Cultura

Henar Álvarez, la cómica «bocachancla» que ha revolucionado la radio y las redes sociales

Segunda entrega de la serie 'Podcast, mujeres y humor'

por Fátima Elidrissi

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Guionista de formación y humorista «kamikaze» de profesión, Henar Álvarez ha demostrado desde su sección en el programa Buenismo bien que puede hacer comedia perreando con Pablo Iglesias, hablando de La isla de las tentaciones o denunciando el calvario que está sufriendo Britney Spears, todo esto mientras enseña a sus oyentes y espectadores de redes sociales qué hacer con un fotopene o cómo comer un… pomelo. Después de publicar su primer cómic, La mala leche, que pronto se convertirá en una serie de ficción, hablamos con la humorista de cómo descubrió su vocación, por qué huye de las etiquetas y cómo se ha convertido en un referente «haciendo el cafre».

 

Buenismo Bien debutó en Cadena Ser en el verano de 2018 y desde entonces la guionista y cómica Henar Álvarez (Madrid, 1984) no ha dejado de conquistar nuevos espacios. En las redes sociales, donde su sección radiofónica se viraliza habitualmente, ya sea porque ha perreado con Pablo Iglesias, ha denunciado el machismo de los medios al hablar de la novia de Enrique Ponce o se ha inventado términos tan necesarios como la chichicobra, el polvo Gollum o el bitch silence. En la televisión, con sus exitosos monólogos en Late Motiv o Las que faltaban, ambos programas de Movistar+. O en el mundo editorial con su cómic La mala leche (Planeta), que pronto se convertirá en una serie de ficción. 

«Yo lo vivo muy normal porque mi nivel adquisitivo y de vida es el mismo, tampoco me paran por la calle y, de momento, no me han llamado para presentar ningún programa», cuenta Álvarez divertida. «Siento que hay mucha gente a la que le gusta lo que hago y eso me encanta. Pero yo no pienso que pueda ser un modelo para nada porque soy un desastre. Simplemente quiero hacer mi comedia, hablar de mis cosas, y que la gente se ría y, si pueden reflexionar sobre algo y hacer el mundo mejor, mira qué bien», añade. 

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Imagen vía Editorial Planeta.

Aunque huya de ponerse etiquetas, lo cierto es que su irreverente estilo y su extraordinaria capacidad para hacer comedia con absolutamente todo le han permitido hablar en su Nanismo Nani de su pasión por el twerking, el reguetón o La isla de las tentaciones, denunciar el invisibivilizado maltrato conocido como luz de gas o el calvario que está sufriendo Britney Spears, describir el confinamiento usando cuadros o enseñar a sus oyentes a comerse un pomelo. «Quien dice pomelo dice chichi», aclaró en el programa arrancando las carcajadas del público.

«Yo creo que existe el humor en general y en los últimos años solo se ponen etiquetas al humor que hacen las mujeres. Eso no me gusta porque nos convierte en una subcategoría. No veo que a los compañeros se les digan tú haces humor social o político o machirulo. Ni les hacen este tipo de preguntas, que pueden limitarnos a nosotras porque nos ponen en un sitio que puede hacer que haya gente que no quiera ver lo que hacemos. Entonces, ¿por qué tengo que tener yo la etiqueta de humor feminista? Yo hago humor y punto», afirma Álvarez. «Luego, evidentemente, soy una mujer de 36 años con un niño que vive en el centro de una gran ciudad en el siglo XXI y hablo desde mi punto de vista. Pues cómo no voy a ser feminista. Pero eso no significa que no se hable de muchas otras cosas o de que al final lo que estemos haciendo sea entretenimiento», añade.

Licenciada en Comunicación Audiovisual y formada principalmente como guionista, Álvarez reconoce que no se planteó dedicarse a la comedia hasta que no se lo propusieron directamente. Pensaba, quizá por falta de referentes, que aquello no era lo suyo. «Cuando Penny Jay organiza la Riot Comedy, un espectáculo de stand up donde solo suben al escenario mujeres, me propone prepararme algo. Y dije, ¿pues por qué no? Lo curioso es que, a pesar de dedicarme a esto, haciendo chistes y contenido para otros en programas de entretenimiento, en mi cabeza yo pensaba que no me gustaba la comedia. Y ahora me doy cuenta de que lo que no me gustaba era el contenido», señala. 

«El stand up me parecía un coñazo y, realmente, lo que me parecía un coñazo eran esos señores contándome siempre las mismas historias de sus ex novias. Pero con la Riot empecé a ver espectáculos de stand up de mujeres y pensé, esto sí que mola. Me pasa lo mismo con los podcast, que no los escuchaba porque no me hacían gracia y ahora, de repente, escucho Estirando el chicle o Puedo hablar porque hablan de cosas que a mí me interesan, desde una perspectiva parecida a la mía y contando experiencias que yo también he tenido», añade.

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Cedida por Henar Álvarez.

«A las mujeres se nos dan oportunidades cuando venimos exitosas de casa»

Sin ánimo de ser tildada o juzgada como activista, Álvarez defiende poder hacer humor desde su experiencia. «A mí me interesaba tener un micrófono para contar desde un punto de vista cómico algunas de las situaciones por las que yo he pasado por mi vida. Pero yo hablo de mil cosas, desde el fetichismo de pies a cómo contestar a fotopenes. A lo mejor antes la gente no hablaba de esto en los medios de comunicación porque las mujeres no tenían espacio para hablar de esto en los medios de comunicación», cuenta. Y reconoce que, cuando se trata de dar oportunidades en el mundo de la comedia, ellos lo suelen tener más fácil que ellas.

«Yo cuando estoy en un programa lo que veo es que, muy rápidamente, si a alguien le gusta un chico se confía en él y en nosotras no: antes tenemos que tener un montón de seguidores en redes sociales, varios vídeos virales y un podcast de éxito. A las mujeres nos dan oportunidades cuando venimos exitosas de casa», asegura Álvarez, que supera los 72.000 seguidores en Twitter y los 40.000 en Instagram. Y en este sentido, cree que su programa en Cadena Ser marcó el despegue de su carrera.

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Foto: Carola Melguizo.

«Si a mí no me hubieran llamado para Buenismo bien probablemente no estaríamos teniendo esta conversación. Porque en una televisión hubiera sido muy complicado que me hubieran dado un lugar protagonista como el que tengo en este programa y eso ha sido gracias a mis compañeros, Manuel Burque y Quique Peinado», explica la cómica. «Son los hombres los que están en los puestos de poder y es a ellos a quienes les ofrecen programas y tienen el prestigio. Nosotras podemos hacer cosas, sin duda, pero si ellos nos ayudan, si ellos nos abren la puerta será más rápido, eso lo tengo clarísimo», añade.

El propio programa ha cambiado radicalmente desde sus comienzos y Álvarez ha ido cobrando un mayor protagonismo en respuesta al clamor popular. Pero quizá lo más novedoso, si comparamos con otros programas de la radio o la televisión, es que ella es siempre la más descarada, insolente y procaz del trío, mientras que ellos responden, entre avergonzados y pasmados, a sus ocurrencias. «Me da mucho orgullo los personajes que hemos creado y cómo hemos tirado estereotipos en ese sentido, demostrando que funciona y que al público le gusta. Porque a mí me han dicho muchas veces que hay cosas que en una chica no quedaban bien o que no podía hacer. Y nosotras también podemos hacer el cafre», defiende Henar, que se autodefine como una «bocachancla». 

La propia estructura del programa ha terminado estando al servicio de su Nanismo Nani. Porque primero, Burque, Peinado y ocasionalmente Álvarez inician el programa. A continuación, ellos entrevistan al invitado de turno. Y para terminar, ella pone el broche final con su sección. Todo esto sin olvidar a Gema J. Maldonado, productora y responsable de las redes sociales del programa que recientemente ha comenzado a presentar su propia sección. 

«En nuestro programa el chimpún final lo hago yo y con ese matiz de que muchas veces se llevan las manos a la cabeza con lo que yo digo, siempre desde la comedia. Luego es verdad que me dicen que me quede a las entrevistas, y me he quedado alguna vez cuando ha venido gente que me hacía ilusión como Jorge Javier Vázquez o Mónica Naranjo, pero yo prefiero no estar porque así me preparo mi sección», ríe Álvarez.

Un programa de radio consumido en diferido y viralizado en las redes sociales

Emitido durante la madrugada de los viernes de 4.00 a 4.30 horas, Buenismo bien empezó su andadura en el streaming y la app de Cadena Ser, apostando fuerte por las redes sociales. De ahí que su consumo en diferido y su actividad en Youtube, donde cuelgan pildoritas y los programas completos, hayan impulsado su popularidad. En este sentido, y hablando del crecimiento del formato podcast y la proliferación de programas de humor presentados por mujeres, Álvarez se muestra tan esperanzada como desilusionada con el fenómeno, pues ve en la posibilidad de autoproducirse una muestra más de las dificultades que tienen muchas mujeres para acceder a los circuitos más mainstream. 

«El podcast está pudiendo ser una plataforma para cómicas y cómicos, pero no sé si es tanto el podcast como la vida tecnológica que nos rodea. Es decir, si tú no tienes una oportunidad te la puedes dar tú misma, lo cual está muy bien, pero también me da mucha rabia porque demuestra que lo único que muchas cómicas pueden hacer es tirar para adelante y montárselo ellas mismas», explica Álvarez. «Creo que con la pandemia ha habido un retroceso bastante grande de cómicas en televisión. Hubo un momento en 2019 en el que se creó mucha conciencia, todo el mundo estaba a favor de obra, se buscaron nuevos perfiles y se hicieron nuevos programas. Pero todo eso se quedó en que ya habían cumplido y ahora vuelve a no haber mujeres o hay muy pocas», añade. 

En su caso, describe el esfuerzo para llegar hasta aquí del siguiente modo. «Yo trabajaba en la redacción de Hoy por hoy mis ocho horas, levantándome a las 5 de la mañana y, al mismo tiempo, arrancamos Buenismo bien, era guionista de Las chicas y dirigía y copresentaba con Leticia Dolera y Pilar de Francisco Tramas maestras, todo en la Ser. No tenía ningún tipo de vida personal: lo único que hacía era escribir y trabajar», cuenta sobre un periodo de tiempo en el que, además, acababa de ser madre. «Yo tuve mucho miedo cuando me quedé embarazada de que ser madre frenase mi carrera y me obsesioné mucho durante la baja de maternidad. A lo mejor fue el último empujón que necesitaba porque todo esto lo hice cuando mi hijo tenía un año y medio. Ahora tiene cuatro años y si ser madre no ha frenado mi carrera profesional es porque mi pareja se encarga de la crianza. Él es quien le cambió los pañales y yo soy la que juega con él, así que aquí los roles están completamente invertidos», cuenta. 

Para terminar, y en estos tiempos en los que a menudo se abusa de la llamada cultura de la cancelación, Álvarez sentencia: «Si haces un chiste y te dicen que no gusta porque es machista, homófobo o racista, lo único que la gente está haciendo es ejercer su libertad de expresión. Yo veo que la gente que se queja de la cultura cancelación son tertulianos que colaboran en cuatro programas de televisión, sacan un libro al año y tienen una columna de opinión en los periódicos. Entonces cuál es la cancelación, ¿que un día has sido trending topic? Yo creo que eso es bueno y un síntoma de que la sociedad avanza a mejor».

Fátima Elidrissi

Periodista freelance. Colabora con El Mundo y The Objective. Sus pasiones son la televisión, el cine, la literatura y el teatro.