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Nora Strejilevich: "En Argentina no queremos la reconciliación, sino verdad, memoria y justicia"

Hablamos con la escritora Nora Strejilevich, secuestrada y torturada durante la dictadura de Jorge Rafael Videla

Foto: Centro Sefarad-Israel

Durante 1976 y 1983 la muerte anduvo suelta por Argentina. Bajo la dictadura cívico-militar de Jorge Rafael Videla, unas 30.000 personas fueron asesinadas y otras tantos de miles fueron secuestradas y torturadas. Una de ellas fue la escritora Nora Strejilevich, autora y docente argentina de origen judío, que fue secuestrada en 1977 junto a su hermano, la novia de este y dos primos. Tenía 25 años y durante los varios días que estuvo en el campo de concentración Club Atlético –a 20 minutos de su casa–, fue torturada y vejada. Su único delito, varios miembros de su familia formaban parte de organizaciones y partidos políticos contrarios al régimen. Eran los “subversivos”.

Contra todo pronóstico, Nora fue liberada. Su hermano no corrió la misma suerte. Seguramente, según nos cuenta la propia escritora, fuese lanzado desde uno de los vuelos de la muerte al mar; vuelos en los que las víctimas eran inyectadas con pentotal sódico y arrojadas vivas, semi desnudas y en estado de somnolencia desde aeronaves militares en vuelo sobre el mar o el Río de la Plata, con el fin de hacer desaparecer los cadáveres y las pruebas de los crímenes.

Una sola muerte numerosa, publicado en España por la editorial Sitara, es uno de los trabajos más reconocidos de la escritora argentina; un relato en memoria de los miles de desaparecidos que narra la experiencia del dolor, la tortura, el secuestro y la desaparición de familiares. Un libro donde palpita una herida de hace cuarenta años.

En el Centro Sefarad-Israel, en la céntrica calle Mayor de Madrid, Nora Strejilevich nos recibe para seguir alzando la voz y exigir “memoria y verdad”. Porque la herida no se puede cerrar sin justicia ni reparación.

¿Cuáles son, a tu modo de ver, las particularidades de abordar un tema como éste? 

Hay muchas formas de hacerlo, no hay una regla. Lo que yo quise hacer es dar una forma a lo que se siente en un momento de terrorismo de Estado, donde no sabes en qué terminó la vida o la historia de cada uno, se escucha rumores pero nadie está seguro de nada, no hay una historia que pueda iniciarse y terminar. Hay gente que sale de estas situaciones y prefiere no hablar de ello, pero en mi caso sentí la necesidad de hacerlo y escribir de este tema.

¿Ves a la literatura como una alternativa narrativa al horror? 

Sí. Veo una forma de elaborar lo que la sociedad tiene que elaborar para poder seguir viviendo, pero no solo los sobrevivientes, la sociedad en su conjunto es sobreviviente, porque los vecinos escuchaban lo que sucedía, ya que muchos campos de concentración estaban en lugares céntricos, donde los ciudadanos podían escuchar lo que pasaba, con celdas construidas para la tortura y el aislamiento.

Muchos consideran la literatura como una forma de evasión, imagino que para ti es todo lo contrario… 

Me parece que la literatura no es una forma de evasión, al menos, no este tipo de literatura, en muchos de sus aspectos sirve para entender el mundo en el que vivimos.

Jorge Rafael Videla, en el centro. | Foto: Eduardo Di Baia | AP

¿Es una formara de denunciar y decir lo que el periodismo hoy día quizá no esté haciendo?

Sí, creo que es una forma de afectar. Leemos tantas noticias que ya no nos afectan tanto como desearíamos porque tenemos un muro de protección porque escuchamos horrores todos los días. Creo que puede ser una vía para despertar a la gente un poco.

¿Qué secuelas deja la tortura en la sociedad a largo plazo?

Muchas, porque hay una especie de cambio cultural muy grande que creo que todavía no se asume, y es que la responsabilidad que sentíamos en los años 70 hacia las necesidades de los demás, hacia la sociedad en su conjunto, no se siente ahora. Con la dictadura se ha logrado imponer un sistema económico que no sale del individualismo, del placer personal. Lo que quiero que se haga y pienso que se tiene que hacer después de un cambio así es restituir los lazos comunitarios, la responsabilidad hacia el otro.

Cómo superviviente de una generación, ¿cómo recuerda a aquellos jóvenes?

Tenían ese deber de responsabilidad hacia el otro y eso fue lo que se perdió, y ademas se perdió un aporte increíble de miles de personas preparadas no solo culturalmente, sino en el sentido de la resistencia, gente no pasiva, que tenía en sus manos cambiar el rumbo de la historia. Eso es lo que se perdió, y eso es lo que culturalmente tenemos que tratar de reestructurar porque la gente puede tomar en sus manos el rumbo de la historia, solo que no lo sabe o no lo siente.

Dos soldados del ejército leyendo un periódico en la Plaza de Mayo de Buenos Aires después del golpe militar dirigido por Jorge Rafael Videla. 24 de marzo de 1976. | Foto: AP

Dice el escritor español Emilio Calderón que la reconciliación en Argentina es imposible. ¿Cuál es su opinión?

En Argentina los movimientos humanos no usan la palabra reconciliación, sino verdad, memoria y justicia, nadie quiere la reconciliación. Es un país donde esa palabra no se puede usar porque los crímenes de lesa humanidad, como no se pueden demostrar y hay un pacto de silencio entre quienes los cometieron, no se puede hacer una reconciliación con quien no asume su crimen. Si hubiera un reconocimiento de ese lado, de lo que hicieron, otro gallo cantaría. Pero ahora no puede haber una reconciliación, sólo juicios.

Hay un sector de la población, que no puedo decir cuán grande sea, que todavía piensa que un Gobierno autoritario sería lo mejor para nuestro país, y eso es muy difícil de erradicar y lo tendremos a lo largo de nuestra historia. Pero creo que el trabajo de los derechos humanos y cultural ha sido muy importante y da un piso que es bastante esperanzador.

El propio Macri llegó a poner en duda la cifra de 30.000 desaparecidos…

Sí, él ha hecho todo lo posible por retrotraer todo lo que se ha conseguido, incluso liberó ha detenidos en estos juicios, los dejó estar en sus casas, pero por suerte la gente ha reaccionado. Ahora tenemos la esperanza de que cambie el Gobierno y entre otro que respete los derechos humanos.

Short SC.7 Skyvan similar al de la Prefectura, usado para los vuelos de la muerte. | Foto: J-P Kärnä

Argentina se ha convertido en un referente mundial, consiguió condenar a Videla y a los responsables de los vuelos de la muerte. En España, sin embargo, responsables de crímenes franquistas, como Antonio González Pacheco, siguen impunes. ¿Por qué Argentina sí ha logrado destrozar esa impunidad dictatorial y España, por ejemplo, no?

Por el fenómeno de la tradición político-social en Argentina, donde la gente está muy acostumbrada a salir a la calle, se han contagiado las luchas. Dada la experiencia de lucha constante y persistente de los movimientos de nuestro país creo que se han logrado muchas cosas porque se produce un contagio y las nuevas generaciones se unen, es una tradición de lucha, que no se da no solo en España, sino tampoco en Chile, donde tuvieron 17 años de dictadura.

Tratar la dictadura puede implicar la adopción de una posición política definida, la búsqueda de reivindicación política. ¿Es éste su caso?

Por su puesto, esto es un tema político-social. Hay un proyecto de país que quiere un sector de la sociedad donde está incluido el tema de los derechos humanos y derechos sociales y la protección de los desfavorecidos; y hay otro proyecto de país que no tiene nada que ver con todo esto, y que quiere un país agroexportador, económicamente dedicado a la economía de mercado.

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