Polémica con las ayudas de Cáritas: ¿cómo funcionan realmente sus vales para alimentación?
Foto: Eduardo Soares| Unsplash

Sociedad

Polémica con las ayudas de Cáritas: ¿cómo funcionan realmente sus vales para alimentación?

Batidos de chocolate, comida para los gatos, yogures de sabores... Las restricciones de los vales de ayuda de Cáritas desatan la polémica en las redes sociales

por María Hernández Solana

Hace unos meses, Cáritas anunció un nuevo modelo de entrega de alimentos a aquellas personas y familias que lo necesitaran. La ayuda consistía en una tarjeta prepago con la que se puede acceder a productos frescos y otros que no suelen estar disponibles en la entrega directa que hacen los voluntarios de la organización. Uno de los objetivos de esta ayuda, según la organización, es «dignificar el acceso a la alimentación de familias con escasos recursos y que actualmente están recibiendo alimentos en especie».

En los últimos días, estas tarjetas han sido objeto de críticas por parte de algunos receptores de la ayuda y trabajadores de establecimientos de alimentación, que critican que se limita en exceso los productos que se pueden comprar con estos vales. Una vecina de Asturias, que recibe esta ayuda y que ha preferido mantener su identidad en el anonimato, asegura que se le dejó de dar la ayuda por comprar unos yogures de chocolate para su hija.

En qué consisten estas tarjetas

A esta ayuda pueden acceder familias con menores a cargo, que no tengan ingresos o sean insuficientes y que estén dispuestas a llevar un acompañamiento personalizado, explica Cáritas. Además, pueden solicitarla personas solas que cumplan los mismos requisitos y con las que se valore que «el acceso a este recurso podría ser un estímulo para superar su situación».

La cantidad de dinero de cada vale se fija según la familia y la situación económica por la que esté atravesando. Esta vecina de Asturias, por ejemplo, recibía un vale mensual que variaba entre los 20 y los 40 euros.

Tras justificar su situación económica, esta mujer, que vive con su hija pequeña, recibió la ayuda durante un año. «He estado trabajando esporádicamente, cobrando entre 150 y 200 euros mensuales por ofrecer cuidados a personas dependientes», nos explica.

«Un uso indebido de la ayuda»

«La primera vez que me llamaron la atención fue por comprar una pizza de marca blanca y productos de bollería para el desayuno», nos cuenta. «Tengo una hija pequeña y ni magdalenas se me permitía comprar». «No tenía dinero para pagarlos de mi bolsillo», justifica al explicar por qué compró esos productos con el vale. «No pensé que por un euro y poco fuese a tomarse la decisión de retirarme la ayuda».

«Yo he vivido lo mismo con los vales de Cáritas en Mercadona, tener la compra sobre la cinta y mientras una cajera pasaba los productos otra revisaba qué me podía llevar y qué no. Y por ejemplo, la comida para los gatos me la retiraron», comentaba a raíz de este caso otro usuario en Twitter. «Entre los productos que no podía comprar había aceite de oliva, pescado fresco o ternera si no era para hacer cocido», añade en un hilo en el que detalla los productos a los que no podía acceder. «Y por supuesto tuve que justificar que soy intolerante a la lactosa y operado de cirugía bariátrica para poder comprar leche desnatada sin lactosa».

Los tickets de compra son revisados por la organización y, en caso de no cumplir con las normas, la ayuda puede ser retirada de manera definitiva por un «uso indebido» de la misma.

La polémica está servida: ¿qué es una necesidad básica?

La polémica, como era de esperar, tardó bien poco en llegar a las redes sociales. Al tuit de la mujer que denunció la retirada de su vale por comprar unos yogures se sumaron muchos otros de afectados y conocedores de la situación que corroboraban que esto no era una situación aislada. Pero también muchos otros de usuarios que consideran justa la retirada de los vales por su «uso indebido», el motivo que le dieron a quien hizo finalmente viral este tema, porque hay productos que no son de primera necesidad y no deberían tener que comprarse con el dinero que otros donan.

Y de aquí surge la pregunta del millón: ¿qué es una necesidad básica? Cáritas excluye de la lista de productos que se pueden comprar con sus tarjetas algunos como el alcohol, que puede parecer lógico, pero también, según sus usuarios, cualquier yogur que tenga algún sabor, batidos, aceitunas, aceite de oliva, algunos embutidos…

«Yo he trabajado como cajera y había quien venía con vales de Cáritas. Había reglas absolutamente criminales sobre qué se podía y no comprar. Las cajeras éramos las encargadas de ‘fiscalizar’, de forma humillante, la compra de las usuarias», explica Aitana, una usuaria que compartió su experiencia a raíz de esta polémica. «¿Qué es una necesidad básica? Un día una familia con cuatro niños me trajo a la caja un paquete de seis batidos de chocolate. De marca blanca. De estos individuales. Pasé los batidos. Claro que sí. Es que ni siquiera me planteé que alguien pudiese pensar que fuese incorrecto. Después de que se fuese la familia, una compañera se acercó para recriminarme que les hubiese ‘permitido’ comprar batidos de chocolate infantiles. Porque eso no es un producto de primera necesidad y ‘si tanto necesitan el vale, que lo utilicen para lo importante’», narra.

Entre las respuestas hay mensajes de apoyo y desconcierto por la situación, pero también más de uno que apoya la prohibición: «Es que tiene razón tu compañera. Un vale de Cáritas es para comer no para pagar vicios, mil veces los que trabajamos no compramos batidos de chocolate porque pagas un dineral por cuatro bebidas basura llenas de azúcar», dice un usuario.

Sobre el objetivo de estos vales, en su página web Cáritas asegura que «las tarjetas ofrecen diversos elementos de valor añadido para poder acompañar a las personas ya que fomentan la autonomía, la autogestión, el respeto a las costumbres, la dignificación».

Sobre su aplicación en la realidad, no hay comentarios. Cáritas no ha querido responder a las preguntas de este periódico sobre esta polémica pues, argumentan, se trata de opiniones particulares.

María Hernández Solana

De Murcia y madrileña de adopción. Escribo a menudo sobre derechos humanos e inmigración. También estudié Publicidad, pero lo mío es el periodismo. Y los viajes.