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¿Por qué tiene Júpiter franjas de colores?

Foto: ESA / NASA | AP

Una bandera circular. Es lo que parece a simple vista Júpiter, con sus franjas de distintos colores dando forma al planeta. El misterio de este fenómeno ha fascinado a astrónomos y curiosos durante generaciones y, ahora, un estudio científico ha ayudado a despejar el misterio que encierra el planeta más grande del sistema solar. Se trata de un trabajo publicado en la revista Astrophysical Journal y realizado por científicos de la Universidad Nacional Australiana y del Laboratorio Nacional Lawrence Livermore, en Estados Unidos.

Lo primero que hay que entender es que Júpiter, que tiene una masa unas 318 veces superior a la de la Tierra, no tiene superficie sólida. Al contrario de lo que ocurre con planetas como la Tierra y Marte, Júpiter está compuesto únicamente de gases, especialmente hidrógeno y helio. Esa es la primera pieza del puzzle. Y la superficie gaseosa de Júpiter está recorrida por una serie de corrientes en chorro que transportan estos gases de oeste a este. Lo que propone la teoría publicada en Astrophysical Journey es que estas corrientes transportan, en la parte más exterior, materiales como amoniaco y otros componentes y que esto hace que el planeta presente franjas blancas, amarillas, naranjas, rojas y marrones.

Las corrientes en chorro no son un gran enigma para los científicos: existen en otros muchos planetas y la propia Tierra las tiene, pero, a pesar de que los investigadores las conocen con bastante precisión, hay incógnitas que rodean a este fenómeno aún por entender. “Sabemos mucho sobre las corrientes en chorro de la atmósfera de la Tierra y el papel clave que desempeñan en la meteorología y el clima, pero todavía tenemos mucho que aprender sobre la atmósfera de Júpiter”, ha reconocido en un comunicado de la Universidad Nacional Australiana Navid Constantinou, coautor del estudio y miembro de la Facultad de Investigación de Ciencias de la Tierra.

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Render de Júpiter en el que se aprecian sus franjas de colores. | Foto: NASA vía AP

“Los científicos han debatido durante mucho tiempo sobre hasta qué profundidad llegan las corrientes en chorro debajo de las superficies de Júpiter y otros gigantes gaseosos”, ha añadido. Ahora se sabe que estas corrientes pueden adentrarse hasta aproximadamente 3.000 kilómetros de profundidad dentro de Júpiter. La cifra es uno de los hallazgos de la sonda Juno, que, entre otros hitos, ha logrado hacer la primera fotografía de Júpiter desde la órbita, ha captado imágenes reveladoras de sus auroras boreales y ha recogido datos que han permitido a los científicos de la NASA sugerir que tal vez exista un océano bajo la superficie helada de Europa -uno de los satélites de Júpiter-. Pero ¿por qué estas corrientes llegan hasta los 3.000 kilómetros y se detienen ahí? Los realizadores del estudio apuntan a los campos magnéticos del planeta como causa: cuando los campos magnéticos son muy fuertes, pueden llegar a frenar las corrientes. “El gas en el interior de Júpiter está magnetizado, así que creemos que nuestra nueva teoría explica por qué las corrientes en chorro llegan tan profundo pero no más allá”, ha dicho el otro coautor del estudio, Jeffrey Parker, investigador del Laboratorio Nacional Lawrence Livermore.

Estas corrientes son decisivas para el clima de los planetas y así ocurre en la Tierra, especialmente en latitudes medias, como Australia Europa y América del Norte. “Las corrientes en chorro tienen un impacto enorme en la meteorología y en el clima actuando como barrera y dificultando que el aire a ambos lados de ellas intercambie propiedades como el calor, la humedad y el carbono”, ha dicho Constantinou. En la Tierra, estas corrientes tienen formas irregulares, pero en Júpiter son rectas, lo que hace que el planeta presente franjas de distintos colores. ¿Por qué esta diferencia? De nuevo, hay que recurrir a la naturaleza gaseosa del planeta. Al contrario de lo que ocurre con la Tierra, Júpiter no tiene montañas ni otros fenómenos geológicos que corten el paso a las corrientes en chorro -ni siquiera tiene continentes-, de modo que estas pueden seguir su curso de oeste a este sin obstáculos.

Los científicos aún no saben por qué estas corrientes “no aparecen en el interior del Sol”. Tal vez ayude a resolver este enigma la sonda solar Parker, lanzada por la NASA el pasado domingo -después de haber aplazado su despegue- desde Cabo Cañaveral y que, si tiene éxito en su misión, se convertirá en el primer objeto construido por humanos que se enfrentará las infernales condiciones de la corona, la parte más externa de la atmósfera de la estrella, pasando a unos 6,2 millones de kilómetros de su superficie.

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