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Oprah Winfrey es homenajeada en los Golden Globes y su discurso rompe Internet

Foto: HANDOUT | Reuters

Oprah Winfrey ha recibido en los Golden Globes el premio Cecil B. DeMille, el galardón que entrega la Asociación de Prensa Extranjera a la trayectoria, premio en los últimos años han recibido Meryl Streep, Denzel Washington, Morgan Freeman y Jodie Foster. Oprah ha sido la primera mujer negra en recibir este galardón. Su muy esperado discurso no defraudó ni a los asistentes ni a todos los espectadores que se volcaron a internet a expresar su apoyo (y algunos a pedir que se lanzara a presidente en 2020). Pero mejor que hablar del discurso de Oprah es escucharlo o leerlo.

 

 

Aquí la transcripción completa:

 

¡Ah! Gracias. Gracias a todos. Okay. Okay. Gracias, Reese.

En 1964 yo era una niña pequeña sentada en el suelo de linóleo de la casa de mi madre en Milkwaukee mientras miraba a Anne Bancroft presentar el Oscar a Mejor Actor en los 36 Premios de la Academia. Ella abrió el sobre y dijo 5 palabras que literalmente hicieron historia: “El ganador es Sidney Poitier”. Al escenario subió el hombre más elegante que hubiese visto. Recuerdo que su corbata era blanca, y por supuesto su piel era negra. Yo nunca había visto a un hombre negro ser celebrado de esa manera. Y he intentado muchas muchas veces explicar lo que un momento como ese significa para una niña pequeña -una niña mirando, desde los asientos baratos, mientras mi madre entraba a la casa absolutamente agotada por limpiar casas. Todo lo que puedo hacer es citar la explicación de Sidney en su performance “Lillies of the Field”: “Amén, amén. Amén, amén.” En 1982, Sidney recibió el premio Cecil B. DeMille (premio a la trayectoria) aquí en los Golden Globes, y no se me escapa que en este momento debe haber niñas pequeñas viendo cómo me convierto en la primera mujer negra en recibir ese mismo premio.

Es un honor y un privilegio compartir esta noche con todas ellas, y también con todos los increíbles hombres y mujeres que me han inspirado, retado, sostenido y que han hecho mi viaje hasta este escenario, posible. Dennis Swanson, quien me dio una oportunidad en “A.M. Chicago”; Quincy Jones, quien me vio en ese show y le dijo a Steven Spielberg, “sí, esa es Sophia en “El color púrpura”; Gayle, quien ha sido la definición de amistad; y Stedman, quien ha sido mi roca —solo por nombrar a algunos. Quiero agradecer también a la Asociación de Prensa Extranjera de Hollywood, porque todos sabemos que la prensa está bajo constante ataque estos días.

Pero también sabemos que es la insaciable dedicación a desvelar la verdad absoluta la que nos impide mirar a otro lado cuando se trata de corrupción e injusticia. De tiranos y víctimas, de secretos y mentiras. Quiero decir que aprecio la prensa más que nunca, mientras tratamos de navegar estos tiempos complejos. Lo que me trae a esto: lo único que tengo claro es que hablar con la verdad es la herramienta más poderosa que tenemos todos. Y estoy especialmente orgullosa e me siento inspirada por todas esas mujeres que se han sentido lo suficientemente fuertes y empoderadas para romper el silencio y compartir sus historias personales. Cada uno de nosotros en esta sala somos celebrados por las historias que contamos. Este año nos hemos convertido en la historia. Pero no solo una historia que afecta a la industria del entretenimiento. Esta es una historia que trasciende culturas, geografías, razas, religiones, políticas o lugares de trabajo.

Por eso quiero aprovechar esta noche para expresar mi gratitud a todas esas mujeres que durante años han soportado abusos y asaltos, porque ellas —como mi madre— tenían hijos que alimentar y cuentas que pagar y sueños que perseguir. Esas son las mujeres cuyos nombres nunca conoceremos. Ellas son trabajadoras domésticas, granjeras; trabajan en fábricas y en restaurantes, están en la academia y en ingeniería y en medicina y en las ciencias; ellas son parte del mundo de la tecnología y los negocios; son nuestras atletas en las Olimpiadas y nuestras soldados en el ejército.

Y ellas son alguien más: Recy Taylor, un nombre que conozco y que creo que vosotros deberíais conocer también. En 1944, Recy Taylor era una joven esposa y madre. Ella caminaba a su casa luego del servicio eclesiástico al que asistió en Abbeville, Alabama, cuando fue raptada por seis hombres blancos armados, violada y abandonada con los ojos vendados a un lado del camino, el camino de vuelta de la iglesia. Ellos la amenazaron de muerte si decía lo que había pasado, pero su historia fue reportada a la N.A.A.C.P. (National Association for the Advancement of Colored People) donde una joven trabajadora llamada Rosa Parks se convirtió en la principal investigadora del caso y juntas buscaron justicia. Pero la justicia no era una opción en la era de Jim Crow. Los hombres que intentaron destruirla nunca fueron procesados. Recy Taylor murió hace apenas 10 días, a poco tiempo de su cumpleaños número 98. Ella vivió, como muchos hemos vivido, en una cultura rota por hombres brutalmente poderosos. Y por mucho tiempo las mujeres no han sido escuchadas ni les ha creído si se atrevían a hablar con la verdad ante el poder de esos hombres. Pero su tiempo se acabó. ¡Su tiempo se acabó! ¡Su tiempo se acabó!

Y espero que Recy Taylor haya muerto sabiendo que su verdad — como la verdad de tantas otras mujeres que fueron atormentadas durante esos años, y que aún ahora lo son— ha prosperado. Estaba en alguna parte del corazón de Rosa Park cuando casi 11 años más tarde decidió quedarse sentada en aquel autobús en Montgomery. Y está aquí en cada mujer que decide decir “yo también” (MeToo). Y en cada hombre — cada hombre — que decide escuchar. En mi carrera, hay algo que siempre he intentado hacer por todos los medios, así sea en televisión o en el cine, y es decir algo acerca del verdadero comportamiento de hombres y mujeres: contar cómo experimentamos vergüenza, cómo amamos, cómo nos enfadamos, cómo fallamos, cómo reintentamos, perseveramos y cómo nos superamos. Y siempre he entrevistado y retratado a personas que han logrado superar algunas de las cosas más terribles que la vida puede arrojarnos, y una característica que todos ellos parecen compartir es la capacidad infinita de mantener la esperanza en una mañana brillante, incluso en nuestras noches más oscuras.

¡Por eso quiero que todas las niñas que están mirando ahora sepan que un nuevo día está en el horizonte! Y que cuando ese día finalmente amanezca, será porque un montón de mujeres magníficas, muchas de las cuales están aquí ahora en esta sala, y muchos hombres fenomenales, han peleado duro para convertirse en los líderes que nos hagan avanzar a ese tiempo en el que nadie nunca más tenga que decir ‘Me too’ de nuevo. Gracias.

 

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