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Parasomnias, insomnio y creatividad: El arte de matarse lentamente

Foto: IMDB | IMDB

Quien haya sufrido alguna vez parálisis del sueño y las alucinaciones hipnagógicas que a menudo la acompañan entiende lo angustioso que puede resultar quedarse prisionero en un estado de tránsito entre el sueño y la vigilia, a merced de tus fantasmas.

 

En momentos de mucho estrés emocional sufro episodios de parálisis en los que las sensaciones son tan reales que no sé exactamente si estoy dormida o despierta, y son casi siempre las mismas: oigo pasos que se acercan por el pasillo, alguien enorme que se tumba sobre mí, me inmoviliza, luego me susurra al oído, y noto el cosquilleo de su respiración también. A veces despierto, abro los ojos y veo a mi perro durmiendo tranquilamente a los pies de mi cama y pienso: “Si hubiera entrado alguien, habría ladrado, ¿no?”. Mis amigos, que son muy fantasiosos, los llaman “visitantes de dormitorio”, “súcubos” e incluso vivos que realizan viajes astrales y por alguna razón se dedican a velar (o desvelar) el sueño ajeno. Me recomiendan que duerma con un vaso de agua y un folio en blanco, que imagine que estoy envuelta en una luz brillante. Nadie dice: “tómate una infusión antes de dormir o no te acuestes justo después de cenar”, lo que me hace replantearme la salud mental de mi círculo de amistades tanto como la mía. Muchos de amigos padecen desórdenes del sueño similares a los míos y los aprovechan para escribir. Pero, ¿realmente problemas como el insomnio o los terrores nocturnos pueden ser creativos? ¿Y el sonambulismo?

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La paradoja de Kafka. | Imagen vía Medium.

 

De acuerdo a una investigación que publicó hace algún tiempo The Lancet sobre la influencia del persistente insomnio de Kafka en su obra creativa, el autor de libros tan magistrales como ‘El castillo’ o ‘El proceso’ pudo encontrar la inspiración en ese extraño trance hipnótico y delirante que produce la privación del sueño, lo que se conoce como hipnagogia, un estado fronterizo que ocurre en las primeras fases del sueño REM, donde la mente produce hiperasociaciones de recuerdos y sensaciones llegando a experimentar alucinaciones visuales y auditivas. Visiones que Franz Kafka utilizó para enhebrar la aguja de sus fantasías en ‘La metamorfosis’, que de acuerdo al estudio de The Lancet es la metáfora de los efectos nocivos del sueño en el cuerpo (y de muchas otras cosas, a mi parecer). Visiones que Dalí aprendió a invocar para surfear las ondas beta camino del alfa con su famosa técnica de la cuchara y el plato. Y sin embargo, al menos Dalí supo disfrutar mejor de su descubrimiento, tal vez porque fue un turista ocasional del insomnio y no alguien que vive a perpetuidad en la mediana de un autopista que nunca conducirá al descanso.

Por eso admite Kafka en una de sus cartas: “Creo que este insomnio solo se debe a que escribo” o “Tal vez haya otras formas de escritura, pero solo conozco esta. En la noche, cuando el miedo me impide dormir”. ¿Existe algo que realmente predisponga a los artistas al insomnio? Hemingway lo padeció y también Maupassant, FitzGerald o Borges, que entabló un diálogo constante con el insomnio en muchos de sus relatos e incluso le dedicó poemas, al igual que Silvia Plath. Si bien es cierto que en algunos de los casos, tenían sobrados motivo de desvelo y no solo el literario.

Si no puedes pegar ojo, ciérralos de un puñetazo

De los métodos más creativos (y también desesperados) de los artistas para conciliar el sueño destacan los de Dickens, quien al sufrir un insomnio pasajero “atribuible a una impresión dolorosa”, empezó a dar paseos que prolongaba hasta el amanecer y convirtió en crónicas nocturnas. También dormía con el cabecero de la cama apuntando hacia el norte –si dormía en cama extraña se llevaba una brújula- y llegó a llenarse la cabeza de jabón porque creía que le relajaba.

Chuck Palahniuk inventó su propio truco bizarro de contar ovejas que inspiró, según cuenta a The Guardian, la novela ‘El Club de la lucha’: “No debería sorprender a nadie que gran parte de la historia de mi vida que más me reconforta implique un combate. Pelea y pierde. Gana el combate en tu imaginación y nunca conciliarás el sueño, porque los estudios revelan que después de perder un combate los niveles de testosterona de los boxeadores caen estrepitosamente. Su metabolismo se ralentiza para evitar que vuelvan al ring antes de haberse recuperado. Mis largas peleas imaginarias son mudas y brutales, y una vez las pierdo caigo dormido”.

Lucha, pierde y duerme. ‘El club de la lucha’. Vía GIPHY

A veces no hay forma de ganar el combate porque el adversario no es humano y el terror es tan grande que solo puedes relatarlo años después. Como le ocurrió al padre del horror cósmico H. P Lovecraft, muchos de cuyos personajes y temas literarios estuvieron inspirados por las pesadillas que le atormentaron en su infancia. Unas pesadillas especialmente vívidas en las que creía ser visitado por unas criaturas delgadas, negras y sin rostro a las que bautizó como ‘night-gaunts’ (bestiezuelas nocturnas), que acabaron convirtiéndose en una de las monstruosas razas de ‘Los mitos de Cthulhu’ y aparecieron también en el poema ‘Night-gaunts’ y en la nouvelle ‘La búsqueda onírica de la desconocida Kadath’. Así las describía H.P Lovecraft en una carta que escribió a un amigo: “Cuando tenía 6 o 7 años solía ser atormentado por un tipo peculiar de pesadilla en la que una monstruosa raza de entidades (las llamé ‘night-gaunts’, aunque no sé de dónde saqué el nombre) me secuestraba. Indudablemente, la apariencia de estas criaturas la obtuve de los borrosos recuerdos de los dibujos de Doré (sobre todo las ilustraciones del ‘Paraíso perdido’, de Milton), que me fascinaban”. De acuerdo a un artículo publicado en ‘Vintage news’, los investigadores creen que el autor del ‘Horror de Dunwich’ padecía una parálisis del sueño severa que habría sido la causa de esas pesadillas mórbidas y muy reales, y que también explicaría la sensación de inmovilidad que experimentó durante sus terrores nocturnos.

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Dibujo original realizado por Lovecraft de Cthulhu.

El genio sonámbulo

Otros artistas no padecen, como escribía Plath, “el desierto de su almohada”, sino que su mundo onírico se convierte en el mejor aliado de su creación. Y me remito al galés Lee Hadwin, conocido como el ‘artista del sueño’, que desde los 4 años pinta sonámbulo obras maravillosas que es incapaz de realizar cuando está despierto. “Soy un artista horrible cuando estoy consciente”, admitió a The Independent. Calificado por los médicos como un caso único, ya de niño se levantaba a media noche para garabatear en las paredes con sus crayones, y durante la adolescencia esos dibujos se volvieron mucho más precisos: “Dibujé un retrato de Marilyn Monroe y al mirarlo por la mañana pensé: ‘¡Guau!”, explicó al diario.

Parasomnias, insomnio y creatividad: El arte de matarse lentamente

Presence, 1990. Cedido por su autor Lee Hadwin.

 

También los hay que retransmiten sus propios sueños mientras duermen con total fidelidad y sentido, como quien lee un libro en voz alta. Así le ocurrió al compositor Dion McGregor, el somniloquo más famoso de todos los tiempos, cuyas historias nocturnas grababan sus amigos hasta convertirse en grandes éxitos que mantenían a todo el mundo despierto mientras él dormía. “¿Sabías que Edwina no lloró cuando el cocodrilo le arrancó la pierna? Estaba fascinada. Su madre se desmayó, su padre se desmayó. La mitad de los asistentes se desmayaron. Y Edwina se quedó mirando cómo le arrancaba la pierna. ¿Sabes algo? Dijo que siempre quiso ser Long John Silver”, relató una de tantas noches que quedaron registradas en la grabadora. El personaje de Edwina y también Lazy Susan protagonizaban a menudo los extraños sueños del compositor.

Hay quien piensa que el artista debe estar “roto” para crear una obra original, lo que me recuerda esa frase de Bukowski que todo el mundo comparte pero si se analiza fríamente parece el peor consejo que te pueden dar: “Querida, encuentra lo que amas y deja que te mate. Deja que consuma de ti tu todo. Deja que se adhiera a tu espalda y te agobie hasta la eventual nada”. La falta de sueño no es romántica ni agradable. Te arruina emocional y físicamente –el sistema inmunológico se debilita, aumenta el riesgo de padecer enfermedades cardíacas o contraer cáncer-; te vuelves una persona huraña, eternamente ojerosa y buena-para-nada. Seguir creyendo que para ser realmente creativo debemos estar mental y físicamente desechos es ignorar que quienes sufren parasomnias o disomnia (insomnio) viven un infierno. Me pregunto cuántos de esos grandes artistas no cambiarían un ápice de lo escrito por una hora de sueño reparador…

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