Pichichi: el recuerdo imborrable del fútbol español
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Pichichi: el recuerdo imborrable del fútbol español

En los últimos años del siglo XXI han pasado por España jugadores que han escrito páginas enteras en la historia del fútbol mundial, como Iniesta, Fernando Torres o David Villa. Pero, si hay un nombre que ha quedado para la posteridad en la historia del fútbol español es el de Rafael Moreno Aranzadi. Leído así, quizá no le suene a nadie, ni si quiera a los aficionados más futboleros que no se pierden un partido los domingos. Sin embargo, sí sabrán qué significa y quién es el ‘pichichi’ de la Liga Santander esta temporada. Los 20 goles de Leo Messi, que lo sitúan en la cabeza de los máximos goleadores del presente campeonato, no pasan desapercibidos. Pero no venimos ahora a descubrir la capacidad goleadora del astro argentino, ni su forma de jugar, que ya ha dejado huella en el recuerdo de muchos jóvenes que han nacido con una profunda afición al fútbol. Hace exactamente 95 años, en Bilbao, cuando el fútbol en España andaba en pañales, había otro ídolo que tenía a todo un país y a una ciudad entusiasmada con sus driblings, remates de cabeza y sus disparos potentes de larga distancia.

por Juanma Rodríguez

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En los últimos años del siglo XXI han pasado por España jugadores que han escrito páginas enteras en la historia del fútbol mundial, como Iniesta, Fernando Torres o David Villa. Pero, si hay un nombre que ha quedado para la posteridad en la historia del fútbol español es el de Rafael Moreno Aranzadi. Leído así, quizá no le suene a nadie, ni si quiera a los aficionados más futboleros que no se pierden un partido los domingos. Sin embargo, sí sabrán qué significa y quién es el pichichi de la Liga Santander esta temporada. Los 20 goles de Leo Messi, que lo sitúan en la cabeza de los máximos goleadores del presente campeonato, no pasan desapercibidos. Pero no venimos ahora a descubrir la capacidad goleadora del astro argentino, ni su forma de jugar, que ya ha dejado huella en el recuerdo de muchos jóvenes que han nacido con una profunda afición al fútbol. Hace exactamente 95 años, en Bilbao, cuando el fútbol en España andaba en pañales, había otro ídolo que tenía a todo un país y a una ciudad entusiasmada con sus driblings, remates de cabeza y sus disparos potentes de larga distancia.

Rafael Moreno Aranzadi, más conocido como Pitxitxi, jugador que da nombre al premio que reparte desde 1953 el periódico deportivo Marca al máximo goleador de la Liga en una temporada, fue un jugador diferente. Nació en el Casco Viejo de Bilbao, al igual que su tío, el gran escritor Miguel de Unamuno, un 23 de mayo de 1892. Era un chico inquieto, bajito y delgado. Quienes lo vieron jugar y lo conocieron -pocos quedan ya con vida- aseguran que era un tipo jovial, divertido y rebelde, como todos los grandes futbolistas. Un deportista de otra época, que creció como persona y como profesional a la par que el fútbol se arraigaba en España. Para adentrarnos en la leyenda de este jugador hay que hacer un ejercicio de memoria e imaginación para ver los orígenes del fútbol español, cuando sólo se entrenaba dos veces a la semana y la mayoría de ejercicios eran carreras continuas, saltos a la comba y, literalmente, aprender a jugar a este nuevo deporte, que ya venían practicando bastante bien los ingleses. Hay que recordar esos pesados balones de cuero, que rematarlos con la testa cuando se mojaban era un acto de valentía, por lo que no era de extrañar que Pitxitxi jugase con un pañuelo blanco en la cabeza, para no tener ‘miedo a la pelota’. Hay que volver a pensar en los campos sin drenaje, embarrados, más parecidos a campos de batalla que de fútbol, así como el calzado de los jugadores: botas de cuero altas para pisar el lodo con estabilidad y no machacarse los tobillos. Todo era nuevo, hasta las camisetas del equipo tuvieron que llegar desde Inglaterra, ya que por no haber, no había ni estadios de fútbol.

Nuevo Estadio de San Mamés. (foto: Felix Ausin Ordoñez|Reuters)

Nuevo Estadio de San Mamés. (foto: Felix Ausin Ordoñez|Reuters)

 

Cuenta Alberto López Echevarrieta, biógrafo de Pitxitxi (o Pichichi), que el mítico delantero rojiblanco comenzó de la nada, jugando en la Campa de los Ingleses, un lugar alejado de la ciudad bilbaína donde llegar resultaba ser una odisea propia de un héroe romano. Allí se enfrentaba a la Universidad de Deusto escapándose del Colegio de Escolapios para poder jugar contra ellos. No tardó en llamar la atención de los ojeadores del Athletic Club que lo ficharon para el segundo equipo y, posteriormente, para la primera plantilla. Corría el año 1911 y Pitxitxi, el mote que le pusieron con 11 años los compañeros mayores que él con los que jugaba, empezaba ya a mostrar sus virtudes en el terreno de juego. Dos años después, el 21 de agosto de 1913, anotaría un gol que quedó grabado en la historia de uno de los clubes más emblemáticos del fútbol español; el primer gol que se ha cantado en La Catedral del fútbol, el estadio de San Mamés, feudo del Athletic Club de Bilbao. Fue contra el campeón de la Copa de España de la época, el Racing de Irún, en un torneo triangular que disputaban estos dos equipos junto con el Shepherd’s Bush F. B. C. de Londres. Sin embargo, un error de un cronista deportivo de la época estuvo apunto de quitarle este honor al delantero bilbaíno al anotarle el gol a Seve Zuazo, el jugador que puso a rodar el primer balón que botó en la hierba de San Mamés. Este primer tanto auguró una carrera que se caracterizaría por su facilidad para ver puerta, su nervio innato para buscar portería y meter el balón en la red. 68 goles en 72 partidos en el campeonato vizcaíno, ya que la Liga española aún no existía. Sus goles permitieron que el Athletic alzase cinco veces la copa del Campeonato Regional de Vizcaya, entre 1914 y 1921, así como cuatro Copas del Rey entre esos años, anotando en dicha competición otro buen saco de goles. Con la selección española, también tuvo éxito, siendo el mejor jugador del equipo y de las Olimpiadas del año 1920 de Amberes, donde el conjunto nacional consiguió la medalla de plata.

El 21 de agosto de 1913, Pitxitxi anotaría un gol que quedó grabado en la historia de uno de los clubes más emblemáticos del fútbol español, el primer gol que se ha cantado en La Catedral

Un año después de colgar las botas para coger el silbato de árbitro en 1921, Bilbao, España y todos los aficionados a este nuevo deporte sufrieron una conmoción, un luto que ha acompañado a la historia del fútbol español hasta sus últimos días. El 1 de marzo de 1922, a la corta edad de 29 años, Pichichi falleció, causando un estupor en la ciudad y un misterio que envolvería su muerte durante muchos años. Finalmente, se pudo saber que la causa de su fallecimiento fue una fiebre tifoidea causada por la ingesta de unas ostras en mal estado en febrero de ese mismo año. Desde entonces, a partir de 1926, el club le ha brindado un honor histórico. Al morir tan joven, hubo un movimiento en la ciudad para que su nombre no cayera en el olvido, recogiendo propuestas y realizando colectas económicas para colocar un busto suyo en el estadio. Ese busto sigue decorando las gradas de San Mamés, y sigue manteniéndose la tradición de que cada vez que un equipo visita por primera vez el estadio que vibró, cantó y disfrutó con los goles de Pichichi, se le brinda un homenaje, en el que el capitán visitante le lleva un ramo de flores justo antes de comenzar el partido.

Selección española de las Olimpiadas de Amberes de 1920, Pichichi en el centro con un pañuelo blanco. (Foto: desconocido|wikimedia)

Selección española de las Olimpiadas de Amberes de 1920, Pichichi en el centro con un pañuelo blanco. (Foto: desconocido|wikimedia)

 

Rafael Moreno Aranzadi, o Pitxitxi para los puristas de este deporte de amor y odio, es el reflejo de otra época. De un fútbol virgen, más real y vulnerable, cuando las estrellas de este deporte corrían los mismos riesgos que cualquier ciudadano bilbaíno, porque los ‘petrodólares’ y el fútbol de chequera ni se conocía. Las estrellas no eran más que jóvenes ilusionados por jugar a un deporte que, con el paso de los años y el desarrollo de la globalización, calaría muy profundamente en todo el mundo. Aquellos jugadores perseguían sueños, no vivían en ellos. Aquellos deportistas, leyendas vulnerables como Pitxitxi, podían dejar este mundo por irse a comer ostras en mal estado. Eran seres humanos y futbolistas; quizá los de ahora se han olvidado de la primera parte.