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Pepe Habichuela, el patriarca del nuevo flamenco: "Para aprendé, hay que escuchá"

Foto: Anna Carolina Maier | The Objective

“Voy a dar el pistoletazo”, asegura Pepe Habichuela, casi como si fuese algo nuevo cuando, en realidad, lo ha hecho desde siempre. Fue el único Habichuela que “se echó para adelante” en eso de pasar a primer plano y convertirse en guitarrista solista. Llegó lejos. Su carrera ha dejado discos clásicos como A Mandeli (1983), Yerbagüena (2001) o Despegando (1977), grabado junto a Enrique Morente, otra leyenda de este arte.

En esta ocasión, José Antonio Carmona, conocido como Pepe Habichuela, fue el encargado de abrir el II Festival Flamenco de Club en el Café Berlín en Madrid que se celebrará entre el 2 y el 30 de noviembre. El cartel es espectacular. Además de la actuación de Habichuela, junto al cantaor David de Jácoba –que ya es bastante decir–, estarán artistas de la talla de Dorantes, Duquende, Esperanza Fernández y Jorge Pardo, entre otros. También habrá baile a manos de Belén López, Gema Moneo y Antonio Canales. En el Día del Flamenco, recordamos la conversación que The Objective tuvo con este grande del flamenco.

Pepe nació en Granada y pertenece a la dinastía de Los Habichuela. Se toma un vino e invita a la conversación. Transmite alegría y ligereza a pesar de poseer un profundo conocimiento de la tradición. Su espíritu es innovador. Quizá por eso parece mucho más joven de lo que es pero también es consciente de la experiencia y de la edad, por eso repite: “Para aprendé, hay que escuchá”. Y es que apetece escucharlo, no solo cuando coge la guitarra, sino escucharlo hablar.

Si se le pregunta ‘¿Qué es para usted el flamenco?’, responde sin pensarlo: “El flamenco es mi vida”. Prefiere sentarse en un espacio tranquilo para hablar, no solo del festival, sino del flamenco, es decir, de su vida.

Usted ha sido calificado como el ‘pionero del nuevo flamenco’. ¿Qué significa eso? ¿Qué es el ‘nuevo flamenco’?

En los 80 hice mi primer disco (A Mandeli) con Nuevos Medios, el sello de Mario Pacheco. Yo le sugerí a él, director de esa casa de discos, que le hiciera uno a Ketama.

Mandeli era su abuelo por parte de madre, y el grupo Ketama terminó estando compuesto por Josemi o José Miguel Carmona Niño (su hijo), Juan José Carmona y Antonio Carmona Amaya (sobrinos). Hasta su disolución en 2004, Ketama fue uno de los grupos más destacados del denominado ‘nuevo flamenco’.

A partir de ahí los jóvenes dicen que los amparo un poco. Y lo siento de verdad, lo siento así. Porque son chavales buenos, que tienen mucha proyección y me tienen mucho respeto. También les doy un poco de vida. Me llaman muchos jóvenes. Por ejemplo, el otro día me llamó Rosalía. Quiere que grabe con ella.

¿Y qué le dijo?

Que lo voy a pensar. Para este invierno, seguramente, haremos algo.

¿La ha escuchado?

Sí. Ha estado en mi casa un par de veces.

¿Ella es también ese ‘nuevo flamenco’?

Sí… Tiene una voz muy bonita, tiene una buena planta, es guapa y habla muy bien. Ha pegado un ‘zambombazo’ en el mundo. A mi me da alegría que una chavala con 25 años llame a un tío que tiene 74 año para trabajar.

Usted una vez contó que, cuando niño, fue a la escuela solamente durante ‘siete minutos’. Ha dicho que para usted la escuela era la calle. ¿Cómo es, entonces, haberse formado en la escuela del flamenco o de la calle?

Estuve solo siete minutos en la escuela y después me metí en el Sacromonte. Yo sentía eso (la música)… En mi familia son todos flamencos. Mi padre y mi abuelo tocaban la guitarra, así como los hermanos, los sobrinos y los nietos. Allí todo es música.

Concluye en presente. Habla de su casa en este tiempo verbal, quizá, porque como diría Gastón Bachelard: “(…) la casa alberga el ensueño, nos permite soñar en paz (…) las moradas del pasado son en nosotros imperecederas”. Porque a pesar de que, según cuenta, los tiempos de su infancia fueron difíciles, los recuerda con una sonrisa.

¿Cuántas horas al día estudiaba la guitarra de pequeño?

Muy poco, la verdad, porque eran unos tiempos muy malos. Pero yo, nada más con sonar mi guitarra y escucharme, me sentía más crecido. Y le dije a mi padre, ‘papa’, cómprame una guitarra que me voy al Sacromonte.

¿De dónde viene el apodo de Habichuela? Entiendo que hay dos versiones, y aunque las he leído, quiero que me lo cuente usted para así poder yo decirle alguna vez a mis hijos que Pepe Habichuela fue quien me dijo de dónde venía su nombre.

Olé… Hay varias versiones de eso. Había un guitarrista en el siglo pasado que se llamaba Juan Gandulla Habichuela (nació en 1871 en Cádiz). Unos amigos de Granada me dijeron que… y yo no me fío más de mis amigos que de mi madre, pero ellos me dijeron que a mi padre le gustaba mucho Juan Gandulla Habichuela y que se puso el apodo de Habichuela.

¿Y cuál es la versión de su madre?

Mi madre me dio otra versión. Ella me dijo: ‘Tu padre iba siempre muy bien arreglado. Era muy pequeñito y de vez en cuando en la semana me pedía: hazme un potaje de habichuelas’. Nosotros estábamos de habichuelas hasta aquí (y se pone la mano sobre la frente y se ríe). De ahí viene el nombre.

Era barato también, ¿no?

Hombre…en esos tiempos… y proteína pura.

¿Cómo se siente ser considerado el patriarca de la saga de los Habichuelas?

Bueno, la gente joven me tiene mucho respeto y soy feliz con que me respeten y me quieran. Los he ayudado mucho como a los de Ketama, que cuando no tenían nada los llevaba conmigo. Quería meterlos en el saco del flamenco y por ello dicen que apuesto por la juventud. A mi no me gusta mucho ser el patriarca, pero ya soy el patriarca porque soy el mayor de todos. No me gusta mucho eso, pero me han llamado así y digo: pues vale, ya está. Busco ser el ejemplo de los jóvenes.

Pepe Habichuela, el patriarca del nuevo flamenco:

Foto:Anna Carolina Maier | The Objective

Se repite mucho que el flamenco es una forma de vida ¿Cómo describiría Pepe Habichuela esa forma de vida?

La forma de vida de los flamencos es muy distinta a la de los demás. Es una forma errante, siempre. Lo mismo toco aquí en el (Casa) Patas en Madrid que en el Palau de Barcelona, o en el Carnegie Hall de Nueva York.

Entonces a los 74 años ¿todavía se siente un poco inseguro o errante?

Hoy en día me siento ya con el culo en la silla. Son ya muchos años. No es lo mismo que cuando uno tiene 50. Todavía me siguen escuchando los jóvenes y los mayores y eso es una grandeza. Eso me da vida y no me quiero morir.

¿Sigue estudiando?

Claro. Siempre. Ahora tengo un concierto en el Museo Reina Sofía, y el 27 voy a Málaga y tengo que tocar. Te llaman y tienes contratos, y a la fuerza tienes que estudiar.

¿Qué le recomendaría a la nueva generación del flamenco?

Hay mucha gente joven y muy buena. Pero les sugiero que escuchen la música de los años 50 y 60 que es de donde he mamado también yo, escuchando a gente grande como (Antonio) Chacón, (Carlos) Montoya o la Niña de los Peines. Les recomiendo que escuchen porque para aprendé hay que escuchá. Para aprendé, hay que escuchá.

Su espectáculo para este festival en el Café Berlín se llama ‘Suena Granada’. ¿Cómo suena Granada?

Distinta a todas las capitales de Andalucía. En el Sacromonte había unos chorros de música increíbles entre los 50 y 60. La guitarra de Granada suena distinta a la de Jerez, más bien o más mal, pero distinta.

Lorca decía que ‘los suspiros de Sevilla reman en Granada’… Algo de eso hay, ¿no?

¿Eso lo decía Lorca? Olé, qué bonito…

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