadoras. Esta breve sinopsis difícilmente hará justicia a Mono de trapo, una antología editada con mimo por Barrett cuya brutal honestidad es un fiel reflejo de la personalidad de su creador, Tony Millionaire (Boston, 1956), historietista ganador de varios premios Eisner y Harvey capaz de trasladar a los lectores a su más tierna infancia para después sacudirlos con la fatalidad de su propia existencia. 

Como el mismo Millionaire cuenta a The Objective, estos cómics nacieron de su deseo de hacer “una historia sobre la magia de ser un niño”. Lo que no quiere decir exactamente que estén dirigidos al público infantil, sino a esos “adultos que todavía recuerdan lo que es ser un niño”. Conocido hasta entonces por su irreverente tira cómica Maakies, el autor confiesa que le pareció chistoso transformar a los protagonistas de aquellas viñetas, un cuervo y un mono alcohólicos con propensión a la violencia, las enfermedades venéreas y el suicidio, en los héroes de sus nuevas historietas. 

“No tienen el mismo aspecto, no son exactamente iguales y no hablan igual, pero tienen los mismos nombres”, explica Millionaire. “Yo mismo tengo muchas personalidades, y una de ellas es un borracho y en otra soy un niño. Tenía en la parte de atrás de mi cabeza esas historias preciosas que me contaban mi abuelo y mi abuela, y a mi alegre prima Ann-Louise, que es la inspiración de este libro. Así que realmente mis cómics son una muestra de esas dos partes de mi cerebro: la loca, la borracha y la salvaje y la que quiere irse a casa”, cuenta. 

De este modo, en Mono de trapo el Tío Gabby y Don Cuervo tratan de encontrar un hogar a una cabeza reducida, viajan por mares y océanos, intentan buscar pareja a una ratoncita que acaba de enviudar o disfrutan maravillados de los colores refractados por el vidrio del pomo de una puerta. Pero sus mejores intenciones suelen tener catastróficas consecuencias, incluidas muertes involuntarias o intentos de suicidio. La mirada inocente de los personajes, que poco a poco descubren el mundo, apunta a la imprevisibilidad de nuestras azarosas vidas, pero también a los prejuicios de los seres humanos. Sirva como ejemplo su fantástica disección sobre la caza, un relato donde los protagonistas van descartando potenciales víctimas al empatizar con las razones que les ofrecen, desde los insectos a las plantas hasta su inesperado final.

Imagen: cedida por Tony Millionaire

“Ellos quieren vivir una aventura. Pero si vas de caza tienes que pensar en quién es cazado. Creo que es lo más moralizante que me he puesto en mis historias”, reconoce Millionaire entre carcajadas hablando de su interés en plantear preguntas que quizá no tengan respuesta e invitar al lector a reflexionar con él sobre sus peripecias. “Yo quiero escribir sobre la vida, mi propia mente perturbada y todos los problemas que afrontamos”, continúa diciendo para después explicar cómo los sorprendentes y desasogantes giros de sus relatos encajan perfectamente con su filosofía.

“Cuando pensaba las historias quería que fueran bonitas e hicieran pensar en la belleza de la infancia o los sueños de los juguetes y las muñecas. Pero a medida que escribía, siempre volvía a mi cerebro loco de Maakies y las cosas malas surgían”, bromea Millionare. “Realmente, ahí está la diversión de las historias. Porque si recuerdas lo que es ser un niño, también tienen un lado oscuro. Y también quería mostrar eso: que no todo es alegría”, añade sobre su personal estilo en Mono de trapo, tan descarnado en sus historias como delicado en sus dibujos

Buena muestra de la dedicación de Millionaire a sus viñetas son las casas victorianas donde comienzan todas las aventuras de Mono de trapo. Un espacio que en cada historieta cambia sutilmente para dejar volar imaginación del autor. “Siempre es una casa diferente, pero básicamente la misma porque me encanta dibujarla. Me encantan esas casas de finales del siglo XIX, son realmente preciosas, y ahora por fin vivo en una en el campo en Nueva York”, cuenta. “Mi abuela vivía en una casa así y mi prima Ann-Louise siempre me hacía mirar por todos los rincones diciéndome cosas como, ‘mira, en este armario vive un hombrecillo que come galletas’. Para mí era una casa mágica a la que me encantaba ir”, añade. 

Imagen: Cedida por Tony Millionaire.

Sin despreciar, ni mucho menos, las historias en blanco y negro, en la cuidada edición de Barrett brilla especialmente su colorida y extraordinaria historia final. “Quería escribir algo sobre los recuerdos. Yo a veces recuerdo estar en la Guerra de Independencia de los Estados Unidos luchando contra los ingleses o cruzar un pasillo que tenía candelabros, pero nunca he estado en esos sitios. O volar. Entonces, ¿cómo lo recuerdo?”, explica Millionaire. “Recuerdo querer hacer esas cosas, pero no hacerlas. De modo que si esos recuerdos son falsos, si los recuerdos no son reales, puedo hacer mis propios recuerdos. Y eso es precisamente escribir historias, crear tu propia mitología. Y eso es estar vivo”, concluye.

Imagen: Cedida por Tony Millionaire.

A sus 64 años, Millionaire reconoce que no se imagina jubilándose. De hecho, dedica todo el día, o mejor dicho toda la noche, a dibujar. “Por la mañana salgo, voy a la tienda o a la oficina de correos, hago lo que tengo que hacer y cuando vuelvo a casa, veo un rato la tele y me echo la siesta. Después, me levanto a las 11 de la noche y empiezo a dibujar hasta que sale el sol, cuando me voy a la cama”, dice describiendo sus inusuales horarios. “Hago muchas ilustraciones y portadas para revistas porque pagan muy bien. Antes hacía cada semana la tira de Maakies. Y entre medias me tomo el tiempo para escribir un libro o un cómic. A cada uno de estos proyectos le dedico un año o más porque mientras más pienso en ello más puedo ir añadiendo y así me aseguro de que va en la dirección correcta”, añade. 

Millionaire reconoce que, como a su Cuervo Borracho, le gusta beber. Por eso siempre trabaja con una Budweiser en el escritorio. De joven era famoso por sus espectaculares melopeas, y aunque defiende que se lo pasó muy bien, no echa de menos aquellas fiestas. “Cuando tuve hijas pensé, no más vodka. Dejé toda esa locura y descubrí que podría tener más alegría con ellas que yendo a los bares a buscar peleas”, cuenta el autor. “Ahora mis hijas se han ido a la universidad, así que dibujo todo el día porque soy muy viejo como para meterme en peleas en bares. Una pelea me partiría el cuello”, concluye entre risas. 

Fátima Elidrissi

Periodista freelance. Colabora con El Mundo y The Objective. Sus pasiones son la televisión, el cine, la literatura y el teatro.