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Nach: "Valtonyc es solo un chaval con rabia. La corrupción y el enchufismo sí joden la sociedad"

Foto: Universal Pictures | Universal

Ignacio Fornés es un chaval de 20 años del barrio de San Blas de Alicante. Tiene unas ganas inmensas de comerse el mundo. Está obsesionado con hacer música y sacarla de su cabeza. Se pasa los días en el piano de su hermano, venga a hacer instrumentales con su cadena de mierda. Lo graba todo. Es cutre pero disfruta. Un día lo invitan a un festival de rock en una sala en la que caben unas 400 personas. Nada que ver con los festivales de ahora. Después de que tocaran todos los grupos invitados, el organizador, un rockero que gestionaba el show se le acerca. Es su turno. La conversación es más o menos como sigue:

Rockero: “Bueno, ¿qué banda traes?”.

Ignacio, mientras saca una cinta de casete: “Esto es todo lo que traigo”.

“Vas a hacer el ridículo”, le dice la mirada del rockero.

Ignacio: “Tú pones esto en la cinta, le das al play y me das el micro”.

Empieza a sonar aquello e Ignacio empieza a rapear, a sacar todo lo que lleva años guardando. El público enloquece [o eso asegura Ignacio]. Es un subidón. Es la primera vez. Ignacio se da cuenta de la que puede liar él solo con su música, sus cuentos y su alma. Sonríe.

***

Año 2003. Ignacio lleva ya varios conciertos y ha sacado un disco. Se llama Poesía difusa. Está acostumbrando a meter entre 60 y 80 personas en cada concierto, 100 como mucho. Hoy está en Vitoria, es el primer concierto del nuevo disco. De repente llega su socio y la conversación es más o menos como sigue:

Socio: “Hay 800 personas en la sala”.

A Ignacio le invade una sensación de euforia, de victoria, de cagarse en las patas. Se acuerda de su gente, de su barrio, de San Blas. Por ellos empezó en esto. Se acuerda de que él nunca planeó dedicarse a la música. Se acuerda de que no existía poder dedicarse al hip hop. Ignacio todavía no lo sabe, pero a partir de aquí todo va a ir para delante. Todavía no lo sabe, pero lo que siente hoy no se le va a olvidar nunca.

***

Han pasado muchos años y Nach relata orgulloso. Estamos en una cafetería de un hotel de Gran Vía. Lleva sudadera gris y gorra, a la espalda, una carrera con 10 discos publicados. El último, Almanauta (Universal, 2018) lo ha desgajado, lo ha revelado a pedacitos. Primero fueron Grande y Rap Bruto, con la colaboración de Residente. Ahora que ya está todo fuera, Nach respira tranquilo, lleva 24 años abriéndose en canal.

¿Qué tipo de alma es esa de ‘Almanauta’?

Es un alma que todos tenemos y que a veces no escuchamos como deberíamos. Almanauta es un concepto que habla sobre el océano inmenso que es el alma de cada uno y de cómo yo intento navegar en él. Además quiero comunicarme con gente que también quiera rebuscar en su alma y no asustarse de mostrarse como es.

¿Qué has encontrado en este viaje?

He encontrado un mar que a veces es bastante tormentoso y donde remar para llegar al puerto que quieres, requiere bastante esfuerzo. Sobre todo he encontrado las ganas y la necesidad de afecto. Por ejemplo, a mí me llena mucho si estoy en la calle y me choco con alguien pues sonreírle y que esa persona me devuelva la sonrisa. Trato de ser mejor persona cada vez, y aceptarme. Saber por qué no consigo mejorar algunas cosas que quiero cambiar, y aceptar eso también.

 

 

Este nuevo disco tiene muchas colaboraciones y una de ellas, quizás la más esperada, es con Kase O. Por fin.

Por fin. Mucha gente ha dicho que llega tarde, pero no siempre es posible. Javi tiene sus movidas, su vida y yo ya le invité a algún disco en el pasado, pero él no pudo. En este disco le dije: ‘Para este disco, Javi, quiero que estés ya. Aquí’. Si el público llevaba mucho tiempo buscando esta colaboración, yo también. Ya ha llegado y a lo mejor no es la única que hacemos.

Uno de los primeros temas que sacaste antes del lanzamiento del disco es ‘Grande’. ¿Tú siempre quisiste ser grande?

Una parte de mí sabía que tenía talento y que no lo iba a encarcelar, que tenía que darle el mayor brillo posible. Por otro lado, a mí nunca me ha gustado llamar la atención ni ser el centro de las miradas ni que se hable demasiado de mí. Soy una persona muy tranquila y sencilla en ese aspecto. Eso me daba vértigo, pero al mismo tiempo tenía ese talento y quería saber qué pasaba con él. Supongo que todos tenemos esos opuestos dentro de nosotros. Una vez tomé la decisión de dedicarme profesionalmente a esto, sí, quería hacerlo a lo grande.

Dices en ‘Rap bruto’ que triunfarán en este mundillo los que tengan algo que contar, los que no busquen la fama y el dinero.

Sí, porque la pose y el colorido llaman muchas veces la atención en un primer momento, pero luego si no hay un trasfondo acaban aburriendo. Yo llevo 20 años ya de carrera, he tenido que saber muy bien quién soy y seguir el camino de encontrar mi propio espacio, mi propia personalidad. Al principio chocaba a muchos, había gente que veía que mi hip hop era de otra manera y no lo llegaba a captar. Pero con el tiempo se ha demostrado que el que tiene algo que contar, un mundo interior que mostrar, va a decir cosas interesantes.

 

Nach:

Crédito: Wikimedia Commons

 ¿Les darías algún consejo a los raperos más jóvenes que estén empezando ahora?

He cometido tantos errores y hecho tantas tonterías que si me pides un consejo se me pone la mano a temblar. El único consejo que me ha dado la experiencia es ser tú mismo.

Eso es algo fácil de decir, pero muy difícil de cumplir.

Sí, porque recibes muchos impactos de fuera, de gente que nos va diciendo cómo deberíamos comportarnos. Pero quien sabe quién es, al final no cuesta tanto.

Como sociólogo y rapero, ¿cómo ves que ha cambiado el mundo del hip hop en estos 20 años?

Antes éramos mucho más ingenuos. Yo me comparo cuando tenía 19 años con algunos de los rapers de ahora y los veo puestísimos en muchas cosas en las que yo era un crío. Nosotros, en el hip hop de aquella época, teníamos muchas ganas de luchar, de combatir por la sociedad y teníamos un nicho, que era algo muy puro, muy nuestro. Sabíamos que no nos entendía casi nadie pero nos daba igual. De hecho, si alguien quería entrar en el hip hop tenía que pasar unos filtros, de personalidad y de saber qué era esta movida, qué era el hip hop. Hoy en día todo es mucho más venga la pose, que si la imagen, que si quiero parecer guay. Veo muchos tópicos que se repiten continuamente, como las canciones que hablan de tías, del trapicheo en la calle. Nosotros intentábamos ser un poco más políticos, hablar del barrio.

También internet ha cambiado el juego. Ahora con las plataformas digitales hay un mar increíble de gente. Aunque hay tanta que es muy difícil encontrar tu grupo favorito. Tampoco hay esa paciencia para escuchar la música bien. Yo recuerdo que durante un mes solo tenía un disco de rap americano, porque era lo único que me podía permitir, y durante un mes ese disco estaba sonando sin parar. Me lo sabía desde el principio hasta el final. Eso ya no ocurre y lo echo de menos.

Ahora como dices hay mucha más mezcla. ¿Qué te parece, por ejemplo, el trap?

Bien, yo veo el hip hop como un tronco desde el que salen más ramas. Hay unas cosas con las que me identifico más y otras con menos.

¿Te animarías a hacer trap?

De hecho en este nuevo disco hay un tema que es muy de trap, Vida real, y me parece un rollo divertido. El trap es como el punk, es como me la suda todo, carpe diem, me drogo… Me gusta como un entretenimiento, también por ver otras formas de aprovechar la tecnología, meter efectos a la voz y hacer mil cosas. Me parece interesante. No reniego del trap para nada. Me parece bien que surjan nuevas tendencias porque en el hip hop lo que nunca hemos hecho es acomodarnos, sino ver qué pasa probando esto, lo otro. Se arriesga. Igual otros tipos de música se estancan más. Yo hago hip hop más clásico porque es el que soy yo.

Nach:

Crédito: Universal

Hablando de esas letras sobre tías, de machitos, entrevistamos a Arkano y nos contó que creía el rap tenía esa esencia de chulitos, un poco machista y un poco homófoba. ¿Qué piensas?

Sí, hay veces que la hay. Yo creo que también tiene que ver con este rollo de competición, del ‘yo estoy aquí’, y muchas veces se tiende a confundir y a decir: ‘Yo molo y tengo todas las tías que quiero, y los que son gays son débiles’. Son conceptos muy equivocados que se han utilizado en el rap y de los que estoy en contra al 100%. De hecho si tengo que dar un mensaje a la gente, le diría que si alguien hace un comentario homófobo o machista, que no le ría las gracias, que les pare los pies, porque es una manera de acabar con toda esa mierda.

¿A ti te ha pasado revisar letras antiguas y decir ‘esta rima no debería haberla contado así’?

No tanto. Es curioso. Tendría que haber pasado. Y me siento bastante orgulloso ahora que lo pienso. Porque yo desde el principio, me di cuenta de que lo importante no era solo respetar lo que entiendes y te gusta, sino aquello que no entiendes. Mi ciencia es la xenofilia, el acercarme a lo diferente. Ahí es donde yo he salido ganando. Me parece muy triste la gente que critica a otros porque no tengan su misma ideología o condición sexual. Creo que lo que debe mover el mundo no es la política ni la ciencia, sino la empatía. El mundo iría mejor con clases de empatía en el colegio. No sé si se puede enseñar pero sí compartir. Con eso se acabaría la homofobia, la xenofobia, se acabaría el odio en muchos aspectos.

¿Cómo afrontáis desde el mundo del rap un tema como el de Valtonyc, condenado por sus letras?

Pues con mucha rabia. Yo no me identifico con el discurso de Valtonyc, pero entiendo que alguien tenga mucha rabia que sacar y lo diga a viva voz. Algunas veces de una manera muy bestia, yo eso no lo comparto, pero si pensamos en las cosas que realmente joden a esta sociedad: ¿un raper que está muy enfadado con el mundo y lo diga de forma muy bestia o toda esa mierda de corrupción que estamos pasando, todo ese enchufismo, toda esa mentira, todo ese juego político, lo que nos roban los bancos? ¿Qué está haciendo más daño al día día de la gente? Tenemos que medir todo ese tipo de cosas. Tengamos sentido común. La gente de las altas esferas está haciendo un daño a la sociedad y lo estamos dejando pasar y nos estamos acostumbrando a eso. Luego lega un chaval con mucha rabia dentro, lo escupe, lo machacan y se convierte en algo como superimportante, cuando no lo es. Sí lo es que en el día a día nos están robando.

¿Da miedo decir ahora según qué cosas? ¿Os censuráis más?

Yo nunca he tenido miedo a eso, ni me lo he planteado. Cuando estoy con el papel es una relación tan estricta del papel conmigo que no pienso en nada más. Al mismo tiempo sé que el discurso que yo tengo, sin ser tan insultante, puede tener más efecto para que la gente reaccione y puede hacer más daño a esa gente de arriba que le gustaría callarnos la voz.

 

Nach:

Nach durante la entrevista. | Foto: María Bravo/The Objective

 

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