Sociedad

Ni identidad de género ni orientación sexual: ¿qué es la intersexualidad?

Para tratar de mostrar la realidad sobre un tema a menudo escondido hablamos con Ananda Molina y con Eva Vives, dos personas que tratan de dar naturalidad a la intersexualidad

por María Hernández Solana

LGTBI son unas siglas que a día de hoy ya tenemos más que integradas en nuestro lenguaje, afortunadamente. Las personas lesbianas, gays, trans y bisexuales están cada vez más visibilizadas y la lucha por sus derechos, aunque aún tiene camino por recorrer, ha logrado grandes avances. Sin embargo, la I del final, las personas intersexuales, sigue invisibilizada, con todo lo que eso conlleva.

Y sigue invisibilizada, principalmente, porque es la gran desconocida. Mientras que las campañas de visibilización y educación han logrado que las personas trans sean cada vez más comprendidas e integradas como deben en la sociedad, la intersexualidad es todavía un terreno en el que a veces ni siquiera los activistas saben entrar.

Para tratar de mostrar la realidad sobre un tema a menudo escondido, hablamos con Ananda Molina y con Eva Vives, a través de la organización Kaleidos, que trata de visibilizar e integrar a las personas intersex.

¿Qué es la intersexualidad?

«Intersex es la persona que tiene diferencias hormonales, cromosómicas, corporales que no se ajustan a lo establecido como binario de hombre y mujer en los humanos», explica Ananda. «Cualquier persona que tenga niveles de hormonas diferentes a lo habitual, que su genitalidad o incluso su código genético sea diferente a lo que se considera natural, estamos dentro del grupo de intersex», añade.

«El sexo se identifica siguiendo tres variables: una es el cariotipo, la otra son las gónadas y la tercera variable que define el sexo humano son los genitales. Si en el momento de nacer esas tres variables no coinciden es cuando la persona se denomina intersexual», añade Eva.

No se sabe exactamente cuántas personas en el mundo son intersexuales, pero las estimaciones de la ONU hablan de alrededor de un 1,7% de la población. Hay muchas estadísticas sobre la cantidad de personas intersex que hay en el mundo. «Yo estoy convencide de que mucha gente intersex ni tan siquiera lo sabe», dice Ananda. Eva, por su parte, duda que esta estimación sea correcta: «Soy de la opinión, yo que me dedico al tema de análisis de datos, que el porcentaje es mucho menor de un 1%».

En lo que sí coinciden elles es en que el principal problema es el desconocimiento de la sociedad. Por tanto, el objetivo actualmente es naturalizar una situación que no por minoritaria debe ser invisible.

La diversidad en la intersexualidad

Hablar de intersexualidad supone hablar de numerosos tipos de representaciones de esta condición y, por tanto, de una gran diversidad de opiniones también. Ananda y Eva son dos personas que defienden una misma causa, pero sus historias y puntos de vista son diferentes.

Ananda tiene 61 años y durante décadas se llamó María Luisa, hasta que decidió cambiarse el nombre por uno neutro, porque no se identifica con ninguno de los dos géneros que entendemos dentro del binarismo. Sus cromosomas son XY, pero su cuerpo no absorbe las hormonas masculinas, por lo que su imagen es la que asociamos habitualmente a una mujer. «Dentro de lo estipulado binario, cis, heteronormativo, por la voz, por la falta de vello, porque no tengo nuez, porque tengo mamas, tú me ves y dices ‘es una tía’», explica.

Creció sintiéndose diferente, rara, una mujer que tenía una especie de micropene sin escroto, cuenta elle misme. «Yo fui creciendo y como tenía parcialmente hormonas masculinas, yo expresaba mi parte masculina, cuando empecé a ser adolescente claro, yo era una marimacho, un chicazo, era una persona masculina ambigua porque tampoco tenía toda la testosterona que puede tener un adolescente».

Más adelante, cuando se empezó a plantear una vida sexual, se sometió a una cirugía para tener una vagina, algo que ahora afirma que no haría. «Todo eso no lo haces porque tú quieres hacerlo, sino porque quieres no destacar, mantenerte tapada en la multitud», afirma. «A día de hoy yo no me lo haría nunca, pero entonces sí porque no tenía explicaciones y opciones». Ahora, con más información, se identifica como una persona extra binaria y utiliza el pronombre «elle».

Ni identidad de género ni orientación sexual: ¿qué es la intersexualidad? 1

Foto: Ananda Molina

Eva tiene 47 años y tiene hiperplasia suprarrenal congénita. Esto provocó que al nacer tuviera una genitalidad ambigua. Sus cromosomas son XX y sus gónadas son ovarios, por lo que lo único que no coincidía eran sus genitales. Al contrario que la condición de Ananda, su enfermedad sí era peligrosa y, de hecho, si no se la hubieran detectado al nacer probablemente habría muerto.

A Eva la operaron de pequeña para convertir sus genitales en una vulva y a lo largo de su vida no ha tenido dudas sobre su identidad de género, aunque las consecuencias psicológicas siguen estando ahí.

«Te puedo decir que un porcentaje muy alto, y da lo mismo que tengan hiperplasia suprarrenal o cualquier alteración, lo que es más habitual es la afectación psicológica debido al tema de las intervenciones», afirma. Muchas de estas consecuencias se deben a que las técnicas no estaban tan avanzadas como ahora y los genitales «no quedan a nivel visible o estético de una manera estandarizada», lo que afecta a la vida sexual y afectiva de estas personas. «Antes de tener relaciones todas tenemos el miedo a explicar qué es la intersexualidad y en qué nos afecta, unas porque a lo mejor tienen una vagina más estrecha y no pueden ser penetradas, otras que tienen un cariotipo XY pero en realidad son mujeres, otras que el clítoris no tienen un tamaño estándar», explica. «Debido a ese miedo al rechazo que tenemos, muchas se pueden identificar casi como asexuales, que es respetable evidentemente, pero la vida afectiva y sexual es una parte importante».

Las intervenciones quirúrgicas, en el centro de la polémica

La intersexualidad tiene multitud de formas, pero hay un tema que genera polémica en cualquiera de ellas, el de las intervenciones quirúrgicas a los niños. En estos casos, es habitual que los padres consensúen con los médicos operar a los niños para que sus genitales coincidan con los de un hombre o una mujer. Esto tiene numerosos detractores, que consideran que son operaciones innecesarias y que son estas personas, cuando crezcan, quienes deberían decidir si quieren pasar por ese proceso.

Ananda es de la opinión de que el problema no son tanto las operaciones en sí, sino el tratamiento por parte de algunos médicos, que a menudo no saben cómo enfrentarse a estos temas. «El problema de mucha gente es que le mandaban hacer revisiones cada poco tiempo, con lo que tenías que ir al hospital y como eres un bicho raro para ellos, te miran y llaman a los colegas, a toda la planta, para que vengan a ver algo excepcional, y eso si ves todas las historias de las personas intersex te crea unos traumas bestiales».

A elle, cuando tenía 16 años, un médico le extirpó unas gónadas que nunca le dijeron lo que eran, aunque supone que eran sus testículos.

Por su parte, Eva agradece que sus padres decidieran operarla de pequeña. «A mí, si no me hubieran operado, esos genitales ambiguos con los que nací se hubieran convertido en una especie de micropene o semipene, llamémoslo más o menos algo así. Si yo me encuentro un cuerpo de mujer a nivel de pecho y en genitales me miro y tengo un pene, ahí sí que tengo una duda razonable de decir ¿soy un hombre, soy una mujer, qué soy?», argumenta. «Yo sinceramente prefiero vivir identificándome desde que he nacido como mujer que no haber llegado a la adolescencia pensando si soy un hombre o una mujer, porque la transexualidad por desgracia todavía en la sociedad en la que estamos, y mira que en los últimos años se ha hecho un gran esfuerzo por aceptarla, está muy lejos de ser aceptada».

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Foto: Eva Vives

El registro del género

En algunos países ya existe la opción de registrarse con un tercer género que no es masculino ni femenino. Esto, en principio, podría encajar para las personas intersexuales, pero Ananda explica que no es la opción ideal.

«Dentro de Kaleidos estamos en contra del tercer género porque no existe, sería el tercero, el cuarto, el quinto, el sexto, el 125.538… Si estamos en igualdad, ¿qué más da que sea hombre o mujer?, ¿por qué hay que poner de qué sexo es la criatura cuándo nace?», argumenta. «Lo que abogamos es porque no se ponga el sexo o género y así aprenderemos a cuando conocemos a alguien decir ‘hola, soy Ananda, mi pronombre es e’, ‘hola, soy María, mi pronombre es a’, y entonces yo te trato desde la a, desde la e, luego habrá gente desde la i, o desde la u. ¿Eso es loco? No, no es loco, es costumbre».

En este aspecto, Eva es más conservadora. Aunque le parece bien que no se registre el género o haya una tercera casilla, considera que no es una prioridad en la actualidad. «Yo estoy de acuerdo en que se acepten todas las variedades posibles, si hay un tercer género o que no se indique la especificación de género, pero ¿está la sociedad preparada? Primero de todo, ¿no interesa más explicar lo que es la intersexualidad?», opina. «Es que la sociedad no está preparada ni siquiera a lo mejor para entender el concepto de intersexualidad. A veces se construye un poco la casa por el tejado, empecemos por los cimientos y vayamos progresando».

Naturalizar la intersexualidad

Eva y Ananda difieren en muchas opiniones, pero las dos tienen claro que el primer paso es naturalizar la intersexualidad en la sociedad.

«Yo lo que pretendo de la sociedad únicamente es que naturalice o que pueda naturalizar la intersexualidad, informando con personas que lo somos, de una manera natural, como quien dice que es hombre, que es mujer o quien dice que tiene una tendencia heterosexual o una tendencia lésbica», dice Eva.

Por su parte, Ananda considera que la educación es básica para conseguir esa naturalidad. «En 4º de la ESO, que es cuando se explica biología y se dice que genéticamente un hombre es XY y una mujer es XX, se podría añadir que hay personas que también pueden ser XY y tener apariencia femenina, XX y tener apariencia masculina, y hay personas que pueden ser XXY, XXX, XYY, que hay un montón de personas que tienen una genética diferente y que no por eso dejan de ser. Si eso se explica ya con 14 años, aunque solo sea que lo oigas una vez y no vuelvas a oírlo nunca porque no estás con personas intersex, te queda y cuando pase te das cuenta de que eso ya se va naturalizando».

Además, quiere poner una nota positiva y afirma que cada vez son más las personas intersex que se están haciendo visibles para tratar de apoyar a otras para que no se sientan solas o diferentes.

María Hernández Solana

De Murcia y madrileña de adopción. Escribo a menudo sobre derechos humanos e inmigración. También estudié Publicidad, pero lo mío es el periodismo. Y los viajes.