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Nadine Labaki, la primera directora árabe que logra un hueco en los Óscar

Foto: Vianney Le Caer | Invision/AP

Nadine Labaki es la primera directora árabe que se ha alzado con el Premio del Jurado en el Festival de Cannes y en ser seleccionada a los Óscar en la categoría de Mejor Película Extranjera. Lo ha conseguido con Capharnaüm, su último largometraje en el que retrata la vida de Zain, un niño de 12 años que vive en la miseria más absoluta de Líbano y, que por circunstancias de la vida, acaba ante un tribunal. "¿Sabes por qué estás aquí?", le pregunta el juez. "Sí. Quiero demandar a mis padres", responde sin titubear Zain, y acalara: "quiero demandarles por traerme al mundo".

Nadine Labaki es libanesa y, por lo tanto, conoce la realidad de su país de primera mano. Eso se nota en sus películas. Sabe combinar a la perfección dulzura y ternura con el dolor más triste. Cargadas de un duro mensaje, sus películas te transportan hasta la profundidad del país de los cedros.

Graduada en estudios audiovisuales por la Universidad Saint Joseph de Beirut, Nadine Labaki está utilizando su trabajo para promover el cambio en su país. "El cine es el medio a través del cual puedo expresarme mejor. Lo uso para limitar los efectos de la destrucción que nos rodea, y para asumir mi responsabilidad como miembro de esta sociedad, pero también como artista", aseguraba en una entrevista para Vogue.

"Estoy convencida de que la política necesita arte para cambiar nuestra realidad, que a su vez requiere que nos comprometamos y mostremos interés en lo que está sucediendo a nuestro alrededor. El arte es el único medio para el cambio", defendía con pasión. En 2016, incluso se presentó a las elecciones municipales de Beirut, y no descarta trabajar en el servicio público.

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Nadine Labaki emite su voto en un colegio electoral durante las elecciones municipales de 2016 en Beirut. | Foto: Hassan Ammar/AP.

Casada con el compositor  Mouzanar Khaled, y madre de dos hijos, Labaki ha decidido no ignorar el sufrimiento de los niños marginados en las calles de Beirut, la capital de un país de 6,2 millones de personas con cuatro millones de refugiados, y por eso, rodó Capharnaüm.

En 2015, un informe de Unicef, identificó a aproximadamente 1,500 niños de la calle en 18 regiones diferentes del Líbano. El 73% eran niños que huyeron de la guerra en Siria.

Zaïn Al Rafeea, el actor que encarna al protagonista de Capharnaüm, era uno de ellos. Un niño refugiado sirio que se ganaba la vida en las calles de Beirut. Nació en 2004 en Daraa, una ciudad castigada por la guerra en el sur de Siria. En 2012, huyó a Líbano junto a su familia. No fue hasta cuatro años después cuando la directora Nadine Labaki se lo encontró y lo convirtió en protagonista de su historia.

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Khaled Mouzanar, Zain Al Rafeea y Nadine Labaki posan con el Premio del Jurado de Cannes. | Foto: Arthur Mola/Invision/AP.

Hoy, el final de este niño de la calle es un final feliz. En noviembre de 2108 Labaki anunció que Al Rafeea había conseguido un pasaporte noruego y que, por fin, por primera vez en su vida, había podido ir a la escuela y podía "vivir en paz".

Más allá de Capharnaüm, Labaki ha hecho dos películas más en solitario, un gran tesoro que no puedes perderte y que retrata la realidad de un país cambiante cuyo territorio, sacudido por las guerras, apenas tiene una superficie de 10.400 km², más o menos la misma que Asturias.

Caramel (2007)

En Beirut, varias mujeres se reúnen en un salón de belleza, un microcosmos colorista y sensual. Layale ama a un hombre casado. Nisrine, que es musulmana y está a punto de casarse, tiene un serio problema: ya no es virgen. Rima se siente atraída por las mujeres. El problema de Jamel es que se resiste a envejecer. Rose ha sacrificado su vida para cuidar de su hermana que padece demencia senil.

El largometraje fue distribuido en más de 40 países, convirtiéndose en la película libanesa más aclamada internacionalmente hasta la fecha. Caramel, cuya producción costó 1,6 millones de dólares, recaudó más de 13 millones.

Y ahora a dónde vamos (2011)

Un cortejo de mujeres vestidas de negro se dirige al cementerio, bajo un sol abrasador, apretando contra su cuerpo fotos de sus esposos, padres o hijos. Todas comparten el mismo dolor, consecuencia de una guerra funesta e inútil. Al llegar a la entrada del cementerio, el cortejo se divide en dos grupos: uno musulmán y otro cristiano.

En un país destrozado por la guerra, estas mujeres muestran la inquebrantable determinación de proteger a sus familias de toda clase de amenaza exterior. Con ingenio, intentarán distraer la atención de los hombres para que olviden el rencor.

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