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Orhan Pamuk: “Una mujer que se tiñe el cabello no se pliega a su destino”

El Nobel de Literatura visita Barcelona y Madrid para presentar su novela más feminista, ‘La mujer del pelo rojo’ (Random House, 2018). 

 

Dice Orhan Pamuk que el buen novelista siempre es un profeta inocente y tal vez por eso, porque intuye como el antiguo pocero los lugares donde podría manar o no agua, avisó de antemano que no pensaba hablar de política y a más de uno se lo quiso tragar la tierra. Una tarea faraónica, como abrir un pozo en una pequeña ciudad turca a pico y pala, sobre todo teniendo en cuenta que su última obra, ‘La mujer del pelo rojo’ (Random House, 2018), que presentó ayer en Barcelona, es una novela de ideas, donde lo personal y lo político están estrechamente unidos, tanto que intercambiar a la figura de un padre por la del Estado y a la de su hijo por la de sus ciudadanos no resultaría difícil, aunque no se trate, como apunta, de una alegoría.

‘La mujer del pelo rojo’ narra la historia de Cem Bey, un muchacho con un padre ausente que acaba trabajando en la construcción de un pozo en una pequeña ciudad cerca de Estambul y entabla una relación paternofilial con el maestro pocero, hasta que una enigmática mujer pelirroja se cruza en su camino y acaba precipitando un destino que, como en las tragedias griegas, no puede evitarse. Como tampoco podemos escoger el país en que nacemos o a nuestro padre. El del Nobel, por cierto, era ingeniero, librepensador, con gusto por los valores europeos y, afortunadamente, dice, ausente. Y rechazando cualquier intento de psicoanálisis freudiano, apunta: “El haber tenido un padre ausente me ha hecho más libre, me faltó la ternura pero evité ser aplastado por un padre autoritario como el de mis amigos y gracias a eso me convertí en escritor”.

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Imagen vía Literatura Random House 2018

Orhan Pamuk tiene un banco de historias que le cuentan personas que se cruzan en su vida. Y la que inspiró este libro ocurrió hace unos 25 años, un verano de 1988, mientras escribía ‘El libro negro’ que le concedería el éxito internacional. Salía de su casa y observaba durante mucho rato a un maestro pocero que trabajaba con su ayudante: “Por las mañanas el jefe gritaba y gritaba y daba órdenes al aprendiz, pero por las noches, cuando iban al pueblo o veían juntos la televisión, era tierno y cariñoso como un padre. Me sorprendió ver que tenían la relación que yo no tuve con el mío y cuando entablamos amistad empezaron a contarme historias”, cuenta.

Una novela feminista

Sófocles escribió: “¿Que hay más que torture que el mal que cada uno con su resuelta voluntad se busca?”. Y sin embargo, más allá del designio de los dioses o el deseo de los padres, hay pequeñas elecciones que se convierte en parricidio simbólico (sí, doctor Freud) y nos liberan. Como construir un pozo -“los pozos son la metáfora de la inutilidad humana. Cuando lo encuentras es como si ganases la gloria”, dice el escritor- o bien teñirse el pelo de rojo. Y así lo ve Orhan Pamuk, como una poderosísima declaración a voces de la mujer en Oriente, que es política, cultural y de género. “En la parte del mundo en la que vivo, teñirse el cabello de rojo se asocia a ser una mujer de sexo fácil, pero también alguien que no se deja someter ni acepta las reglas. No es una mujer que se pliegue a su destino”.

De los tres capítulos que conforma la que dice es su novela más breve –“ha sido un éxito en Turquía también por ese motivo”-, el último lo protagoniza ella:

“Para aquellas que nos convertimos en pelirrojas, la elección del color es como escoger una personalidad. Y desde que me convertí en pelirroja , me he pasado el resto de mis días tratando de ser fiel a mi elección.” –La mujer del pelo rojo.

 

Los personajes femeninos de ‘La mujer del pelo rojo’, como ya ocurría en su novela anterior, ‘Una sensación extraña’ (Random House, 2015), son mujeres fuertes que seducen a los hombres, que están furiosas y toman el control de sus vidas y, en el caso de esta última, superan en firmeza al aspirante de pocero, cuyos fantasmas de adolescencia siguen persiguiéndole al llegar a la mediana edad, al igual que su obsesión por la mujer pelirroja. E Incluso en historias como ‘Edipo Rey’ de Sófocles o la tragedia de ‘Rostam y Sohrab’, las mujeres, apunta Pamuk, no son pasivas, no se limitan a llorar amargamente la muerte de sus esposos e hijos. De hecho, ambas tragedias –en la persa ‘Rostam y Sohrab’, que descubrió durante la escritura de ‘Me llamo rojo’ (Alfaguara, 2003), es el padre quien mata al hijo- atraviesan la novela para hablarnos de la culpa, tan relacionada al destino.

“Al público post-freudiano le entristece el final de Edipo porque está arrepentido y al compadecernos legitimamos la transgresión que cometió; de la misma forma, en mi país nos sentimos mal cuando Rostam mata a su hijo, porque legitimamos al Estado-padre que asesina a sus hijos para imponer su autoridad. Con esta novela quiero hacer pensar a la gente de mi parte del mundo por qué continúa votando a padres que aplastan a sus hijos”, concluye el escritor turco. De alguna forma, él también tiene el pelo teñido de rojo.

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