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Olivier Longué: "En los últimos 50 años no ha habido hambrunas naturales, todas han sido creadas por el hombre"

Foto: Lidia Ramirez | The Objective

La semana pasada las desgarradoras imágenes de la bebe siria Sahar, de apenas un mes de vida, escuálida, agonizando, con los huesos marcando su piel translúcida, daban la vuelta al mundo. Minutos después de esas fotografrías, la pequeña fallecía en un hospital de la Guta Oriental. El destino le puso una zona en guerra como lugar de nacimiento. Al igual que a 155 millones de niños, muchos de los cuales quizá tengan un futuro similar. Porque en un mundo con comida suficiente para toda la población, 815 millones de personas, el 11% de la población mundial, carecen de alimentos suficientes. Además,  por primera vez en 20 años la curva del hambre ha vuelto a aumentar.

Detrás de la ruptura de esta tendencia positiva está la mano del hombre, concretamente la mano que dispara armas y que ha provocado una escasez de alimentos consecuencia de años de asedio, intereses y guerras. Así, en este punto, cabe destacar que seis de cada 10 personas con hambre viven en un país en conflicto, según apunta la ONG Acción Contra el Hambre, que asegura que la amplia mayoría de personas desnutridas y con graves carencias alimenticias lo son por la guerra.

Sin embargo, la realidad es que esta foto, al igual que la del pequeño Aylan, que produjo la reacción –pero sólo eso– de numerosos políticos e instituciones, no servirá de nada. Porque el hambre, mientras haya guerras, interesa, y no sólo por su uso como arma de destrucción masiva –es el arma más barata y silenciosa que existe– sino por el impacto provocado que supone ver a un niño esquelético en un mundo donde cada año se desperdician unos 1.300 millones de toneladas de alimentos. "Tenemos que tener en cuenta que las guerras no sólo se luchan en terreno, la guerra mediática a veces hace más daño que la propia batalla en campo". Son palabras de Oliver Longué, director general de Acción Contra el Hambre, quien asegura que en los últimos 50 años "todas las hambrunas han sido creadas por el hombre. No ha habido hambrunas naturales".

Hablamos con el directivo de la ONG quien nos cuenta por qué "luchar contra el hambre es mucho más que dar comida".

 

¿El hambre es un problema político más que económico?

Desde luego, hace muchos años que el mundo produce más comida de la que necesitan los seres humanos, y aunque el planeta está creciendo, llegaremos a 9.000 - 10.000 millones de personas para 2050, los pronósticos, incluso los más pesimistas, son que la producción es suficiente. El problema no es la producción sino la distribución, porque hay zonas donde la gente no tiene acceso a la comida. En este sentido, hay que conseguir la paz porque el hambre se usa como arma de destrucción masiva debido a que hay un espacio internacional que lo permite.

¿Que se puede hacer para que el hambre deje de ser un arma de guerra?

Hay que aplicar el Derecho Internacional. La ley prohibe usar el hambre como arma de guerra y que niños y personas indefensos pasen hambre, pero no se trata tanto de cambiar la ley que de asegurarse de que se aplique. En los últimos años hemos visto como muchos responsables de conflictos donde hubo hambre están acabando en los tribunales, y aunque es demasiado lento y eso crea frustración, algo está cambiando en la buena dirección. La impunidad retrocede, pero el derecho internacional debería trabajar mejor.

Que las guerra provocan hambre no es algo nuevo. Tenemos referencia desde Julio César y sus Comentarios a las Guerra de la Galias. Pero en 1949, tras dos guerras mundiales, se trató de crear un orden internacional para los conflictos a la que se suscribieron más de 190 países. En esta convención, que constituiría la base del Derecho Internacional Humanitario, se prohibió "atacar, destruir, sustraer o inutilizar los bienes indispensables para la supervivencia de la población civil,  (...) ya sea para hacer padecer de hambre a las personas civiles, para provocar sus desplazamiento, o con cualquier otro propósito". Sin embargo, ¿qué queda hoy de esa ley?, ¿qué esta fallando?, ¿qué podemos hacer? Olivier Longué responde:

"El IV Convenio de Ginebra es muy interesante y mucho mas sofisticado que los anteriores porque viene después de muchos conflictos y también de mucha experiencia, pero requiere de una Comunidad Internacional que funcione y que deje funcionar a la justicia, que es lo que nos falta en estos momentos.  Los textos están bien pero nuestra prioridad debe ser que se apliquen y que los jueces la apliquen. Estamos en un momento un poco triste, aunque también hay que reconocer que la Comunidad Internacional está mejor preparada. Además cada vez se destinan más recursos y presupuestos para luchar contra el hambre, sin embargo, como el número de conflictos sube cada año los progresos no se ven".

Como usted afirma, la sociedad internacional está mejor preparada pero, sin embargo, más de 600.000 personas se encuentran en situación de emergencia humanitaria en la frontera entre Birmania y Bangladesh ante un drama que ya se veía venir ¿Cómo se explica el silencio internacional al drama rohingya?

Esta situación demuestra nuestro punto de vista cuando hablamos de parálisis de la comunidad internacional en la lucha contra el hambre porque este episodio, efectivamente, era perfectamente prevenible y se podía haber parado. Comenzó en agosto con 200.000 refugiados, ahora estamos en 600.000, y además Bangladesh está preparando una infraestructura para acoger a un millón de refugiados que es un coste que no deberíamos pagar. En este caso la falta de acción política se debe a un país que sale de una dictadura militar y que tiene una dirigente que a pesar de su premio Nobel parece tener otras prioridades.

 

Olivier Longué:

Una familia de refugiados rohingya camina por el agua después de cruzar la frontera entre Bangladesh y Birmania. | Foto: Adnan Abidi / Reuters

El objetivo número 2 de los Objetivos de Desarrollo Sostenible busca terminar con todas las formas de hambre y desnutrición para 2030. Sin embargo, teniendo en cuenta que por primera vez en 20 años la curva del hambre ha vuelto a aumentar. ¿Se conseguirá?

Se  conseguirá porque la estructura del hambre está mejorando, pero tenemos que conseguir la paz. Si conseguimos la paz quizá incluso antes de 2030 podamos acabar con el hambre, porque no es un problema de recursos, es un problema de voluntad política y dejar de usar el hambre como arma de destrucción masiva. Para ello hay que castigar duramente a aquellos que utilizan el hambre para este fin.

Sin embargo, parece que los Gobiernos están más preocupados en invertir en armamento que en nutrición. En promedio, los países en desarrollo destinan el 2,1% de su presupuesto a la nutrición, sin embargo, en 2016 por ejemplo EE.UU. destinó un 3,3% de su PIB a gasto militar, Francia un 2,3%, España un 1,2%... ¿qué lectura puede hacer de estos datos?

Es una pregunta compleja porque nosotros no estamos aquí para decirle a los Gobiernos en qué tienen que invertir. Lo que queremos es que se priorice en nutrición, especialmente en la nutrición de los niños, porque cuando la alimentación de los más pequeños es buena el desarrollo de los países mejora mucho y rápidamente. Con lo cual, invertir en nutrición creemos que debe ser la prioridad absoluta.

Los trabajadores humanitarios se han convertido en diana de los grupos armados, en 2016 fallecieron 101. Las cifras son alarmantes, ¿nos estamos quedando sin espacio humanitario?

Somos 20.000 trabajadores humanitarios en el mundo. Esta curva aumenta cada año porque la impunidad hacia nosotros crece. Hemos perdido el respeto y nos hemos convertido en la diana y objetivo de los grupos violentos porque matar a un humanitario da una cobertura internacional mediática a estos grupos. Nuestra situación es más preocupante que nunca.

 ¿Cuáles son las zonas de máxima prioridad para la ONG que dirige?

Nuestras zonas prioritarias este año son tres: Oriente Medio, el África del Sahel y los países de la hambruna:  Sudán del Sur, Yemen, Somalia y Nigeria.

 

Olivier Longué:

Saida Ahmad Baghili, de 19 años. Ahora se recupera de una desnutrición severa en la provincia de Hodeidah, Yemen. | Foto: ABDULJABBAR ZEYAD/Reuters

Desde 2013 ACH también actúa en España, ¿es solidaria la sociedad española?

Depende. Si se compara con países como Reino Unido, Alemania o Francia donde más de la mitad de la gente dona a alguna ONG, no, porque en España sólo dona un 14%. Pero donde sí es muy solidaria la sociedad española son en las donaciones que están relacionadas con los desastres naturales, sobre todo, en zonas de América Latina, donde casi siempre es el país más generoso.

Y en relación a las empresas, ¿han notado un aumento de la sensibilidad de éstas hacia las iniciativas que está llevando a cabo Acción contra el Hambre?

Existe una doble motivación por parte de la empresas. Cada vez son más las que nos piden que vayamos a sus empresas para concienciar a sus empleados. Por otro lado también crece, aunque de una forma demasiado lenta, las donaciones por parte de éstas. Pero no podemos olvidar que estamos muy por detrás de la media europea, por lo que debemos mejorar para que haya mejor conciencia sobre cooperación internacional y el hambre.

Una de vuestras campañas es la de Restaurantes contra el Hambre,  sin embargo, según la Federación Española de Hostelería y Restauración, los restaurantes españoles desperdician más de 63.000 toneladas de comida al año. ¿El sector hostelero de nuestro país es realmente consciente de la necesidad de luchar contra el hambre?

El debate es muy amplio. El apoyo de la Federación ha sido fantástico. Son más de 1.000 restaurantes los que participan año tras año y eso dice mucho. No nos gusta asociar el hambre solo con la miseria. El desperdicio alimentario es mucho mas complejo  porque la ley, por ejemplo, obliga a tirar un yogurt caducado cuando se sabe que ese yogurt puede durar mucho más. No está bien acusar al sector hostelero de tirar comida porque lo hacen para cumplir con la ley.

 

 

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